Quién es y qué hizo Artémides Zatti, el nuevo y poco conocido santo argentino

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El Vaticano vuelve a apelar a la canonización de uno de sus referentes a fin de promover las vocaciones sacerdotales y sostener la fe, en medio del descreimiento que caracteriza a la Iglesia después de conocerse muchos de sus abusos y delitos. Quién es y qué hizo Artémides Zatti.

A pocos días de la canonización del coadjutor salesiano Artémides Zatti, religiosos de la Obra de Don Bosco ofrecieron una conferencia de prensa este miércoles para dar más detalles de la vida y obra del “enfermero de la Patagonia”, que será declarado santo -el tercero de la Argentina- el próximo domingo 9 de octubre en un rito de canonización presidido por el papa Francisco en la plaza de San Pedro.

Participaron el director de la Casa Salesiana de Colonia Vignaud, Córdoba, padre Carlos Bosio SDB, quien durante su juventud y estando al borde de la muerte a causa de una septicemia generalizada, logró recuperarse de forma inesperada gracias a intercesión de Zatti; el padre Pedro Narambuena SDB, párroco en Carmen de Patagones y vicepostulador de la causa de canonización; monseñor Esteban María Laxague SDB, obispo de Viedma y lugar donde Zatti transcurrió su vida; y el hermano José Sobrero Bosch SDB, quien es especialista en la vida del futuro nuevo santo y que además ha divulgado gran parte de su obra como misionero en África.

El padre Narambuena recordó que las reliquias de Zatti permanecen en el templo parroquial de Viedma, donde fueron reubicadas recientemente.

También señaló que el papa Francisco, mucho antes de ser obispo, conoció la vida de Zatti, “se enamoró y la difundió entre la compañía de Jesús en clave vocacional”. Además, resaltó que la santidad “toca lo humano, tu cuerpo y tus huesos son llenos de vida y de gracia”.

La historia oficial de San Artémides

Los testimonios sobre Zatti, el nuevo santo

Bosio recordó aquella vez que estuvo al borde de la muerte y relató cómo “las experiencias límites marcan y uno de a poquito va tomando conciencia de esto”. “Personalmente a mí me ayudó a descentrar la vida al estilo de don Zatti, en una donación permanente”, agregó.

Asimismo, reconoció que “esto también nos permite cambiar el modelo, la idea que tenemos de santidad”. “Todo el mundo piensa que ser santo es ser una persona extraordinaria, impecable, sin ninguna falla, y no, la santidad es la experiencia de lo cotidiano, en las pequeñas y grandes responsabilidades que tenemos, en la vivencia de la experiencia del amor a Dios y nuestros hermanos”, explayó.

Por su parte, Sobredo manifestó: “Artémides Zatti, la persona concreta que vivió en Viedma se manifestó como una persona buena. La bondad de Artémides Zatti fue lo que se manifestaba en todas las actividades que realizaba, como salesiano, como administrador de un hospital, como enfermero de casa en casa”.

A su turno, monseñor Laxague expresó: “Estamos viviendo un tiempo en donde está resurgiendo el Zatti vivo porque hay muchos signos de su presencia. Hay personas que se han sentido muy cuidadas por él. Todo esto se está reviviendo y en la ciudad de Viedma hay muchos lugares que llevan el nombre de Zatti”.

“Esta fiesta de la canonización es una hermosa oportunidad para decir, bueno, quién es Zatti y qué mensaje nos deja”, señaló, al tiempo que deseó: “Ojalá que Zatti nos despierte a todos que lo mejor que le puede pasar a una persona es ser santo y ser santo es hacer el bien. Creo que ese es camino que recorrió y es el camino que vamos descubriendo, él intercede para hacer realidad eso”.

Finalmente, el prelado afirmó que “Zatti trabajó mucho por este mensaje tan fuerte de Francisco hoy, la fraternidad. Para él eran todos importantes, todos amigos, hermanos. No se negaba a nadie”.

