María Elena, la hermana poco conocida de José de San Martín

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Don Juan de San Martín y doña Gregoria Matorras casaron en la iglesia de la Merced de Buenos Aires el 1º de octubre de 1770. Ambos pertenecían a familias de modesta hidalguía, oriundas de dos aldeas de la región castellano-leonesa Cervatos de la Cueza y Paredes de Navas, distantes apenas 20 kilómetros. Eran grandes para los cánones de la época: él tenía 42 años y ella 32, cuando habitualmente la mujer contraía matrimonio entre los 15 y los 20 y el varón como mucho a los treinta. Procrearon cinco hijos mientras él llenaba la delicada tarea de administrar los bienes confiscados a los padres jesuitas en 1767 con motivo de su expulsión, primero en la estancia de Las Vacas, cerca de Carmelo, en la Banda Oriental, y finalmente en Yapeyú, Corrientes.

Don Juan de San Martín y doña Gregoria Matorras casaron en la iglesia de la Merced de Buenos Aires el 1º de octubre de 1770. Ambos pertenecían a familias de modesta hidalguía, oriundas de dos aldeas de la región castellano-leonesa Cervatos de la Cueza y Paredes de Navas, distantes apenas 20 kilómetros. Eran grandes para los cánones de la época: él tenía 42 años y ella 32, cuando habitualmente la mujer contraía matrimonio entre los 15 y los 20 y el varón como mucho a los treinta. Procrearon cinco hijos mientras él llenaba la delicada tarea de administrar los bienes confiscados a los padres jesuitas en 1767 con motivo de su expulsión, primero en la estancia de Las Vacas, cerca de Carmelo, en la Banda Oriental, y finalmente en Yapeyú, Corrientes.

Al momento del casamiento, según el acta, el contrayente se encontraba ausente y manifestó su voluntad por el poder que le había otorgado al capitán de Dragones de la Plaza de Buenos Aires don Juan Francisco Somalo. La ceremonia fue presidida por el obispo de Buenos Aires, Manuel Alberto de la Torre, y firmaron como testigos entre otros el deán de la catedral, José de Andújar, y los presbíteros Juan Rodríguez Cisneros y Antonio de la Torre.

Fue en aquella estancia donde nació la primogénita y única mujer de los cinco hijos que procreó el matrimonio, el 18 de agosto de 1771, y sus hermanos Manuel Tadeo en 1772 y Juan Fermín en 1774. Tenía 13 años cuando la familia pasó a España.

Fallecido don Juan de San Martín el 4 de diciembre de 1796, el 8 de junio del año siguiente, la viuda -sin recurso alguno ni la ayuda que le correspondía en virtud de la reglamentación vigente-, se dirigió al Rey solicitando una pensión graciable de 300 pesos anuales en socorro en sus necesidades. En ese momento sus cuatro hijos varones servían en el ejército Real. El 3 de junio de 1806, doña Gregoria, que residía en Madrid desde el año anterior, ya beneficiada con una suma de 175 pesos por vía de limosna anual, solicitó al monarca que a su fallecimiento esa suma le fuera transferida a su hija María Elena.

Para esto María Elena había casado el 10 de diciembre de 1802 con Rafael González Menchaca, natural de Barcelona, empleado de la Hacienda, tras lo cual se radicaron en Orense y luego en la capital del reino. De ese matrimonio sabemos que nació una hija, Petronila, a la que junto con su madre el general San Martín las recordó en la cláusula segunda de su testamento al encargarle a su hija Mercedes que le suministrara a María Elena una pensión de mil francos anuales y, a su fallecimiento, a su hija una de 250 hasta su muerte, “sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta mi voluntad”.

Iglesia de San Sebastián de Madrid.

