Manes quiere ser Alfonsín, pero Macri no es Cristina

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Por Fernando González (Infobae)

Las obsesiones no nacen de un día para otro. Hace cinco años, durante una larga noche de diciembre de 2016, un grupo de dirigentes del PRO y algunos empresarios amigos, se reunieron en el departamento de alguien que hoy es legislador para ofrecerle la candidatura a diputado de Juntos por el Cambio a Facundo Manes. Era el neurocientífico más convocante de la Argentina. A la entrega de premios de su fundación iban los ministros del Gobierno y los opositores. Radicales y peronistas. Iban empresarios y jueces de la Corte Suprema. Iba Susana Giménez y también Mirtha Legrand. Sus libros sobre el cerebro se vendían como pan caliente, llenaba los teatros de todo el país con sus charlas y rompía el rating en los canales de televisión. ¿Cómo no iban a ofrecerle un espacio para lanzarse a la política?

María Eugenia Vidal lo quería en la lista de candidatos a diputados bonaerenses y Mauricio Macri había dado el visto bueno, sobre todo porque no lo conocía. A Manes no lo había convencido que le ofrecieran el segundo lugar en la lista, detrás de Graciela Ocaña, el derecho de piso que le querían hacer pagar los profesionales del poder. Pero ese no fue el problema de fondo. Aquella noche de verano, el hombre del cerebro argentino pidió tres condiciones para aceptar la oferta. Tener carta abierta para criticar la política educativa, la política sanitaria y la política científica del macrismo. “Yo no quiero ser una oveja de Durán Barba”, les gritó Facundo a sus anfitriones.

Porque la cosa terminó a los gritos y cuando ya había pasado larga la madrugada. Manes quería hacer campaña con un discurso prácticamente opositor. Y planteó sus condiciones en términos de aceptación o ruptura. Y fue ruptura nomás.

El científico estrella se olvidó de la política por cuatro años, hasta que la UCR lo tanteó para enfrentar al PRO en las PASO de 2021 y terminar como tercer candidato a diputado después de perder las internas frente a Diego Santilli. El millón doscientos mil votos que obtuvo le sirvió empezar a hablar rápido de candidatura presidencial. Y en eso estaba cuando volvió a tropezarse con Macri. Cada tanto le tiraba un misil. Pero el del fin de semana pasado atravesó todas las trincheras de la concordia. Manes fue al programa de Luis Majul y dijo que Cristina y Mauricio eran lo mismo. “Espiaba a los dirigentes de su partido; hace populismo institucional”, improvisó el científico, y estalló la tempestad.

La declaración corrió como un reguero de pólvora en las redes sociales, donde el macrismo tiene cientos de militantes con nombre y apellido, y otros tantos más provocadores que se esconden en cuentas sin identificación. Una tendencia de estos tiempos digitales que hoy no escapa a casi ningún dirigente importante. Manes padeció en la batalla tuitera y generó un torbellino que impulsó a que Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Vidal y la mayoría de los ex funcionarios del gobierno anterior salieran en defensa del hombre que fundó el PRO.

Macri se enteró de las palabras de Manes en España, donde participaba del Foro de la Toja, un evento de debates políticos impulsado por el liberalismo español al que no faltan, sin embargo, ni el Rey Felipe VI ni socialistas como Felipe González o el propio presidente Pedro Sánchez. Hasta ahora prefirió dejar las respuestas más contundentes en manos de otros dirigentes y concentrarse en la presentación de su segundo libro (“Para qué”), que lanzará el 18 de octubre y que es una continuación de aquel “Primer Tiempo” que fue un éxito de ventas en 2019.

Ya se sabe que Macri juega al misterio con su futuro político y que, mientras alienta los movimientos electorales de Rodríguez Larreta, de Bullrich y de Vidal, deja correr las especulaciones sobre si volverá o no a ser candidato. “Ningún político escribe un libro para que lo lean, sino para lanzarse a alguna campaña”, es una de las frases más repetidas en la política. Bien. El ex presidente ya escribió, y publicó, dos libros en estos tres años.

