Ganadores por un par de días

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La del pasado domingo fue, al margen de cualquier duda que pudiese plantearse al respecto, la final más emocionante de todos los Mundiales. Si bien se mira, se jugaron el mismo día —durante dos horas y media, poco más o menos— tres partidos en uno. Algo inédito por donde se lo analice. El primero se desarrolló por espacio de noventa minutos y terminó empatado cuando nadie hubiese apostado un centavo por la notable recuperación francesa. El segundo resultó el alargue de treinta minutos que —otra vez— arrojó un empate obtenido por los galos sobre la hora, en el momento en que todos creíamos que el pleito deportivo estaba terminado. Como es de rigor en estos torneos, el campeonato se definió con base en los penales y se transformó en un cotejo aparte, el tercero de la serie.

Más allá de la indiscutible superioridad del conjunto “albiceleste” en los ochenta minutos iniciales —por momentos un verdadero paseo— la lotería de los tiros desde los doce pasos le quitó el aliento a los hinchas propios, que no terminaban de salir de su asombro —nadie entendía cómo se había llegado a esa instancia después del soberbio espectáculo futbolístico demostrado por la escuadra de Lionel Scaloni— y a los franceses, que pasaron de la decepción a la euforia en cuestión de segundos. Hasta el certero zapatazo de Gonzalo Montiel todos contuvimos el aliento. Y entonces,
semejando un reguero de pólvora, los festejos estallaron no sólo en nuestro país sino también en
las geografías más diversas. Por algunas horas el triunfo argentino lo fue de millones de personas
que nunca pisaron estas playas y posiblemente nunca lo hagan. Sin embargo, por esa pasión inexplicable que genera el deporte del balompié, Lionel Messi fue reverenciado a lo largo y ancho del planeta como antes lo había sido Diego Maradona.

No es esta la oportunidad para hacer una interpretación del planteo táctico del seleccionado nacional y de las razones susceptibles de ser tenidas en cuenta a la hora de explicar por qué se jugó tan bien —fue de lejos el mejor partido de todo el ciclo Scaloni por la habilidad, la inteligencia y la garra puesta de manifiesto en el campo de juego— y se logró sumar la tercera Copa Mundial que, a partir de ahora, engalanará las vitrinas de la AFA junto a las obtenidas en 1978 y 1986. Sólo permítasele a este viejo futbolero, amante de los punteros pegados a la raya que nos deslumbraron en épocas pasadas y que no volverán, un comentario. ¡Que acierto el de Scaloni de ponerlo a Ángel Di María a jugar de wing izquierdo y dejar que su zurda prodigiosa dibujara gambetas clásicas sobre el césped qatarí, desparramando en su camino a los marcadores galos! Por un momento “El Fideo” —como se lo conoce en el ambiente tribunero— me hizo acordar a Corbatta, Bernao y Houseman. Una maravilla.

La euforia ciudadana que el domingo, finalizado el cotejo, colmó el Obelisco y sus alrededores en forma impresionante, de a poco comenzará a apagarse. Después de todo, este tipo de espectáculos, con la enorme carga emotiva que generan, son de suyo efímeros. Representan apenas una suerte de paréntesis que en el caso que nos ocupa se extiende por menos de un mes. Es cierto que mientras dura se convierte en tema excluyente en razón de lo que significa el fútbol para países como el nuestro. Pero la alegría desbordante que unió a un pueblo sin diferencias de ninguna naturaleza es cosa del pasado. Hoy todo ha vuelto a la normalidad y los problemas políticos, económicos y sociales que nos aquejaban antes de que la pelota comenzará a rodar en aquel emirato, no han desaparecido ni mucho menos. Una enumeración hecha a mano alzada lo
demuestra con creces.

1- Si alguien pensaba que las sordas disputas del camporismo y el presidente de la Nación se aquietarían por efecto de los triunfos de Lionel Messi y sus compañeros, estaba equivocado. Alberto Fernández no tuvo mejor idea que convocar a un acto con motivo de haber cumplido tres años su gestión de gobierno. Debió creer que el Mundial aplacaría los ánimos beligerantes de sus enemigos dentro del Frente de Todos, y se equivocó de medio a medio. El kirchnerismo de peso se ausentó del evento sin aviso. A tal punto que ni siquiera el titular de la cartera de Interior, Wado de Pedro, se molestó en dejar su despacho en la Casa Rosada, cruzar la calle y dar el presente. Tampoco fue de la partida Sergio Massa, que conforme transcurren los días tolera menos a ese personaje patético que parece no darse cuenta de qué tan bajo ha caído.

