Lula y su tercera vuelta al futuro brasileño

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Por Ramiro Barreiro

RÍO DE JANEIRO (Sputnik).— Una cosa es siempre segura en la saga de películas ‘Volver al futuro’: adonde quiera que vayan el ‘doc’ Emmet Brown y la ‘gallina’ Marty McFly se toparan con su villano: el inefable Biff, en cualquiera de sus facetas.

Más cercano al científico de la historia que al muchacho en apuros, el septuagenario dirigente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, está pronto a protagonizar su tercer envío como presidente de Brasil, cárcel mediante.

Quien fuera mandatario en el período 1° de enero de 2003 y el 31 de diciembre de 2010, enfrentó un período de prisión de más de 500 días por sentencia en el caso de corrupción “Lava Jato” y volvió con toda la gloria en las elecciones de octubre pasado con más de 60 millones de votos, se enfrentará nuevamente con los mismos enemigos: el hambre, el crecimiento económico y un congreso en contra.

El hambre es un fenómeno acuciante, aun en Brasil que alimenta a casi el 10 por ciento de los habitantes del mundo, o sea, unas 800 millones de personas. El problema se agudizó durante la pandemia de covid-19, cuando se multiplicó por tres la población en situación de calle.

Un informe sobre Inseguridad Alimentaria en el Contexto de la Pandemia en Brasil, publicado por la Red Brasileña de Investigación en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Penssan), arrojó que el hambre afecta a 33 millones de personas.

El Gobierno saliente de Jair Bolsonaro adelantó la partida del programa Auxilio Brasil justo antes de la segunda vuelta, como recurso electoral que aplicó un parche que parecía terminar de despegarse el 1° de enero, cuando asuma el nuevo Gobierno, aunque no será así. Este programa aporta 600 reales (116 dólares) a las familias necesitadas.

Es un problema viejo y conocido para Lula, quien sucedió a Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y heredó 13 millones de personas en la indigencia, y un total de 40 millones si se suman los pobres que debían destinar parte de sus escasos recursos para satisfacer otras necesidades básicas, según datos del Foro Brasileño de Seguridad Alimentaria.

“Nuestro compromiso más urgente es volver a acabar con el hambre. No podemos aceptar como normal que millones de hombres, mujeres y niños en este país no tengan qué comer, o que consuman menos calorías y proteínas de las necesarias”, asumió en su discurso de victoria.

Nada distante del que profirió en octubre de 2002: “Precisamos garantizar que cada hombre y mujer, por más pobre que sea, tenga derecho de desayunar, almorzar y cenar todos los días”.

El crecimiento económico con menor gasto fiscal será otro de los objetivos que intentará conseguir Lula. Un problema similar al que enfrentó en sus anteriores gestiones.

Es que, tras llegar a un pico en 1997 de 883.000 millones de dólares, el Producto Interno Bruto nominal a precios corrientes se había desplomado hasta los 510.000 millones en 2002. Hoy orilla los 487.000 millones de dólares, según datos del segundo trimestre de 2022.

Durante los anteriores Gobiernos de Lula, el PIB nominal a precios corrientes trepó de 510.000 millones en 2002 a 2.210.000 millones en 2010, de acuerdo con datos del Banco Mundial.

Cómo Henrique Cardoso, Bolsonaro logró contener la inflación, pero, también como otrora, el desempleo, la pobreza y la desigualdad están en auge.

Más política para contener la crisis. “Somos conscientes de la gravedad de la crisis económica. Para resolverla, el PT está dispuesto a negociar con todos los segmentos de la sociedad y con el gobierno”, dijo Lula en 2002.

“No importa a qué partido pertenezcan el gobernador y el alcalde. Nuestro compromiso siempre será mejorar la vida de la población de cada estado, de cada municipio de este país“, coincide 20 años más tarde.

El tono conciliador no quedó solo en las palabras sino que la confección del gabinete de ministros otorga un importante número de plazas para partidos de oposición. Apenas siete de los 21 cargos anunciados hasta ahora pertenecen al Partido de los Trabajadores (PT), el lema que consagró a Lula, junto a otros 14 que le apoyaron.

Fernando Hadad en Hacienda, Rui Costa en la Casa Civil, Alexandre Padilha en la secretaría de Relaciones Institucionales (ex secretaría de Gobierno), Márcio Macedo, tesorero de la campaña del PT, en la Secretaría General de la Presidencia, Wellington Dias, en el Ministerio de de Desarrollo Social, serán algunos petistas que acompañarán a Lula.

Esta última cartera es determinante por ser responsable del programa Bolsa Familia, que tiene como objetivo apoyar a familias en situación de pobreza o extrema pobreza y garantizar el acceso a servicios de educación y salud.

Se creía que sería la diputada del MSB, y rival de Lula en las elecciones generales, Simone Tebet, sería quien ocupara ese cargo, pero el exmetalúrgico decidió colocar a alguien de mayor confianza.

El apoyo a su compañero de fórmula, el médico del Partido Socialista Brasileño, Gerardo Alckim, recibió también una cartera muy importante de las 37 que tomarán posesión el próximo 1 de enero: la de Industria y Comercio.

La ampliación de ministerios, de 23 a 37, pondrá cara a cara al Ejecutivo con un Congreso en el que Lula tendrá minoría. No obstante esa relación parece haber comenzado bien, incluso antes de la investidura.

En las últimas horas, el parlamento sancionó una enmienda que habilita fondos bianuales de 28.000 millones de dólares para que esos 600 reales que reciben los desahuciados se transformen en permanentes, y que, por fin, el viejo doctor devenido en muchacho de la película logre viajar a un futuro que no se parezca tanto al pasado.

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