Los presidenciables

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Los diez meses que faltan para que se substancien las PASO —siempre y cuando no resulten suspendidas, claro— y los doce que nos separan del momento en que elegiremos al próximo presidente de la Nación, ¿están a la vuelta de la esquina o se encuentran lejos de nosotros? La pregunta antedicha no es ociosa en términos políticos. La mayoría de los interesados en ser protagonistas de esa elección trascendental ya se han anotado, y si bien es cierto que subsisten dudas respecto de cuál será en definitiva la decisión, por ejemplo, de Mauricio Macri y de Cristina Fernández, resulta conveniente tener en cuenta que mantener el silencio es parte de una estrategia lógica. ¿Por qué habrían de anticiparse a los acontecimientos si el tiempo no los apura? Su aparente indefinición es muy parecida a la de Sergio Massa y a la del actual presidente. Por distintas razones no les conviene dar ese paso con tanta anticipación.

No deja de ser llamativo que hayan bajado a la pista y estén precalentando —con distinta predisposición— al menos cinco de los referentes de la principal fuerza opositora, mientras en el oficialismo son todas especulaciones. Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Facundo Manes y Gerardo Morales han expresado en público que aspiran a sentarse en el sillón de Rivadavia. El expresidente, por su parte, no es que juegue a las escondidas y se haga desear de puro caprichoso. Hay una razón elemental que —salvo imponderables— casi lo obliga a dilatar el anuncio. Si dijese que no estará en agosto en las gateras dilapidaría, en un instante, el poder que aún retiene en el espacio del cual fue, en tiempos ya idos, líder indiscutido. Si, inversamente, dijese que va a hacerse presente en el punto de largada, qué sentido tendría adelantarlo ahora, sin saber qué sucederá con las primarias abiertas, como decantará la situación económica y cuántos competidores habrá en junio, cuando venza el término para anotarse. El único que puede darse ese lujo en el seno de Juntos para el Cambio no va a tirar por la borda semejante ventaja. Tan ingenuo no es.

Entre los que cantaron el sí existen diferencias importantes. María Eugenia Vidal ha señalado que sólo dirimirá supremacías en las PASO en el caso de que Macri no se haga presente. De todas maneras, con o sin el otrora presidente de Boca Juniors en la cancha, su intención de voto es insignificante. En cuanto a los dos hombres de la Unión Cívica Radical, da la impresión de que el gobernador de Jujuy amaga lanzarse al ruedo a los efectos de negociar más tarde desde una posición de fuerza relativa. Y que los pujos del neurólogo metido en la política no le alcanzan para la pelea grande. Acredita una buena imagen, eso es innegable, aunque sus posibilidades de ganar en las urnas resultan remotas. No hay más que analizar las encuestas. Los números no mienten. Ni Morales ni Manes podrían seriamente salir airosos en una pulseada con la dupla del Pro.

Quien fuera ministro de Trabajo de Fernando de la Rúa y de Seguridad en la administración de Cambiemos, y el lord mayor de la capital federal, hace tiempo que no se sacan ventajas. Siempre y cuando haya primarias abiertas y no compita Mauricio Macri, lo más probable —al menos hoy— es que el resultado de la elección se decida en una final cabeza a cabeza. El momento en el cual Rodríguez Larreta carecía de competidores de fuste y su candidatura parecía asegurada dentro de Juntos para el Cambio, es cosa del pasado. La Bullrich, a fuerza de empeño y haciendo gala de un discurso duro, pelea en estos momentos de igual a igual con un contrincante que se ha ido desdibujando sin por ello darse por vencido, ni mucho menos.

En las tiendas del kirchnerismo y del gobierno no terminan de ponerse de acuerdo si les conviene suspender las PASO o mantenerlas a flote. La decisión deberán tomarla en las próximas semanas. Si no lograran conciliar una posición sobre el tema antes del comienzo del campeonato mundial de fútbol, que se iniciará a fines de noviembre, difícilmente podrán plantear la cuestión en el Congreso más adelante. En Qatar se jugará un torneo que habrá de durar hasta poco antes de las Navidades. A continuación vendrán las vacaciones de verano. Pensar en sumar voluntades en las dos cámaras durante esos meses es una tarea destinada al fracaso. Y en marzo será tarde. Por lo tanto, una vez aprobado el Presupuesto se abrirá un lapso de catorce días —poco más o menos— en donde sabremos si el oficialismo se anima o no a postular el fin de las primarias abiertas y dar esa pelea en el Congreso nacional.

La dificultad que enfrenta el peronismo, más allá de lo que suceda con las PASO, es que hoy no hay nadie capaz de ungir a un candidato con el dedo, a la manera en que lo hizo Néstor Kirchner con su mujer, y ésta con Alberto Fernández. El poder que reivindicó con éxito indiscutido la Señora, hasta tres años atrás, se encuentra astillado. A esta altura, ella es la que —de lejos— mejor mide en los relevamientos preelectorales. Los demás —considerando a cualquiera de la tribu kirchnerista, y a Sergio Massa y a Alberto Fernández— suman poco y nada. Por supuesto, como soñar es gratis, tanto el presidente de la Nación como el titular de la cartera de Hacienda, imaginan que si las medidas económicas puestas en marcha dan resultado, por arte de magia se transformarían en competitivos. Además el primer magistrado, a menos que deseara suicidarse, no puede anunciar nunca la decisión de bajarse de la pelea. Lo que hace —dejando entrever que piensa ser candidato— es lo que indica el manual de sobrevivencia política más elemental.

Para lo único que le serviría al oficialismo el que Cristina Fernández encabezase la fórmula del Frente de Todos es para asegurarse una elección de entre 25 y 30 puntos en la primera vuelta, que le permitiría mantener unos bloques parlamentarios de peso —en ninguna de las dos cámaras serían mayoritarios— y quizá disputar con alguna probabilidad de éxito la provincia de Buenos Aires. Delante de cualquiera, en la segunda vuelta —si la hubiese— perdería sin remedio. Por fin es imprescindible, en un paneo como el presente, incluir a Javier Milei, convertido en un fenómeno inédito en la política criolla. El economista que, en menos de un año, sin grandes estructuras y prácticamente de la nada obtuvo en los comicios del distrito metropolitano 18 % de los sufragios en noviembre pasado, en los once meses transcurridos desde entonces midió, de acuerdo a las encuestas conocidas, entre 18 % y 22 % a nivel nacional. Ahora, por vez primera desde que apareciera en escena, una compulsa de opinión que publicó Clarín en su edición del último lunes, debida a la consultora IPD, muestra que en cinco de los seis escenarios de primera vuelta considerados el jefe de los libertarios figura al tope de las preferencias o en segundo lugar, lo que le aseguraría su paso al balotaje en caso de llegarse a esa instancia. En el escenario restante, si bien queda tercero con 27%, la exigua diferencia —de apenas un punto— lo coloca en virtual empate técnico.

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