Quienes conocen a Manes, aseguran que el diputado no tiene en alta estima los méritos intelectuales de Macri. Pero si la variable para medir esos valores es la cantidad de libros vendidos, los dos (el neurocientífico y el ex presidente) compiten con muy buenas cifras en el mercado editorial. Uno escribe sobre el cerebro y el otro sobre su paso por el poder. Pero ambos tienen lectores fieles que los siguen en las páginas de papel y en las electrónicas.

A Manes no lo sorprendió la enjundia del PRO para criticarlo. Pero en cambio no esperaba que la sensibilidad de la UCR terminara expresada en un documento partidario. Que el jujeño Gerardo Morales sea el presidente de los radicales contribuyó a que la controversia en la que se metió sea aprovechada por el gobernador, su rival partidario más directo en una eventual competencia por la candidatura presidencial el año próximo.

“Ha sido un exceso de Facundo, no lo comparto”, fue la primera declaración que Morales hizo cuando habló en CNN Radio con María Laura Santillán. Y al minuto siguiente ya estaba diciendo que él estaba preparado para competir con Macri o con Larreta por la candidatura presidencial de Juntos por el Cambio. Manes contó sin embargo con el respaldo de los radicales bonaerenses, que lo avalaron públicamente aunque deslizan algunas reservas cuando opinan en privado. “Viste como es Facundo”, se resignan.

Las declaraciones de Manes reavivaron la interna en JxC

En busca del voto desencantado

Es interesante poner el foco sobre el objetivo de Manes al salir tan duramente a atacarlo a Macri. Para los dirigentes más importantes de la coalición opositora, incluyendo a radicales como Morales, Martín Lousteau o Martín Tetaz, poner al ex presidente en el mismo nivel de populismo que Cristina Kirchner fue un error de principiante en la política. “Ataca al principal valor que defienden nuestros votantes que es la unidad”, explica un referente de la UCR que valora el aporte de Manes al partido.

La evaluación que hacen en el equipo de Manes es bien diferente. “Facundo está conforme y está satisfecho con la centralidad que logró”, explican. Para ellos no se trata de consolidar un perfil ideológico, sino de contrastar una cuestión de actitud. Resaltan especialmente el hecho de que ningún otro dirigente opositor (salvo Morales en algunas ocasiones) se animan a criticar a Macri con ese grado de ferocidad. Y hablan de un mensaje con dos destinatarios: uno es Rodríguez Larreta, quien debe hacer siempre un equilibrio sensible entre su proyecto presidencial y su vínculo con el ex presidente.

Y el otro mensaje de Manes le apunta al propio radicalismo. “Se acostumbraron a ser furgón de cola del PRO y no se animan a pegarle a Macri por el efecto Síndrome de Estocolmo”, es la explicación preferida, la misma que utilizan algunos peronistas para encontrarle algún sentido al dominio psicológico que Cristina ejerce sobre la mayoría de los barones del movimiento.

El ataque de Manes a Macri es demasiado reciente como para que los encuestadores hayan podido registrar si lo favorece o lo perjudica en los sondeos de opinión. Pero son varios los que coinciden en un punto. La movida recoge efectos negativos en lo inmediato, aunque podría terminar generando un impacto positivo a largo plazo. Como hay un voto religioso para Cristina y un núcleo duro de votos que reivindican a Macri, también todas las encuestas cualitativas señalan la existencia de un voto desencantado que rechaza a los dos ex presidentes y que no encuentra un cauce concreto, más allá del fenómeno Milei.

En una reveladora encuesta en todo el país de la consultora #OpinaArgentina, el 41% respondió “ninguno o no sabe” cuando les preguntaron qué sector político es el más preparado para reactivar la economía. Y el 38% dijo preferir “que gobierne un partido nuevo” a la hora de pensar en las elecciones del año próximo. Teléfono para todos los aspirantes a presidente.

