Lecturas. Gabriel García Moreno y fray Mamerto Esquiú

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Gabriel García Moreno fue un digno representante de los hombres públicos de estos nuevos países americanos, comparable a Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento o Nicolás Avellaneda en algunas de sus facetas como las de político, periodista, escritor, militar, poeta, abogado y estadista.

Nació en Guayaquil un 24 de diciembre de 1821 y falleció asesinado en Quito el 6 de agosto de 1875; ocupó dos veces la presidencia de la República y, electo para una tercera, su nombre desató encontradas reacciones, tanto por su acendrada religiosidad como por su forma de gobierno.

El bicentenario de su natalicio ocurrió en plena pandemia y por eso el Congreso Internacional celebrado en aquella capital, organizado por el Colegio de América -sede Latinoamericana (Quito)- y el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II (Madrid), con el auspicio de la Universidad Andina Simón Bolivar y la adhesión de la Academia Nacional de la Historia, la Academia de Historia Eclesiástica del Ecuador y la sección nacional del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, reunió a destacados especialistas.

Nuestro país estuvo representado por el doctor Horacio Sánchez de Loria Parodi, abogado, docente universitario, miembro numerario de la Academia Nacional de la Historia y de otras numerosas entidades académicas de Iberoamérica. Su ponencia sobre “El ultramontanismo en el Río de la Plata” ampliada y con una introducción, ha sido publicada recientemente por el Estudio Mil Palabras en una cuidada edición, que lleva además a pesar de las pocas (80) páginas un índice onomástico, costumbre fuera de uso últimamente y pero de notable utilidad que nos congratula mencionar.

Seguramente para los lectores resultará de interés la presencia de fray Mamerto Esquiú en Guayaquil desde el 24 de febrero al 6 de mayo de 1873. Su presencia en esas tierras obedecía a que había renunciado al arzobispado de Buenos Aires “huyendo del halago de la mitra” en la que definió “peregrinación amarga y triste”.

En aquella ciudad, a poco de llegar cayó enfermo pero -a pesar de la asistencia- sufrió una recaída que lo postró casi un mes. Allí se liberó de la pesadumbre que lo aquejaba al conocer la noticia de que su renuncia había sido aceptada; predicó unos sermones que tuvieron gran repercusión y al saberse que el sencillo y humilde fraile era nada más ni nada menos que el dimitente arzobispo electo de Buenos Aires fue visitado por el deán de la Catedral y otros conspicuos personajes.

En esos días Esquiú, cobró cabal dimensión de la figura de García Moreno y para el “su memoria no se borrará jamás entre los que aman la causa de la Iglesia” y dejó este retrato: “Allí hemos visto fundarse colegios y escuelas por el gobierno y entregar con noble y generosa confianza aquellos a los padres de la Compañía de Jesús y éstas a los hermanos de las Escuelas cristianas, hemos visto en esa sola ciudad dos hospitales costeados por el gobierno y librados al cuidado de las Hermanas de la Caridad y de los Padres Redentoristas, hemos visto que en tiempo de cuaresma se predicaba en la cárcel y cuarteles, e iban confesores allí a petición de las autoridades civiles para que cumplan con los deberes religiosos los soldados u encarcelados que voluntariamente quisieran hacerlo. He ahí una muestra de lo que puede y debe hacer un gobierno católico con más economía y con más fruto de lo que hoy se hace entre nosotros y sin que la Iglesia pierda su independencia, ni otros cultos puedan quejarse intolerancia”. Como se ve es una crítica a la situación argentina con el presidente Sarmiento y el ministro Avellaneda.

Muchos años antes desde Sucre, fray Mamerto en setiembre de 1868 opinaba sí sobre Ecuador y el gobierno de García Moreno: “Mucho tiempo hace que tenemos formada la idea de que la República de Ecuador es la primera entre las repúblicas hispanoamericanas que trata seriamente de volver a la fe de nuestros padres, tan lacerada en todas por el espíritu revolucionario que acompañó a nuestra emancipación política. En todas ellas, con excepción de Chile, se pensó que no era perfecta la independencia de la antigua metrópoli si al mismo tiempo no se desconocía toda otra autoridad en el orden religioso y los nuevos gobiernos no asumían todo derecho aún el eclesiástico. La República del Ecuador es en lo presente una noble excepción en la marcha de las repúblicas hispanoamericanas, éstas siguen todavía haciendo alarde de esa omnipotencia de autoridad que ha producido tantos tiranos y tantas revueltas. Animado el Ecuador de ese noble espíritu dio franca hospitalidad a las comunidades religiosas expulsadas por el furor anticristiano…”.

No deja en su estudio, Sánchez de Loria, de mencionar a otro argentino, Carlos Octavio Bunge, uno de los detractores de García Moreno, al que trató como un fantasma de otro tiempo.

El pequeño volumen refleja en acabada síntesis y con amena pluma al personaje y a las ideas en nuestro medio, y quizás -a modo de comparación- esa frase de Miguel Cané “nuestros padres eran solados, poetas, artistas, nosotros somos mercachifles y agiotistas” nos debe hacer reflexionar al presente.


Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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