WhatsApp y Telegram son las aplicaciones de mensajería lejos más populares del mundo, la primera por encima de la creada por el ruso Pavel Durov, y en esta III Guerra Fría en Occidente –dejemos a los chinos por un momento con su Tik-Tok contra Instagram, combate que tiene su miga- en cuyo centro están las comunicaciones. Mientras la primera es usada por 2.500 millones de usuarios, la segunda dice que tiene 650 millones.
Ahora bien, existen decenas de otras que siendo específicas o no brindan el servicio de conectar o son usadas para recibir o mandar mensajes. Sobre las ventajas y desventajas de de las dos más grandes se millones de reseñas en la web. Aquí va una.
Los incidentes de intrusión en las cuentas de Telegram del ministro de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, y en la de WP del exviceministro de ramo pero nacional Gerardo Milman no relevan de comentarios. Si a ellos sí –más allá de lo evidente de lo poco profesional de sus descuidos-, ¿que queda para los ciudadanos de a pie?
Para quienes buscan algo más sofisticado en el mundo terrenal (empresarios, dirigentes de cualquier sector, etc.) hay una alternativa suiza, que sigue siendo un lugar –junto con Israel, aunque por distintas razones- donde la seguridad se toma con seriedad.
La aplicación es Threema, que cumple con los requisitos de las estrictas leyes de protección de datos helvética y el nuevo Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea (UE y mantiene los datos de sus clientes fuera del alcance de ciberdelincuentes, empresas y gobiernos, y puede utilizarse de forma totalmente anónima. Esta es una de sus principales características. ¿Una agencia de Inteligencia del primer mundo puede “peneprarte” el sistema? Naturalmente, pero siguiendo los pasos que hay que seguir sabrán dos celulares con Threema empareados en un área de 7 metros cuadrados estuvieron en contacto pero no conocerán el contenido de lo que “hablaron” y menos probar legalmente que lo hicieron.
Threema cifra de punto a punto todas sus comunicaciones: mensajes, llamadas, chats grupales, archivos e incluso mensajes de estado. “Solo el destinatario previsto, y nadie más puede leer tus mensajes”, aclara. Para explorar.
