A la derecha de Viktor Orbán no está solo la pared

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Por Kinga Korani

Tusványos: la cuna de la provocación

El discurso anual del primer ministro húngaro en la Universidad Libre de Verano rumana de Băile Tușnad (Tusványos en húngaro) no es nuevo en los titulares internacionales. En su discurso de 2014, Viktor Orbán anunció que su gobierno estaba construyendo un «estado iliberal».

Desde entonces, Tusványos se ha convertido en una institución para el discurso anual de Orbán sobre el estado de la nación. Los temas suelen ser el papel de Hungría en la defensa de la «Europa cristiana», la «crisis de los migrantes» y la intromisión de Bruselas y George Soros en los asuntos internos húngaros. Băile Tușnad, situada en Szeklerland, Rumania, húngara étnica en su mayoría y partidaria de Fidesz, tiene importancia para la política irredentista de Orbán.

El discurso de este año, que incluyó la declaración «[los húngaros] no quieren convertirse en un pueblo de raza mestiza», superó todas las expectativas de provocación. Zsuzsa Hegedüs, una de las principales asesoras políticas de Orbán, presentó su renuncia con efecto inmediato. Comparó el discurso del primer ministro con un «discurso nazi».

Pero en comparación con años anteriores, el nivel hasta ahora desconocido de retórica racista fue, curiosamente, acompañado de una falta de fijación de la agenda. Hubo pocas previsiones políticas concretas o menciones a la economía húngara. De hecho, los observadores húngaros comentaron que la teoría racial históricamente inexacta de Orbán sobre la cuenca de los Cárpatos fue un intento de hacer más memorable este discurso de Băile Tușnad.

Hungría está inmersa en tensas negociaciones con la Unión Europea para desbloquear 5.800 millones de euros de los fondos de recuperación del Covid-19. Estos están vinculados a la condición de existencia de un «Estado de derecho» que el gobierno de Fidesz no ha cumplido. En este contexto, el momento del discurso de Orbán es desconcertante.

¿Por qué incitaría el primer ministro húngaro a la condena internacional precisamente cuando su gobierno debe solicitar la confianza de Bruselas para asegurar una financiación vital que lo ayude a mitigar el desmoronamiento económico?

Crisis económica en ciernes

Desde la invasión rusa de Ucrania, el florín húngaro se ha desplomado un 10% frente al euro. Como respuesta, el gobierno aprobó un proyecto de ley para recortar el impuesto sobre la renta de las personas físicas, un régimen fiscal favorable para los empresarios y las pequeñas empresas. Unas 450.000 personas (20% de la población) se verán afectadas por este proyecto de ley, bien porque no podrán acogerse a este tipo de impuesto a partir del 1 de septiembre, bien porque aumentarán los umbrales de imposición.

El nuevo proyecto de ley fue recibido con una serie de protestas en todo el país, algo inusual en Hungría. La policía de Budapest ha detenido a numerosos manifestantes e incluso ha utilizado pistolas eléctricas para disuadir las manifestaciones diarias, pero no ha tenido éxito.

La otra respuesta de Fidesz a la inminente crisis económica de Hungría ha sido igualmente impopular. El mantenimiento de los topes gubernamentales a la electricidad y el gas en los hogares fue una de las principales piedras angulares de la campaña de reelección de Orbán en 2022. Y en su primera conferencia de prensa tras las elecciones, Orbán afirmó su compromiso con los topes de los servicios públicos. Sin embargo, a pesar de las promesas, el gobierno ha anunciado que planea romper su promesa sobre estos subsidios. Esto obligará a los hogares a pagar el valor de mercado de los servicios públicos desde este mes de agosto: aproximadamente 6,5 veces más por la electricidad y 9 veces más por el gas.

Los nuevos precios de los servicios públicos variarán según el tamaño de la familia y el tipo de edificio, pero afectarán a millones de húngaros. El impacto en Fidesz ya se está notando. De junio a julio, la popularidad del partido cayó 12%. A finales de año, el partido podría perder el apoyo de cientos de miles de votantes.

Amenazas por derecha

Fidesz entiende que la crisis económica puede hacer caer la popularidad del gobierno. En 2010, el partido ganó después de que los húngaros se desilusionaran con la gestión de la crisis financiera por parte del gobierno de centroizquierda. Ahora, la situación podría cambiar también para el Fidesz, pero el partido de Orbán no teme a la fragmentada coalición opositora mayoritariamente progresista. La verdadera amenaza surge de la derecha radical.

En las elecciones de 2014 y 2018, Jobbik (Movimiento para una Hungría Mejor) obtuvo aproximadamente 20% de los votos. Pero después, Jobbik operó una realineación programática, emergiendo como un partido de centroderecha y unió fuerzas con la coalición de centroizquierda. Como resultado de ese giro y de esa alianza, Jobbik solo pudo conseguir nueve representantes en el Parlamento, frente a los 26 que había logrado en 2018.

No obstante, el apoyo ideológico generalizado a los partidos de derecha radical sigue existiendo en Hungría. El vacío dejado por el reajuste de Jobbik ha sido llenado por Mi Hazánk Mozgalom (Movimiento Nuestra Patria). El partido, a menudo descrito como neonazi, introduce en la política húngara una retórica de derecha aún más extrema que durante el apogeo de Jobbik.

El reciente comentario de Orbán contra el «mestizaje» será bien recibido por los partidarios de ese movimiento, lo que revela una estrategia más amplia en juego. Esta estrategia puede tener sus ventajas para Orban, pero el antiguo líder de Jobbik, Gábor Vona, señaló que «para Fidesz, 5-10% de apoyo al Movimiento Nuestra Patria constituye una ventaja, pero si en esta época de crisis socioeconómica ese apoyo ascendiera al 15-20%, sería inaceptable».

La estrategia en su contexto

La absorción de votantes de la derecha no es una estrategia nueva para Fidesz. Tras el reajuste de Jobbik, Fidesz ganó votantes desilusionados de Jobbik más cercanos ideológicamente a ellos que a la coalición de centroizquierda. La perspectiva de perder parte de la base de votantes de su propio partido podría haber inspirado a Orbán a apelar a puntos de vista aún más radicales de la derecha en Băile Tușnad. Además, Orbán puede adelantarse a que el Movimiento Nuestra Patria tome el control de una narrativa de crisis que inevitablemente surgirá en los próximos meses.

En su comparecencia en Viena el jueves 27 de julio, Orbán intentó suavizar las réplicas a su discurso de Băile Tușnad. Explicó que «no se trata de una cuestión racial, sino cultural. De vez en cuando, tiendo a utilizar palabras que pueden ser malinterpretadas».

Claramente, la provocación en Băile Tușnad fue una distracción del catastrófico panorama económico de Hungría y una toma de poder en el terreno del Movimiento Nuestra Patria. Además de condenar el discurso de Orbán, debemos situarlo en el contexto más amplio de la política partidista húngara. En realidad, Viktor Orbán podría temer por su permanencia en el poder.

La autora es licenciada en Historia y Ciencias Políticas de la Universidad McGill y magíster en Estudios Europeos de la Universidad de Ámsterdam, y experta en política húngara. Este artículo fue publicado originalmente en The Loop. Puede leerse el contenido original aquí. Traducción: Mariano Schuster.

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