2- El peronismo, convertido en un hormiguero pateado, no sabe para qué lado agarrar. El anuncio de Cristina Fernandez, todavía no digerido por parte de sus diferentes tribus, ha obrado un efecto enteramente lógico: como reza el dicho popular, “cualquier cacatúa sueña con la pinta de Carlos Gardel Ganadores por un par de días”. Los que se consideran con musculatura suficiente para lanzarse al ruedo y reivindicar la categoría de presidenciables, son legión. A “Wado” de Pedro lo respalda el grueso del camporismo. Manzur, Capitanich y —de creérsele a algunos mentideros— el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, tienen ganas de probar suerte. Hasta el embajador en Brasil, Daniel Scioli, desea pegar la vuelta, según se le escuchó decir a uno de sus ex–colaboradores, para anotarse en la carrera. Ello sin contar al jefe del estado bonaerense, que prefiere dar pelea para seguir ocupando el sillón de Dardo Rocha, pero que si la Señora le da la orden sabe que deberá arremangarse y pensar en el sillón de Rivadavia.

3- Por su parte, Sergio Massa, a pesar del respiro pasajero que le deparó el índice inflacionario del mes de noviembre, continúa obrando a la manera del plomero del Titanic, según se definió a sí mismo hace un par de meses. Nada permite pensar que las causas que motivaron el 4,9 % anunciado por el INDEC —festejado en el Palacio de Hacienda como si hubiera sido un gol de Messi— vayan a repetirse. Cual se ha insistido hasta el cansancio en esta newsletter, el propósito que anima al ministro de Economía es salvar del descenso a la administración de la que forma parte. Pensar que puede considerar seriamente que tiene posibilidades de reemplazar a Alberto Fernández a finales del año que viene y mantenerse en el poder, es no entender a qué juega el ex–intendente de Tigre. Le sobra sagacidad para creer que los milagros resultan posibles en materia política.

4- Los números que ha mostrado el último informe del Observador Social de la UCA (Universidad Católica Argentina) ponen al descubierto que la pobreza y la indigencia que acusa nuestro país siguen siendo lacerantes, de la misma manera que con el fin de disimular el síntoma —y no de atacar las causas del mal— el kirchnerismo habrá gastado unos U$$ 7.000 millones a finales del presente años, destinados a los movimientos sociales.

5- En cuanto a la principal coalición opositora, de nada ha servido ese ridículo protocolo de no agresión consensuado por Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich un par de semanas atrás. Todo sigue igual entre ellos por la sencilla razón de que uno y otro, con entera legitimidad, aspiran a ganar las internas abiertas de la bandería que les es común, para luego apuntar a Balcarce 50. La lógica indica que, si Mauricio Macri no compitiese, la pulseada entre el jefe de Gobierno de la Capital y la presidente del PRO escalará sin solución de continuidad. La idea de que, en aras de no aparecer ante la ciudadanía como perro y gato, los dos contendientes se portarán como niños obedientes y sus respectivas campañas estarán dirigidas por carmelitas descalzas, es una tontería. Ni hablar si el ex–presidente decidiese competir en las PASO. En ese escenario —que no debería descartarse— la necesidad de diferenciarse hará que Juntos por el Cambio experimente una disputa a la que no están acostumbrados sus dirigentes y seguidores.

En resumidas cuentas, nada nuevo hay bajo el sol en la República Argentina. La obtención de la Copa que otorga la FIFA no modificó nada. Le permitió a una sociedad sufrida sentirse ganadora por un par de días. Nada más. Pero ni la gente del común estará mejor cuando lleguen las Fiestas, ni la clase política habrá perdido sus vicios congénitos a la hora de festejar el Año Nuevo. Hasta la próxima semana y muy Feliz Navidad.

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