Con el Mundial de Qatar a solo un mes y medio, y el año electoral a continuación, los equipos que acompañan a Manes le temen a la soledad política de estos meses como producto de la declaración contra Macri. Es el momento de sumar apoyos entre los dirigentes pero también es la hora de atrapar la atención de los empresarios para financiar la campaña. La épica es la electricidad de la militancia en los proyectos nuevos, pero el combustible irremplazable en tiempos de campaña es el dinero.

La interna en erupción permanente de Juntos por el Cambio es una de las pocas oportunidades que mantiene el oficialista Frente de Todos para disputar con chances las elecciones de 2023. Y a Cristina le da la oportunidad de dejar en segundo plano la condena judicial que podría recibir a fin de año por la causa Vialidad. Por eso, no extrañó que en la prensa kirchnerista y en las redes se le diera difusión permanente a las declaraciones de Manes. Y que, entre sus defensores más entusiastas, se anotara el diputado Leopoldo Moreau, exradical y cristinista converso.

Macri deja correr las especulaciones sobre si volverá a ser candidato

En ese contexto, se va consolidando la avanzada kirchnerista a favor de suspender las PASO, objetivo que esta semana hizo público el ministro bonaerense y jefe de La Cámpora, Andrés “El Cuervo” Larroque. Sin las primarias obligatorias, que en 2015 le permitieron a Juntos por el Cambio resolver la disputa por la candidatura presidencial, la coalición opositora se vería en serios problemas. Demasiadas ambiciones, demasiados candidatos.

El lunes pasado, en esta columna, se develó que Macri piensa en una alternativa electoral para resolver las candidaturas si el Gobierno logra suspender las PASO en el Congreso. Propondrá una interna abierta con los padrones de los cuatro partidos de Juntos (PRO, UCR, Coalición Cívica y Peronismo Republicano), con boleta única, y sumando a los votantes independientes que se registren para votar. Sería todo un desafío lograr un nivel de transparencia que no genere ninguna duda sobre el resultado.

Cuando se lanzó a la política electoral en 2021, Manes hacía un paralelismo entre la pandemia de Covid y la guerra de Malvinas. En los dos casos, decía, el resultado fue una sociedad quebrada y destruida por la crisis económica y moral. En 1983, Raúl Alfonsín les devolvió la esperanza a los argentinos. Y luego trazaba la parábola, sin atreverse a decir abiertamente que él creía ser el Alfonsín de este tiempo. En forma implícita, ya se proponía como alguien que venía a intentar ponerle fin al desánimo actual.

Está claro, como nos enseñó Bob Dylan en los sesenta, que los tiempos siempre están cambiando. Ni Manes es el Alfonsín de hoy, ni Macri sea probablemente Italo Luder, el peronista moderado que no pudo detener aquella marea radical de 1983. La decadencia del gobierno de Alberto Fernández y Cristina le está devolviendo al ex presidente un espacio mucho más cómodo que el que tenía al final de su mandato. La política tiene caminos misteriosos y, sobre todo, caminos que no se repiten.

“No se puede hacer política con suplentes”, lanzó por su parte el hábil declarante peronista, Miguel Angel Pichetto, quien considera que Cristina Kirchner y Mauricio Macri (los titulares según esa novedosa ecuación pichetteana) deben dirimir sus profundas diferencias en la próxima elección presidencial.

Quizás la eternidad de los titulares sea un método exitoso para la práctica del fútbol. Pero para el buen funcionamiento de las sociedades democráticas a veces es conveniente la renovación paulatina de las dirigencias, sean quienes sean los favorecidos y quienes sean los perjudicados. El poder durante mucho tiempo en manos de las mismas personas suele ser una aventura con final triste. Al mundo, y también a la Argentina, le sobran los ejemplos para aprender de esos errores.

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