“La divisa punzó”, el Juan Manuel de Rosas que hasta ahora nadie quiso ver

La figura de Juan Manuel de Rosas, actor principal de la turbulenta política nacional desde 1820 hasta su derrocamiento en 1852, ha producido ríos de tinta sobre sus gobiernos (1829-1832 y 1835-1852), como su personalidad , tanto en autores argentinos como extranjeros. La historiografía reúne estudios de todos los calibres y calidades, ya sea para denostarlo como para ensalzarlo; o con mayor rigurosidad histórica analizar su accionar en tiempo y espacio sus “circunstancias”, al decir de José Ortega y Gasset, y sin ira y con estudio observar y comprender ese fenómeno político que, aún a muchos años de su muerte, siguió despertando pasiones encendidas en su defensa como en su descalificación.

Como me caben las generales de la ley, al haber integrado con privilegio la Junta Ejecutiva de repatriación de sus restos en 1989, celebro la edición de “La divisa punzó”, cuya autora es la escritora, traductora y profesora de letras, Maria Kodama, fiel e inseparable compañera del genial Jorge Luis Borges, tan argentino como universal, con quien compartió textos, traducciones y escritos en diversas obras; y preside hoy la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, además de dirigir las revistas literarias “Prisma” y “Proa”. A su fina cultura y formación, le suma el conocimiento del universo occidental como la cultura oriental, tan difícil de comprender cabalmente y en profundidad a muchos formados en los parámetros occidentales. La otra coautora, Claudia Farías, es abogada con estudios superiores de Letras Clásicas y Filosofía, con especialidad en la Filosofía del Derecho.

El estudio sobre Rosas que acometieron no deja de lado un enfoque psicológico del personaje, buceando en fuentes primarias y secundarias, ni su personalidad, lo que hace más rico el contenido. Se inicia con rescatar la “Historia de la Confederación Argentina” de Adolfo Saldías; “La Época de Rosas” de Ernesto Quesada y la “Vindicación de Don Antonino Reyes” de Manuel Bilbao, textos fundacionales. Podemos decir, de comprensión de Rosas y su tiempo, con la valoración de, que tanto Saldías como Quesada provenían de familias unitarias, pero que al acceder a la documentación  oficial de tan largo período, gran parte de ella en poder de Rosas en el exilio inglés, produjeron sus estudios con rigor de historiadores, no de panfletistas, en el desempeño del Restaurador de las leyes en el poder, siendo considerados ambos autores como el puntapié inicial de la corriente que equilibraría, hasta entonces, al tan denostado período rosista.

Resaltan las autoras la copiosa correspondencia entre el general José de San Martín y Rosas, desde 1838 hasta la muerte del Libertador, siendo la última datada el 6 de mayo de 1850, es decir, tres meses antes de su muerte en Francia. La voluntad testamentaria de San Martín de legar su sable a Rosas, algo que siempre incomodó a sus detractores, es analizado en detalle y no caben dudas de la admiración y respeto que despertó en San Martín el desempeño de Rosas frente a los conflictos internacionales que tuvo que afrontar durante sus prolongados años de gobierno.

En el capítulo “Rosas y el Mundo”, las autoras se explayan en estudiar y exponer la labor de ese gran intelectual napolitano, al extremo culto, que fue Pedro De Angelis (valga resaltar que ni una plazoleta, ni una calle de nuestra ciudad lo recuerda), de gran labor historiográfica, sin cuyas obras se habría perdido documentación de gran valor histórico; como su desempeño como publicista y periodista desde las páginas de La Gaceta Mercantil, o del Archivo Americano, de los cuales fue su director. Asimismo se ocupan de resalar como fue visto Rosas por ocho personajes ingleses de renombre en la época, citando documentos de quienes tuvieron ocasión de conocerlo. En muchos de ellos salen a la luz los rasgos de la personalidad y psicología que, a sus puntos de vista, vieron en Rosas.

En el último tramo del libro sale a relucir quizás lo menos conocido del personaje. Desde su libreta personal, donde anotaba sus referencias literarias de clásicos autores de Roma, españoles del Siglo de Oro, del Renacimiento hasta reflexiones sobre los más variados temas, algunas autorreferenciales, o comentarios sobre situaciones y personajes que le toco vivir y conocer, que  ilustran el carácter de Rosas en una dimensión o perfil poco conocida. El “Diccionario de la Lengua Pampa”, que él conocía desde joven, como su posición frente a los límites territoriales con Chile o su recordada carta a Juan Facundo Quiroga y su opinión sobre el dictado o no de una Constitución para el país en ese momento, se integran además con un cuento de su autoría, de carácter romántico, con su cuota de tragedia de amor y muerte que sucedió en el Bois de Fontaineblau titulado “Desespera y Muere”.

El último punto lo dedican a “la Protesta” de Rosas, cuando en ausencia es condenado de los peores crímenes, asumiendo en dicho texto su defensa en la actuación al frente de los asuntos públicos del país, que llevaron, inclusive, a figuras opositoras durante sus gobiernos como Juan Bautista Alberdi a salir en su defensa ante lo que consideraba una iniquidad e injusticia.

Que dos escritoras, mujeres de las Letras argentinas, como María Kodama y Claudia Farías se hayan volcado a estudiar y escribir este libro, es una nota de calidad superior para la historiografía del período donde Rosas fue su personaje central, ya sea para odios u amores. “La divisa punzó” cumple así con tal elevado cometido, para deleite del lector.

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia; Miembro de Número de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación; vocal del Instituto Cultural Argentino-Uruguayo

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