La biografía oficial del Vaticano de Artémides (o Artémide) Zatti

Artémides Zatti nació en Boretto (Reggio Emilia) el 12 de octubre de 1880. No tardó en experimentar la dureza del sacrificio, tanto que a los nueve años ya se ganaba el jornal como peón. Obligada por la pobreza, la familia Zatti, a principios del 1897, emigró a Argentina y se estableció en Bahía Blanca. El joven Artémides comenzó enseguida a frecuentar la parroquia dirigida por los Salesianos, encontrando en el párroco don Carlos Cavalli, hombre piadoso y de extraordinaria bondad, su director espiritual. Fue éste quien lo orientó hacia la vida salesiana. Tenía 20 años cuando entró en el aspirantado de Bernal.Asistiendo a un joven sacerdote enfermo de tbc, contrajo esta enfermedad. La paternal solicitud del P. Cavalli Â- que lo seguía de lejos Â- hizo que le buscaran la Casa salesiana de Viedma, de clima más propicio, y donde, sobre todo, había un hospital misionero con un estupendo enfermero salesiano que hacía prácticamente de «médico»: P. Evasio Garrone. Este invitó a Artémides a rezar a María Auxiliadora para obtener la curación, sugiriéndole hiciera esta promesa: «Si Ella te cura, tu te dedicarás toda la vida a estos enfermos». Artémides hizo de buen gusto tal promesa; y se curó misteriosamente. Más tarde dirá «Creí, prometí, curé». Estaba ya trazado su camino con claridad y él lo comenzó con entusiasmo. Aceptó con humildad y docilidad el no pequeño sufrimiento de renunciar al sacerdocio. Emitió como hermano coadjutor su primera Profesión el 11 de enero de 1908 y la Perpetua el 8 de febrero de 1911. Coherente con la promesa hecha a la Virgen, se consagró inmediata y totalmente al Hospital, ocupándose en un primer momento de la farmacia aneja, pero después, cuando en 1913 murió el P. Garrone, toda la responsabilidad del hospital cayó sobre sus espaldas. Fue en efecto vicedirector, administrador, diestro enfermero apreciado por todos los enfermos y por todo el personal sanitario, que poco a poco le fue dando mayor libertad de acción.Su servicio no se limitaba al hospital sino que se extendía a toda la ciudad, y hasta a las dos localidades situadas en las orillas del río Negro: Viedma y Patagones. En caso de necesidad se movía a cualquier hora del día y de la noche, sin preocuparse del tiempo, llegando a los tugurios de la periferia y haciéndolo todo gratuitamente. Su fama de enfermero santo se propagó por todo el Sur y de toda la Patagonia le llegaban enfermos. No era raro el caso de enfermos que preferían la visita del enfermero santo a la de los médicos.Artémides Zatti amó a sus enfermos de manera verdaderamente conmovedora. Veía en ellos a Jesús mismo, hasta tal punto que cuando pedía a las hermanas ropa para otro muchacho recién llegado, decía: «Hermana, ¿tiene ropa para un Jesús de 12 años?». La atención hacia sus enfermos alcanzaba rasgos muy delicados. Hay quien recuerda haberlo visto llevarse a la espalda hacia la cámara mortuoria el cuerpo de algún acogido muerto durante la noche, para sustraerlo a la vista de los otros enfermos: y lo hacía recitando el De Profundis. Fiel al espíritu salesiano y al lema dejado como herencia por D. Bosco a sus hijos Â- «trabajo y templanza» Â- desarrolló una actividad prodigiosa con habitual prontitud de ánimo, con heroico espíritu de sacrificio, con despego absoluto de toda satisfacción personal, sin tomarse nunca vacaciones ni reposo. Hay quien ha dicho que sus únicos cinco días de descanso fueron los que transcurrió…¡en la cárcel! Sí, conoció también la prisión por la fuga de un preso recogido en el Hospital, fuga que se la quisieron atribuir a él. Salió absuelto y su vuelta a casa fue un triunfo.Fue hombre de fácil relación humana, con una visible carga de simpatía, alegre cuando podía entretenerse con la gente humilde. Pero sobre todo, fue un hombre de Dios. Artémides Lo irradiaba. Un médico más bien incrédulo del Hospital, decía: «Cuando veía al señor Zatti, vacilaba mi incredulidad». Y otro: «Creo en Dios desde que conozco al señor Zatti».En 1950 el infatigable enfermero cayó de una escalera y fue en esa ocasión cuando se manifestaron los síntomas de un cáncer que él mismo lúcidamente diagnosticó. Continuó sin embargo cuidando de su misión todavía un año más, hasta que tras sufrimientos heroicamente aceptados, se apagó el 15 de marzo de 1951 con total conocimiento, rodeado del afecto y del agradecimiento de toda la población.

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