Fue María Elena la que avisó a su hermano José Francisco la muerte de su madre, acaecida en Orense el 29 de marzo de 1813. El texto de la carta es el siguiente: “No sé si esta carta que después de tantos años de silencio te dirijo, llegará a tus manos tan pronto como yo quisiera pues ignoro si vives en Buenos Aires -ciudad a la que tengo tan presente en mis recuerdos de niña- o si andarás en campaña contra los enemigos de la libertad de esa patria tan digna de ser dichosa. No son buenas las noticias que tengo que darte; pues terminó mal el invierno para nosotros y empezó peor la primavera. Nuestra venerada madre nos venía dando mucho de temer durante todo el invierno último por el mal estado de su salud. Pero decíamos esperanzados: si pasa la estación de los fríos, seguramente la primavera le será favorable y se recuperará bastante, como para traerla con nosotros a Madrid… Por razones que sería larga explicarte ella estaba en Galicia, en la villa de Orense, rodeada de muchas relaciones y gente buena. Allí es donde ha muerto, el lunes 29 de marzo, dos días y dos semanas después de su último cumpleaños, que fue el 12, como recordarás, y en que enterró los setenta y cinco de su trabajada edad. Sus restos fueron sepultados en el Convento de Santo Domingo con todos los honores. Aunque podías esperar este fallecimiento, no por eso dejarás de sentir mucha pena. Yo, tu hermana mayor, querría encontrarme cerca de ti en estos momentos. Pero tendrás un ángel que te consuele en Remedios, tu esposa, a quien considero como una especie de hada con que Dios ha querido alegrar tu camino. Yo no obstante vivir en España, siento como americana y digo que toda América merece la independencia. No tengo duda de que nuestra madre sentía lo mismo que yo”.

Esta carta nos revela que existía relación epistolar entre los hermanos ya que estaba en conocimiento del casamiento de José con Remedios en setiembre del año anterior. A pesar de haber nacido en la Banda Oriental ella conservaba un especial recuerdo de Buenos Aires, la que había habitado con sus hermanos desde mediados de 1779 a 1784. Y finalmente, que conocía el plan de vida del futuro Libertador y compartía su idea de la independencia, calculando que era de la misma opinión doña Gregoria.

María Elena fue la compañera de su madre y ella en su testamento dejó constancia que “valiéndome de lo que en derecho me permite, lego y mando a la precitada mi hija, por vía de mejora o como hubiese lugar, el tercio y remanente del quinto de los bienes y caudal que a la sazón de mi fallecimiento hubiese, y me puedan corresponder, cuya mejora se la señalo y consigno en los mismos créditos de préstamos que hizo el mencionado mi marido, que aún se hallen sin cobrar al tiempo que yo fallezca”.

Doña Elena testó en Madrid el 2 de noviembre de 1846 ante el notario Juan Francisco Morcillo y declaró ser “natural de la ciudad de Buenos Aires en América”, a pesar de su nacimiento en la Banda Oriental. Declaró “ser viuda del coronel don Rafael González de Menchaca”. María Elena falleció el 22 de junio de 1853 y fue sepultada en la iglesia de San Sebastián de Madrid; su hija Petronila dejó este mundo el 12 de enero de 1880 y fue enterrada en el mismo templo que su madre.

En esa iglesia descansa también el dramaturgo Lope de Vega, se casó Gustavo Adolfo Becquer, se hicieron los funerales de Miguel de Cervantes y del músico italiano Luiggi Boccherini, y fueron bautizados Tirso de Molina, Leandro Fernández Moratín y Jacinto Benavente, lo que la hace un lugar con historia. El antiguo templo ubicado en la calle de Atocha fue destruido en la noche del 19 al 20 de noviembre de 1936 por una bomba de la aviación durante la guerra civil. Fue restaurado por el arquitecto Francisco Iñíguez Almech entre 1953 y 1959, cambiando la orientación del edificio, dejando la antigua torre que es de las más altas de Madrid. En 1969 fue declarado con categoría de monumento Bien de Interés Cultural.

Vaya este recuerdo que hace a la vida familiar del Libertador y a su única hermana mujer, no siempre recordada.


El autor es historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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