María Lanese: “La poesía para mí es un enigma”

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Por Valeria Sol Groisman

María Lanese (Italia, 1945) emigró a la Argentina en 1949 y se instaló con su familia en Rosario, donde aún reside. Antes que poeta, fue psicoanalista. Su mirada profunda, analítica, sobre las personas y su subjetividad aparece en sus textos que oscilan entre la acción y lo descriptivo.

Lanese conjuga su perfil de escritora con el de gestora cultural y cantante. Su voz, ya sea en el papel o en el aire, trasciende las fronteras de la lengua. De una lengua. Porque sus escritos suelen aunar la palabra materna con la adquirida: el español  y el italiano se fusionan como si fueran parte de un mismo fluir.

Además de al italiano, su obra fue traducida al alemán  y al serbio. En 2021 recibió el Premio a la Excelencia Literaria Raúl Aceves en la Feria del Libro de Guadalajara, México. Conversaciones sagradas es su último poemario, traducido al italiano por Antonio Pinto.

VG: ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Podés identificar algún episodio que haya detonado tu escritura?

ML: ¡Claro! Es una historia literalmente increíble, por suerte hay testigos que pueden dar fe. Tengo un amigo, alemán, que conocí hace muchos años, Tobías Burghardt. Él y su mujer Jona son poetas, traductores de poesía de (Juan) Gelman, (Roberto) Juarroz, Olga Orozco y otros muchos. Cuando Hugo Diz estaba en la coordinación del Festival Internacional de Poesía de Rosario, yo lo había puesto en contacto con ellos para convocar a escritores, sobre todo de la Europa del Este, que aquí desconocíamos absolutamente. En 2003 o 2004, no recuerdo exactamente, me dice Tobías: María, me gustaría mucho que invitaran a un gran poeta serbio que vive en una condición muy particular, cuyo mayor deseo es conocer Rosario, la ciudad donde nació el Che. Él vive con tratamiento de diálisis, necesitaría que alguien se comprometa a que pueda continuar su tratamiento. Yo trabajaba como Coordinadora de gestión en la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario, hablé con la gente de Salud Pública y allí me dijeron: Invítenlo, él va a tener su tratamiento. Asumí el compromiso y lo invitamos. Zlatko Krasni vino con Slavitza,  su mujer. Hablaba alemán, serbio, obviamente, inglés y un poquitito de italiano. Yo no hablo una palabra de inglés, alemán ni por casualidad, y serbio menos. Entonces cada vez que nos encontrábamos, él, su mujer y yo, tratábamos de entendernos a través de una poeta amiga, muy buena poeta, Ada Torres, que habla bien inglés y estaba siempre con nosotros. Y yo… buon giorno… buona será… y te la voy a hacer corta: se vuelven a Serbia. Al tiempo llegan dos invitaciones para asistir a un encuentro de escritores en su país: una para Ada y otra para mí, además de un pedido: que yo enviara mis poemas. Y yo le digo a Ada: Aclarale a Zlatko que yo no escribo, yo canto… que escribí algunas cosas por decepciones amorosas, tengo un cuadernito -le digo-  pero no más que eso. Esa fue la respuesta, y a pesar de eso, Zlatko siguió insistiendo. Yo escuché esa insistencia, y agarré mi cuadernito, empecé a mirar lo que tenía apuntado, escribí cosas nuevas y armé un libro en unos meses. Le digo a Ada: Bueno, mirá, este es el libro. Mandalo así se convence de que yo no escribo. Entonces lo manda. Decile que yo canto,  pero… ¡quién me va a acompañar a mí en Serbia con mi repertorio! Lo manda, y a los veinte días, un mes, vuelven a mi dirección de correo unos diez, doce poemas de ese libro traducidos al serbio por la que hasta hoy es mi querida amiga Silvia Monros. Esperamos a María en el próximo encuentro, decía. Y ahí fui yo, no había tiempo de editar el libro, así que marché con unos veinticinco cuadernillos armados con fotocopias, canté a capela y me estrené de poeta en una callecita empedrada de Belgrado. Y desde ese momento no paré hasta el día de hoy.

Hace unos años que Zlatko ya no está entre nosotros, y esta historia, hace unas semanas tuvo otro toque de gracia. Fui convocada como una de las curadoras del 30 aniversario del Festival de Poesía de Rosario, y en esta oportunidad invitamos a Jan Krasni, hijo de Zlatko, que también es un gran poeta joven. Y otra ofrenda de esto a lo que yo llamo azar venturoso: Tobías y Jona están en Buenos Aires y asistirán a la presentación de “Conversaciones sagradas”, mi último libro, en coautoría con Antonio Pinto.

VG: Trabajaste como psicóloga durante muchos años. ¿Hay algo de tu profesión que influya en tu manera de escribir?

ML: Si bien ya no ejerzo el psicoanálisis desde hace tiempo, lo hice durante muchos años y sigo vinculada a mis maestros. Aunque no me dedico a la práctica clínica, no abandoné mis lecturas ni mi práctica teórica. No tengo dudas de que esta experiencia influye en mi manera de escribir, tanto como la experiencia del canto, y hasta te diría la de mis largos años en la gestión pública de cultura. El canto me fue llevando a la poesía, la poesía me abrió al mundo, sigue abriendo para mí un mundo que me acerca a la verdad y a la belleza.

VG: ¿Qué es para vos la poesía?

ML: Un enigma, la poesía para mí es un enigma, del mismo modo que lo son el amor y la belleza. Esa clase de enigmas que nos inducen a entregar a otros lo mejor de nosotros.

