Francisco advierte a Oriente y Occidente contra “visiones despóticas, imperialistas, nacionalistas y populistas”

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El papa Francisco advirtió tanto a Oriente como a Occidente por las “amargas consecuencias” para la humanidad “si se persiste en la firme imposición de los propios modelos y de las propias visiones despóticas, imperialistas, nacionalistas y populistas”, en otro llamamiento a la paz en un mundo convulsionado con tensiones al máximo desde que a finales de febrero el Ejército ruso invadió Ucrania.

Durante su viaje por Báhrein, el Pontífice consideró “infantil” el comportamiento belicista de las potencias cuando en el mundo hay una “injusticia escandalosa”, al encabezar un encuentro interreligioso con un discurso en el que llamó a un acercamiento entre Occidente y Oriente y en el que también pidió al mundo no olvidar la “brecha en constante y dramático crecimiento” entre Norte y el Sur y reclamó a países del Golfo Pérsico “el reconocimiento de la mujer en el ámbito público”.

El jefe de la Iglesia católica vaticinó un apocalíptico futuro para el planeta “si no nos interesamos en la cultura de los demás, si no se escucha el clamor de la gente común y la voz de los pobres, si no se deja de distinguir de modo maniqueo quién es bueno y quién es malo, si no nos esforzamos por entendernos y colaborar por el bien de todos”.

En el segundo día de su visita al reino árabe, Francisco volvió a insistir con mensajes que apuntan no solo a la monarquía local y al Golfo Pérsico, sino que buscó un contenido universal con una férrea oposición a la venta de armas y un renovado pedido por la paz, al tiempo que fue un testigo de una histórica apertura al diálogo del Islam sunita hacia el chiita y que calificó como “muy valiente”.

“Deseamos que las disputas entre Oriente y Occidente se resuelvan por el bien de todos, sin desviar la atención de otra brecha en constante y dramático crecimiento, la que se da entre el Norte y el Sur del mundo”, pidió este viernes el pontífice al intervenir en el evento sobre la “coexistencia humana” del que participó en el Palacio Real de Sakhir del reino árabe.

En su discurso, Francisco deseó así “que la aparición de los conflictos no haga perder de vista las tragedias latentes de la humanidad, como la catástrofe de las desigualdades, por la que la mayor parte de las personas que pueblan la tierra experimenta una injusticia sin precedentes, la vergonzosa plaga del hambre y la calamidad de los cambios climáticos, signo de la falta de cuidado hacia la casa común”.

El Papa llegó el jueves a Bahréin para una visita de cuatro días al país de mayoría musulmana durante la que busca estrechar los lazos con el mundo islámico y dar mensajes de paz y por los derechos sociales desde el Golfo Pérsico.

“Lamentablemente, Oriente y Occidente se asemejan cada vez más a dos mares contrapuestos”, lamentó Francisco para enmarcar su discurso.

“Nosotros, en cambio, estamos aquí reunidos porque queremos navegar en el mismo mar, eligiendo la ruta del encuentro y no la del conflicto, la vía del diálogo indicada por este foro”, contrapuso luego.

Bahréin, gobernada por una monarquía de la rama sunnita del Islam, tiene sin embargo una población mayoritariamente chiíta que ha denunciado encarcelamientos y persecuciones de parte de las autoridades, especialmente tras la época de la denominada Primavera Árabe de 2011.

Este viernes, uno de los aliados del Papa y considerado la máxima autoridad sunita del mundo, Ahmed el-Tayeb, convocó a los chiitas a “superar los conflictos históricos” entre las dos ramas del Islam en un histórico gesto de apertura que fue luego resaltado por el Pontífice en una reunión privada que mantuvieron.

En una visita que tiene como marco las tensiones mundiales expuestas tras la guerra en Ucrania, Francisco afirmó también que “después de dos terribles guerras mundiales, después de una guerra fría que durante décadas tuvo al mundo en vilo, en medio de tantos conflictos desastrosos en todas partes del globo, entre voces de acusación, amenaza y condena, nos encontramos aún tambaleantes en el borde de un equilibrio frágil, y no queremos desplomarnos”.

“Llama la atención una paradoja: mientras la mayor parte de la población mundial está unida por las mismas dificultades, afligida por graves crisis alimentarias, ecológicas y pandémicas, así como por una injusticia planetaria cada vez más escandalosa, algunos poderosos se concentran en una lucha decidida por intereses particulares, desenterrando lenguajes obsoletos, redefiniendo zonas de influencia y bloques contrapuestos”, criticó el Papa.

“Parece que estamos presenciando un escenario dramáticamente infantil: en el jardín de la humanidad, en vez de cuidar del conjunto, se juega con fuego, misiles y bombas, con armas que provocan llanto y muerte, llenando la casa común de cenizas y odio”, lamentó Francisco.

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