La seguridad en el Buenos Aires colonial (1820-1840)

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Quienes por distintas razones se han sentado ante una página en blanco, saben lo que significa comenzar a llenarla, cualquiera sea el tema que se trate. A medida que pasa el tiempo el oficio va librando de ese temor reverencial al qué decir. Los periodistas son, seguramente, los que más lo deben padecer a la hora de dar la noticia, resumir en apretada síntesis y analizar las circunstancias con rapidez por lo efímero de la novedad.

ROBERTO L. ELISSALDE[1]

Debemos imaginar lo que sucede cuando un joven estudiante de Historia debe preparar una monografía, ensayo o documento, con la lógica inexperiencia por la que todos hemos pasado. Algo así debió sucederle, a pesar de tener por entonces ya algo de oficio, a Ignacio F. Bracht cuando escribió su trabajo sobre el tema que da título a este artículo.

Hace casi tres décadas el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, presidido por el brigadier Carlos French, tuvo la feliz iniciativa (que nunca falta) y los recursos económicos (que a veces sí) de crear la colección “Estrella Federal”, dirigida por Fermín Chávez. En esa colección, en 1994, vio la luz el trabajo de Bracht con el título “La seguridad en el Buenos Aires criollo”.

Desde entonces el autor ha desarrollado una tarea de investigación que se ha plasmado en distintos libros e innumerables artículos sobre temas históricos y de opinión, además de dedicarse en el ámbito público y privado a temas de Relaciones Públicas y Comunicación. Todo eso le valió, además del reconocimiento de la prensa y los lectores, integrar instituciones académicas y culturales, algunas de larga data y todas de reconocido prestigio.

De aquel trabajo inicial debieron quedarle en algunas carpetas unos cuantos apuntes que no vieron la luz. Y el libro quedó de algún modo perdido en las bibliotecas públicas y de estudiosos especializados, ya que la edición tenía ese fin. Fue ahí cuando Julio Villalonga, director de esta Gaceta; Jorge Zenaruza y Oscar A. De Masi, cada uno por su lado, lo alentaron a corregir y aumentar aquel volumen y darle difusión para el público interesado en las librerías; a lo que debemos agregar el interés que despierta el tema de la seguridad (Dicho sea de paso, dbieran leerlo las autoridades encargadas de mantenerla en nuestra ciudad y en el país ya que hasta hay códigos de buena convivencia olvidados).

Quien ha tenido que rehacer un trabajo sabe cuánto cuesta y Bracht emprendió la tarea de revisar y ampliar nuevamente ese libro, que no ha perdido su estructura original pero que se ha llenado con nuevos documentos, comentarios, reflexiones y modernos estudios, para lo que la solvencia del autor ha sido fundamental. Pero queremos destacar algo que solo algunos colegas sabemos, y que deben conocer los lectores: cuánto trabajo y esfuerzo cuesta recorrer nuevamente un camino ya transitado sin abandonar aquella huella.

En tres capítulos el autor desarrolla la institución policial, los encargados del orden público, y el delito y su represión. Como conclusión el autor reconoce que esas dos décadas “fueron años propicios para las reformas y cambios en el orden institucional, que cimentaron algunas de las bases heredadas, y marcaron los rumbos para la posterior organización del país”. Pensemos, como lo pone muy en claro, que la policía contó en su organización con dos figuras relevantes y a la vez tan opuestas como Bernardino Rivadavia y Juan Manuel de Rosas. Tmbién otras de destacada actuación desde los días iniciales de la Revolución de Mayo como Eustaquio Díaz Vélez, Miguel de Irigoyen, Gregorio Ignacio Perdriel, Bernardo Victorica, Juan Andrés Gelly, Elías Galván, Félix de Olazábal y Lucio Norberto Mansilla, entre otros, donde no faltan guerreros de la independencia o gente del interior como el correntino Galván o el mismo Gelly, nacido en Asunción del Paraguay y fundador de la estirpe en el Río de la Plata.

Menciona las faltas, muchas veces publicadas en los periódicos de la época, de las que hace una selección: multas por violar los horarios de cierre de pulperías, juegos prohibidos, galopar en las calles y comprar objetos robados; además de por peleas y heridas, robos, homicidios e insultos, que llevan los cuatro primeros lugares en ese orden, más casos de bigamia, rapto de mujeres, deudas, falsificaciones, ebrios y vagos, todo lo cual, matizado con crónicas de viajeros o testimonios de la época, sirven para recrear histórica y casi novelescamente esas dos décadas de nuestra historia primigenia, cuyo bicentenario en algunos casos se ha cumplido y pasado en silencio y en adelante debemos recordar.

El prólogo de De Masi, la cuidada edición de Maizal Ediciones y la ilustración de la tapa y las viñetas obra del reconocido artista Eleodoro Marenco, no hacen más que destacar la calidad del libro que recomendamos. Y finalmente, un comentario casi personal: el día de la presentación del libro, esta semana, Bracht citó a quien fuera el acicate y la directora de aquel trabajo inicial la Lic. Susana R. Frías, (que había trabajado con el doctor Abelardo Levaggi el tema desde 1810 hasta 1830 en una colección dirigida por César García Belsunce), lo que revela además que los maestros que saben sembrar tienen el reconocimiento y la gratitud de sus discípulos a través de los años. 

Sólo queda de nuestra parte, ahora que está liberado de esta tarea, conminarlo para que pronto tengamos la biografía del “Barón de Holmberg y su tiempo”, que sin duda habrá de poner en valor la figura del gran artillero científico, el primero que siendo extranjero sirvió a nuestra Patria.


El autor es historiador y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación, entre otras instituciones

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