Domingo F. Sarmiento en un cuadro irreal de Franklin Rawson

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Alguna vez nos referimos en otro medio al cuadro “La Revista de Rancagua”, del chileno Pedro Subercaseaux, que recrea un episodio que en realidad no ocurrió. La obra de Franklin Rawson titulada “Salvamento en la Cordillera” (1855) recrea una escena sucedida en 1841 después de la acción de Rodeo del Medio, pero este lienzo -como en el caso de Rancagua- no tiene fidelidad histórica.

El 24 de septiembre de 1841 se encontraron en ese lugar de Mendoza el Ejército federal comandado por el general Ángel Pacheco con el unitario que llideraba otro valiente guerrero de la independencia, el general Gregorio Aráoz de Lamadrid. Las luchas civiles enfrentaban a estos bravos que llevaban en su pecho no pocas condecoraciones de otros tiempos en los cuáles, en distintos escenarios, los unía la bandera del país.

La superioridad de las tropas federales, con unos 3.000 efectivos, buena caballada y suficientes municiones, ante los 1.600 hombres de Lamadrid, le dieron el triunfo a Pacheco. Resultó muy sangrienta aquella contienda, con cientos de muertos en cada fuerza, y fue seguida de una persecución comandada por José Félix Aldao (a) “el fraile”, lo que provocó otro número no menor de víctimas fatales.

Los vencidos cruzaron la Cordillera de los Andes mucho antes que el deshielo permitiera un cruce seguro y, en medio del ascenso, un temporal de nieve y viento como pocas veces se había visto, causó aún más muertes. Se encontraban en ese grupo Aráoz de Lamadrid, Crisóstomo Álvarez, Ángel Vicente Peñaloza, el cirujano del Ejército Mateo Molina, los Castex, Villafañe, etc.

La marcha de los dispersos se inició con la ascensión desde Uspallata en la madrugada del 26, divididos en tres grupos. Lamadrid iba con 20 hombres. El 29 a la medianoche comenzó la fuerte tormenta y en el refugio de las Cuevas encontraron donde guarecerse. Algunos, continuaron después tan penoso camino, aunque con las consecuencias propias de las bajas temperaturas en el organismo.

Sarmiento recogió de boca de los prófugos que fueron llegando a Santiago de Chile la realidad del suceso, jamás concurrió al lugar pero organizó el auxilio de ropa y víveres para los sobrevivientes, que llegaron a Ojo de Agua. El cuadro evoca el horror y, como dijo Sarmiento, “haciendo que yo ponga a disposición del general Lamadrid, en presencia del valiente coronel Álvarez, canastos de pan que conducen peones chilenos”. La imaginación del artista pone al expresidente cubierto con un poncho rojo y de galera, asistiendo a los prófugos.

La obra de 1855 fue expuesta al año siguiente en Paraná, fue propiedad del doctor Jacinto Aráuz y luego pasó a manos de la familia Lanús. Finalmente, la señorita Delia Lanús la donó al Estado y hoy se encuentra en el museo Franklin Rawson de la ciudad de San Juan.

Vale grandemente el valor artístico de la obra pero es una más en la que no prevalece la verdad histórica.

* El autor es historiador y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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