VG: Tus libros son bilingües. Tu lengua materna está siempre presente. ¿Hay un porqué?

ML: Es lo que me atraviesa, emerge, y me lo anuncia la escritura. Es en la escritura donde fluyen esos sonidos de mi lengua materna, es en el silencio y el encuentro con el poema, en la larga e intensa meditación que es la gestación del poema donde resuenan no solo, pero también, aquellas voces de la infancia. En mi obra, mi historia con la lengua se manifiesta más concretamente cuando iba gestando el tercer libro: Ancora (Aún, en español). Me venían, como nunca antes, pensamientos en italiano. Leo en italiano y puedo conversar, pero escribir es otra historia. De todos modos, a sabiendas de que mis versiones en italiano eran pésimas, hice el ejercicio de escribir el libro en las dos lenguas. A la hora de publicar, varios queridos amigos revisaron mis horrores y final y felizmente apareció en el horizonte Antonio Pinto. Él es italiano, vive en un una ciudad barroca de intensa belleza, Lecce. En su juventud vivió en Buenos Aires unos cuantos años. Antonio fue el último en revisar Ancora y desde entonces versiona todos los libros que voy publicando al italiano. Es también mi amigo entrañable. De esa amistad y ese trabajo resulta el libro que ahora sale por Diotima Ediciones, que se presentó para nosotros como una fascinante experiencia de escritura: Conversaciones sagradas.

VG: ¿Notás diferencias en el ritmo, la musicalidad, de un idioma y otro?

ML: Siento atracción y fascinación desde siempre por los sonidos, los acentos, el ritmo de otras lenguas, sobre todo las que me resultan más extrañas, pero en particular por los dialectos o las lenguas de comunidades campesinas, más todavía por esos cantos íntimos y solitarios en que la voz se entrega estremecida. Y es por la voz, no por la palabra, que entendemos el llamado, ese llamado que expresa el deseo de comunión y compañía. Al igual que en el canto, lo que recibimos del poema está íntimamente ligado a los sonidos, la rítmica, la melodía, los acentos, los silencios de cada lengua en particular, y esa singularidad, produce efectos distintos en nuestro cuerpo cuando recibe el poema, no solo cuando lo entrega el poeta con su propia voz, sino en nuestra lectura, que si bien requiere de silencio, no es silenciosa. En la lectura y en silencio escuchamos la voz del poema como un susurro. Vengo pensando que escribir poemas es eso: dejarse atravesar por voces múltiples, las que fueron componiendo nuestro dialecto personal, nuestra voz irrepetible.

VG: ¿Qué tipo de lectora sos? ¿Qué te gusta leer?

ML: Soy una lectora persistente, pero desprolija. Leo y escucho poesía desde muy joven, pero a esta altura de mi vida y mis años, lo que no me conmueve o al menos me complace, es decir, lo que no me resulte placentero en las tres primeras páginas, lo dejo a un lado, en muchos casos para siempre, por más que se trate de un o una consagrada, y otras, cuando algo resuena, lo reservo para otro momento. Siempre con desprolijidad leo también ensayos y novelas, vuelvo a veces a los clásicos y así… Mi mayor placer lo encontré siempre, y lo encuentro, en la lectura.

VG: ¿Cómo es tu proceso de escritura?

ML: Te respondo citándome a mí misma, con lo que escribí hace unos años para “El infinito viajar”, la revista de Selva Dipascuale: “Lo que me ha llevado y me lleva a escribir es siempre algún impulso intenso, difuso y confuso, del cual no podría dar razón. No se presenta con regularidad y tampoco podría provocar voluntariamente ese estado, pero cuando adviene se mantiene desde el comienzo hasta el final del proceso de andamiaje de lo que se convertirá en cada uno de los casos en un libro”. Cada libro se va componiendo con una lógica propia, y creo que diferente, que voy descubriendo mientras me ocupa. Cada uno también se compone de diversos modos, con tiempos distintos, algunos en meses, otros descansaron años hasta darse por concluidos. Es durante la construcción del “andamiaje” cuando tengo la percepción de mi cuerpo en estado de alerta, en procura de las palabras que contengan los sonidos que el poema requiere, es el estado de mayor placer y de inquietante y gozoso desasosiego. Un poema que forma parte de una sección del libro Ancora que precisamente titulé “Corpo” puede dar cuenta mejor que yo de ese estado:

Cielo abierto

Encuentro con la luna

                 en el inicio de su viaje hacia la noche.

                         Instante derramándose.

Universo encandilado

ascendiendo en la pupila fija

que atraviesa.

La luz cabalga

           en el zumbido de la flecha

¿El cuerpo está en el aire?

                Es el aire

                        encontrando

                                  su forma.

Y una cita prodigiosa  de Tusidides que se me hace presente a la hora de escribir: “Nos ponemos a escribir no porque sepamos sino para saber.” Concibo el libro como una composición, no solo sonora, sino visual, de acuerdo con lo que la voz del poema haga resonar y dibuje en la hoja en blanco. Es también el poema el que me dice: Basta, cuando no tiene más nada que decir. Cuando es el libroel que me dice: Basta, lo dejo ir, ya no es más mío.

VG: ¿Estás trabajando en algo nuevo?

ML: Tengo dos libros inéditos, uno que compusimos hace años con Adolfo Nigro, se llama Nigro veneziano y contiene sus collages dedicados a Venecia. Este sigue en busca de editor, y otro que concluí el año pasado, Claros. Este último marchó para que yo participara por primera vez en un concurso. Como no gané, quizás siga itinerando por otros concursos… no sé. Mientras, espero en calma que venga algún impulso.

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