La economía después del FMI

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El Gobierno finalmente tuvo en entendimiento con el FMI y ahora falta que se acuerden los detalles para llegar a firmar un compromiso. La tensión que había en los mercados se diluyó, subieron las acciones y los bonos argentinos en Nueva York y bajó el riego país. También el dólar paralelo, en todas sus versiones, tuvo una importante retracción en sus valores. ¿Y ahora?

Justamente, ahora comienza el tiempo de sacar la hojarasca que tapizó el camino los últimos meses y empezaremos a ver hacia dónde va el camino. En realidad, después de este fin de semana, comenzará la demanda para saber cuál es el plan económico, cuáles serán los compromisos del Gobierno para trasmitir seguridades a los empresarios y la población.

Según se desprende de los dichos del ministro, pero, sobre todo, de la comunicación del FMI parte de los acuerdos implican una disminución progresiva de los subsidios tarifarios, aunque se desconoce la velocidad en la que disminuirán. Esto algunos lo calificarán como ajuste, pero es imposible seguir con la mentira.

Hoy el petróleo está a 89 dólares el barril y en Argentina lo congelamos a 55 y ¿quién pierde? Los ciudadanos, incluso los que no tienen auto, porque lo paga el Estado con la plata de todos. La transición hacia una tarifa real es complicada, pero esto debería bajar la inflación, si el Estado aprovecha este ajuste para bajar el nivel de gasto, que se paga con emisión.

Otro dato que llama la atención es que en el Presupuesto el Gobierno había previsto un déficit de 3,3% del PBI y en el acuerdo con el Fondo el nuevo límite es 2,5%, lo que implica un ajuste mayor del gasto y nadie sabe de dónde lo sacarán.

En 2021, con el ajuste a los jubilados, Guzmán bajó un 1% del PBI, pero ahora no puede porque se comprometió a no hacerlo. No se lo ve con posibilidad de bajar los gastos de la política y es muy probable que recurran a nuevos aumentos de impuestos, aunque al respecto hay un gran silencio en las comunicaciones tanto del Fondo como del Gobierno.

Dólar e inflación. El Gobierno consiguió que el Fondo le vaya devolviendo lo que le pagó desde 2020 por vencimientos de capital. Si bien seguirán pagando, el FMI le va a reintegrar lo pagado entre 2020 y 2021, con lo cual calculan incrementar reservas en unos US$4.000 millones. Prometen que no habrá una devaluación brusca, pero, como el tipo de cambio seguirá controlado, lo seguirán devaluando al ritmo de la inflación. Los últimos movimientos indican una velocidad del 52% anual.

De la misma forma, se comprometen a aumentar las tasas de interés para que las tasas sean positivas y se incentive el ahorro interno en pesos, evitando que el ahorrista se refugie en dólares y, de esa manera, intentar desinflar el valor del dólar en los mercados paralelos.

En cuanto a la inflación solo existe una manifestación voluntarista de bajarla. Con la excusa de que es un proceso multicausal, el ministro anunció que bajarán la emisión monetaria pero también acelerarán los acuerdos de precios (los mismos que hasta ahora han fracasado siempre).

La realidad es que la inflación no bajará por varios motivos. El primero es que al gobierno le sirve mucho porque el crecimiento de los precios implica aumento de los impuestos y esa es una forma de financiamiento sin necesidad de emitir. La segunda razón es que el dólar está subiendo en los mercados mundiales y esto comenzará a impactar en los precios de las materias primas.

A esto debe agregarse que la sequía complicó la cosecha de maíz y de soja y si sube de precios será muy complicado frenarlo porque el gobierno depende de los dólares de exportación. Pero la suba del precio del maíz implicará subas en los precios de la carne, del cerdo, del pollo y de la leche ya que es el componente principal de su alimentación.

Dudas sobre el crecimiento. Guzmán confía en que, al no hacer pagos importantes al FMI, tendrán recursos suficientes para gastar en inversión en obra pública. De hecho, el entendimiento con el Fondo autorizaría a aumentar el gasto en términos reales. ¿Cómo hará Guzmán para aumentar el gasto sin emitir moneda? En realidad, lo financiará con inflación y, teóricamente, con crecimiento.

Y decimos teóricamente porque de todo lo anunciado no hay ningún cambio estructural que estimule a los inversores y el crecimiento no puede depender solo de la inversión pública. El presidente Fernández dijo con orgullo que no habrá ninguna reforma ni privatización de empresas públicas. Si no hay nada que reformar ¿de dónde salió la crisis? Ya no es posible echarle la culpa de todo a Macri.

Con las actuales normas en materia de legislación laboral, con las cargas impositivas y con el peso de los sindicatos, no hay un panorama que aliente a las inversiones. Además, en cualquier momento intentan un nuevo impuesto por lo que la mayoría esperarán.

El crecimiento necesita crédito, pero si las tasas a los ahorristas serán positivas, las tasas a los tomadores de préstamos serán altísimas. Los que tomen crédito deberán trasladarlo a precios, e impactaría sobre la inflación. Sería complejo que puedan crecer las exportaciones con un escenario como este por lo que, como siempre, todo va a depender del sector agroexportador.

Tampoco es posible esperar crecimiento por el lado del consumo. Las tasas de desempleo siguen altas y, sin inversiones, no habrá nuevos trabajos. Tampoco es previsible que los salarios recuperen los puntos perdidos con la inflación, como ya les ha pasado a los jubilados y la mayoría los trabajadores. El problema es que hay cada vez más empleo informal.

El resumen es que el acuerdo evita un default con el Fondo, que le permite hacer un acuerdo de tres años para que luego se arregle el que viene. Pero el problema es que el que siempre paga es el pueblo, condenado por los políticos.

* Columna publicada originalmente en Memo

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