Macri y los “progres”, un genuino oxímoron

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En su reciente presentación del libro “Para qué”, en compañía del exministro de Cultura Pablo Avelluto, una suerte de cooredactor de su publicación, Mauricio Macri, éste entre otros conceptos, lanzó la frase, repetida por todos los medios, de “no nos corre más ningún progre”, apuntando al actual gobierno pero-kirchnerista. Me hizo recordar cuando los militantes de La Cámpora coreaban “vamos a volver”, una consigna contra natura ya que nunca se habían ido de ningún lado, menos del gobierno que ellos mismos con CFK fabricaron.

La primera de las reflexiones es qué considera Macri como “progre”. Si hace referencia al populismo es, en cierta medida, acertada la calificación, partiendo de la premisa de que los que en los 60/70 se consideraban marxistas, luego socialistas (sin duda que más respetables, aquellos que los presentes, aunque tuvieran como meta una quimera sangrienta), hoy se autoperciben como “progresistas”, integrando una nutrida y variopinta hueste que va desde el Grupo de Puebla, el Foro de San Pablo, la concepción Woke, pasando por tolerantes con el nicaragüense Daniel Ortega, el venezolano Nicolás Maduro y hasta por la “izquierda caviar” y lo políticamente correcto y establecido, en términos de un progresismo transversal que cubre grandes espacios del oficialismo pero también de la actual principal oposición de Cambiemos.

En segundo lugar, si consideramos que a nivel global el debate se dá en términos culturales que devienen de manera obligada en políticos, pareciera que Macri tiene profundas confusiones conceptuales ya que antes de mirar a los “progres” ajenos, debería dar vuelta la cara y comprobar que en su fuerza política, como en sus aliados de Cambiemos, en términos culturales abundan en demasía.

Si partimos de que se libra una batalla cultural en todo lo que consideramos Occidente, podemos recalar en nuestro atribulado y empequeñecido país para observar que el llamado progresismo inunda los medios de comunicación, el relato único y una visión de lo establecido como “políticamente correcto”, tanto en el oficialismo como en la oposición.

Si bien los términos izquierdas y derechas, hoy más que nunca están devaluados en su contenido, hay puntos que unifican y hermanan a unos y otros. Considerando banderas del progresismo vernáculo a la Ideología de Género, la instalación del aborto, el empoderamiento de minorías como las variantes trans, los “originarios”, la paridad de género, la educación sexual integral (ESI), que no es otra cosa que el accionar de la ideología impuesta sobre la educación, la mirada tuerta y sesgada sobre la Memoria Histórica de la tragedia de los 70, por citar algunas de las definiciones que hace suya el progresismo, vemos que tanto en las filas del PRO como de Juntos por el Cambio son compartidas de plano e inclusive se enorgullecen de hacerlo.

La ideológica educación sexual integral rige hoy en la Ciudad de Buenos Aires, gobernada por la coalición que encabeza el Pro con Horacio Rodríguez Larreta, que iza la bandera del arco iris junto a la enseña nacional y del distrito en cada Día de la Diversidad, o inaugura como lo hizo antes de las elecciones pasadas de medio término la primera Casa Trans del gobierno porteño.

Vale recordar cuando a instancias de Cristina Kirchner, en un acto de prepotencia e impunidad, retiró la monumental obra escultórica de Cristóbal Colón de su emplazamiento desde 1921, como parte del relato del “genocidio”, pretendiendo borrar el legado y la realidad del mundo hispánico en América. Gobernaba la ciudad Macri, quien no dio pelea sobre el tema y fue vuelta a emplazar con la administración de Larreta en la Costanera sobre el río para que sólo la puedan disfrutar de frente, los navegantes.

En cuanto a  la Defensa del Niño por Nacer, las pañoletas verdes se reparten por mitades con las celestes, tanto en el Pro como en sus socios políticos, como se pudo ver en las dos votaciones en el Congreso, que terminó con la aprobación de la ley del aborto durante el actual gobierno.

¿Cual es la diferencia entre lo antedicho con las políticas implementadas por el ministerio de la Mujer, Diversidad y Género del gobierno nacional, nos preguntamos? Y la respuesta, es a todas luces, ninguna. A ningún dirigente opositor se le escuchó decir que, de ser gobierno, cerraría ese oneroso ministerio ideológico, algo que sí manifestó Javier Milei. Y continuamos: ¿cual es en lo discursivo la mirada sobre el pasado sangriento de los años de plomo en la Argentina? Tampoco hay diferencias, todos sujetos al relato único, salvo contadas excepciones.

Si Ricardo López Murphy, Joaquín de la Torre, Pedro Braillard, Nicolás Massot, Alvaro de Lamadrid, Pablo Tonelli y seguramente muchos más, se diferencian, los que están en posiciones gubernamentales, en los legislativos o en municipios -repetimos, con excepciones-, siguen el mismo compás de la partitura progresista instalada como discurso único en el país.

Si existen “progres” al decir de Macri, dentro de lo que califica de izquierda populista, muchos de los que se autobautizan pro-mercado comparten el mismo evangelio y no se diferencian ni están enfrentados en esa “Batalla Cultural”, al decir de Agustín Laje, que hoy se vive en todo el mundo occidental, en particular en los países más desarrollados. Lamentablemente la gestíon de Macri dejó a las claras que esta pelea no estaba en sus prioridades, más por no sentirla que por especulación política; por el contrario, bailaron al compás del minué que le impusieron los que supuestamente venían a enfrentar. Por hacer comparaciones, salvando circunstancias y escenarios, algo muy similar le sucedió a Chile con Sabastián Piñera y a España con Mariano Rajoy, que asfaltaron el camino para que retornaran los populismos, autoritarios y poco democráticos, que descreen de la alternancia de poder y de la división de poderes, algo sustancial en un modelo republicano.

Más que preocuparse Macri de los “progres” que no quiere que lo corran, mirando a sus costados podría observar que hay propios que también lo corren a la par. Un genuino oxímoron en la concepción relativista que caracterizó a su pasada administración.

Si consideramos que el hoy llamado progresismo es al progreso como el carterista a la cartera, el escenario que se nos presenta entre oficialismo y primera oposición -¿futuro oficialismo?-, es desalentador por donde uno lo quiera mirar.

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