La muerte de George Patton Jr. (y la famosa foto de su fiel perro)

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En este nota se cuenta una historia a propósito de la famosa foto de Willie, el Bull Terrier echado junto a las pertenencias de su fallecido compañero, el general George Smith Patton Jr., poco antes de ser repatriadas a EEUU. La imagen fue tomada en Bad Nauheim, Alemania, días después de la muerte del militar, el 21 de diciembre de 1945.

En la foto que ilustra esta nota se muestra a Willie, el Bull Terrier, tristemente echado junto a las pertenencias de su fallecido compañero, el general George S. Patton Jr., poco antes de ser repatriadas a EEUU. La imagen fue tomada en Bad Nauheim, Alemania, días después de la muerte del militar, el 21 de diciembre de 1945, y aunque no existían las redes sociales la imagen se convirtió en un ícono de la época.

El 9 de diciembre de 1945, Patton sufrió heridas graves en la cabeza y la columna vertebral en un accidente automovilístico a baja velocidad. Después de doce días de terribles padecimientos, finalmente murió. Varios libros y películas plantean teorías conspirativas que sugieren que fue asesinado por orden de Washington o de Moscú. Sin embargo, tales acusaciones tienden a basarse en conjeturas y no ha surgido ninguna prueba definitiva de alguna conspiración. De hecho la propia familia Patton las descartó desde un principio.

Por si acaso, me apresuro a señalar que Patton nunca dijo “luchamos contra el enemigo equivocado”. Esa es una cita tomada de una película y no está acreditado que lo haya dicho realmente. Las que sí está documentado en cartas dirigidas a su esposa, son las siguientes expresiones: “Berlín me dio tristeza. Hemos destruido lo que podría haber sido una buena raza, y estamos a punto de reemplazarlos por salvajes mongoles. Y toda Europa será comunista”. También dijo que los alemanes “son las únicas personas decentes que quedan en Europa. Es una elección entre ellos y los rusos. Prefiero a los alemanes”.

Ahora, tampoco piensen que amaba a los germanos. Vale recordar las barbaridades que decía sobre ellos mientras comandó el 7º Ejército de los Estados Unidos en el norte de África y Sicilia y el 3º en Francia y Alemania, aunque es cierto que en la posguerra cambió un poco su actitud.

Cuando la guerra en Europa terminó el 8 de mayo de 1945, Patton le rogó al general Marshall que lo transfiriera al Teatro de Operaciones del Pacífico, donde continuaban los enfrentamientos contra los japoneses. Sin embargo, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki y la invasión de Iván a Manchuria, pusieron fin a la guerra solo tres meses después.

Si bien la mayor parte del mundo celebró el final de la Segunda Guerra Mundial, aunque no lo crean, Patton estaba derrumbado. Escribió en su diario personal, al escuchar la noticia de la rendición nipona, que “otra guerra ha llegado a su fin, y con ella mi utilidad para el mundo”.

Patton fue nombrado gobernador militar de Baviera en julio de 1945, pero su mandato en ese cargo fue breve, por carecer del más elemental sentido y tacto político. Por ejemplo, acusó al secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau Jr., de tomar una “venganza semítica contra Alemania” y fue un crítico abierto de la Unión Soviética, que en ese momento todavía era el aliado de Estados Unidos. En un momento dijo: “Hemos pateado al infierno de un bastardo, solo para ayudar a establecer un segundo (…) más malvado y más comprometido que el primero”.

Sus declaraciones causaron indignación en Estados Unidos y el 28 de septiembre, Patton fue destituido como gobernador militar de Baviera. El 7 de octubre también fue relevado del mando y nombrado comandante del décimo quinto Ejército, con asiento en un hotel en Bad Nauheim, en Hesse, Alemania, un comando meramente administrativo.

En la mañana del domingo 9 de diciembre de 1945, Patton decidió ir a cazar faisanes cerca de la ciudad de Mannheim con su amigo y jefe de personal, el mayor general Hobart R. Gay. Ambos salieron en el auto personal del comandante, un Cadillac 75 de 1938, conducidos por el chofer regular de Patton, el soldado Horace “Woody” Woodring. Otro hombre, el sargento técnico Joseph Scruce, partió por separado en un Jeep que llevaba sus armas y un perro de caza.

Eran alrededor de las 11.45 y casi no había otro tráfico en la ruta ese frío domingo por la mañana, pero cuando Woodring comenzó a acelerar lentamente en la carretera helada, notó dos camiones del Ejército de EEUU. A medida que se acercaban, uno de los camiones comenzó a avanzar y cuando el automóvil de Patton estaba a punto de pasar, giró repentinamente hacia la izquierda, hacia una depósito de suministros sin dar ninguna señal.

No había posibilidad de evitar un choque y la parte delantera derecha del automóvil golpeó la parte delantera derecha del camión. El impacto no fue severo: se estimó que la velocidad del automóvil era inferior a 30 km/h y que el camión viajaba a no más de 15 km/h. El único daño fue en el guardabarros delantero derecho del coche de Patton. El conductor del camión, sus dos pasajeros, Woodring y Gay, estaban completamente ilesos, pero Patton resultó gravemente herido.

Woodring y Gay habían estado mirando hacia adelante y ambos pudieron prepararse en el instante anterior al impacto, pero Patton lo hacía hacia el costado y se golpeó la cabeza contra el tabique de vidrio que separaba los asientos delanteros y traseros. Comenzó a sangrar por una herida en la cabeza y se quejó de que estaba paralizado y tenía problemas para respirar. Llevado a un hospital en Heidelberg, se descubrió que Patton tenía una fractura de cuello y dislocación de la tercera y cuarta vértebras cervicales, concluyendo en una lesión de la médula espinal que lo dejó paralizado de cuello para abajo.

Patton pasó doce días hospitalizado. Todos los visitantes no médicos, a excepción de la esposa de Patton, que había volado desde Estados Unidos, estaban prohibidos. Patton, a quien se le había dicho que no tenía oportunidad de volver a montar a caballo o reanudar la vida normal, en un momento comentó: “Esta es una forma infernal de morir”.

En el hospital, el estado de ánimo de Patton alternaba entre la ira profana y el humor negro. “Si hay alguna duda en cualquiera de sus malditas mentes de que voy a estar paralizado por el resto de mi vida, eliminemos toda esta mierda en este momento y déjenme morir”, Patton arremetió.

Con igual rapidez cambió de humor, bromeando: “Relájese, caballeros, no estoy en condiciones de ser un terror ahora”. Cuando se le informó que el capellán del hospital estaba allí para orar a su lado, Patton respondió: “Bueno, dejemos que comience. Supongo que lo necesito”. El capellán entró, dijo algunas oraciones y Patton le dio las gracias.

El 21 de diciembre, su esposa Beatrice le leyó a Patton una novela y tomó una pausa para cenar. Luego fue al comedor, dejando a su esposo con la enfermera asistente. La cena de Beatrice se interrumpió cuando la enfermera de repente notó que Patton había dejado de respirar. Cuando regresó, su esposo ya había muerto.

La causa oficial de muerte fue edema pulmonar e insuficiencia cardíaca congestiva.

Patton fue enterrado en el cementerio estadounidense de Luxemburgo, junto con algunos caídos en tiempos de guerra del Tercer Ejército, de acuerdo con su solicitud de “ser enterrado junto a sus hombres”.

Su estristecido perro fue inmortalizado en la foto junto a las pertenencias del famoso general como ejemplo máximo de la fidelidad a su dueño.

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