Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro, dos líderes fuertes y absolutamente antagónicos, se miden este domingo en la segunda vuelta de las elecciones más reñidas de la historia reciente de Brasil, y donde en palabras del dos veces expresidente está en juego “la democracia y la supervivencia de la Amazonía” y, según el mandatario ultraderechista, “la vuelta del comunismo y de la corrupción”.
Tras una de las campañas más violentas que se recuerden, los sondeos dan como favorito a Lula con el 49% de intención de voto frente al 44 de Bolsonaro, pero el alcance de la contienda electoral en el gigante sudamericano tendrá consecuencias en toda la región, en donde gobiernos de centro izquierda y centroderecha miran con expectativas hacia dónde se inclina la balanza.
La agresiva campaña del excapitán del Ejército contra las encuestas y el hecho de que se equivocaran groseramente con él en el primer turno han generado una incertidumbre inusitada sobre los resultados.
También cabe esperar un efecto de última hora positivo para Bolsonaro tras los miles de millones de dólares en ayudas sociales que prometió en las últimas semanas que distribuirá si es reelecto.
#Segurança 🖥️ @TSEjusbr realiza cerimônia de verificação dos sistemas eleitorais de 2022. Evento, que contará também com a emissão do relatório zerésima, será neste sábado (29/10), véspera do 2º turno do pleito, a partir das 11h, no próprio Tribunal: https://t.co/gnEJYkrMH2 pic.twitter.com/GmgHSyCE5B
— TSE (@TSEjusbr) October 27, 2022
A este contexto hay que sumarle las dudas sembradas por el actual mandatario sobre la fiabilidad del sistema de urnas electrónicas usado en el país desde 1996, lo que desató el temor fundado dentro de la oposición de que no acepte una eventual derrota -si es ajustada- y que eso genere enfrentamientos en las calles.
Un exobrero y un exmilitar
Lula, de 77 años, es un exobrero metalúrgico que gobernó exitosamente Brasil entre 2003 y 2010, con sus programas sociales reconocidos internacionalmente por sacar a decenas de millones de personas de la pobreza gracias al “boom” de las materias primas.
Figura central de la política brasileña del último medio siglo, el patriarca de la izquierda, del Partido de los Trabajadores (PT), ingresó en 2018 en la cárcel tras ser condenado por corrupción, lo que le inhabilitó para presentarse a las elecciones que ganó Bolsonaro.
Sin embargo, un año y medio más tarde renació políticamente al ser liberado porque su condena quedó anulada por una cuestión procesal (la veintena de casos abiertos en su contra o bien fueron anulados o el exmandatario fue absuelto).
Si este domingo gana, se convertirá en el primer brasileño en ser electo en tres ocasiones y en el más veterano en asumir el cargo.
Fila de brasileiros votando no Japão. pic.twitter.com/yVG0P8MYP7
— Blog do Noblat (@BlogdoNoblat) October 2, 2022
Bolsonaro, de 67 años y del Partido Liberal (PL), es un abierto nostálgico de la dictadura militar que ejerció durante 27 años como diputado federal en Brasilia. En 2018 llegó por sorpresa a la presidencia como un “outsider” de la política y paladín de la lucha anticorrupción aupado por una heterogénea coalición de evangélicos, ruralistas y militares con el lema “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”.
Dueño de una retórica incendiaria contra la izquierda y la ideología de género y a favor de armar a los brasileños, protagonizó varias crisis en su primer mandato.
Entre ellas su enfrentamiento con parte de la comunidad internacional por los disparados índices de deforestación e incendios en la Amazonía derivados, según los ambientalistas, de su política a favor del avance del agronegocio o su cuestionada gestión de la pandemia del coronavirus, que dejó casi 700.000 muertos, en la que hizo campaña contra las cuarentena y demoró en comprar vacunas.
Guerra sucia digital
Nadie dudaba de que un duelo entre dos polos tan alejados caldearía los ánimos y llevaría a una campaña violenta, que dejó tres muertos, todos seguidores de Lula. Pero pocos esperaban tal nivel de juego sucio a base de noticias falsas, insultos, manipulaciones e intimidaciones entre ambas campañas digitales, especialmente en la segunda vuelta, pese a los esfuerzos de la justicia electoral por contenerlos.
El exmandatario rozó la victoria en primera vuelta, el 2 octubre, con el 48% de los votos, una cifra ajustada a lo que pronosticaban los sondeos. Bolsonaro, sin embargo, sorprendió con un 43 %, entre siete y ocho puntos porcentuales más de lo que le atribuían.
Ese día las urnas dejaron un país partido. Tanto Lula como Bolsonaro consiguieron un volumen similar de apoyos entre los otros candidatos, los gobernadores de los estados y distintas personalidades.
La justicia electoral quema sus últimos cartuchos ante la avalancha de noticias falsas en Brasil
Lula lidera entre las mujeres, los negros, los católicos y los más desfavorecidos, especialmente en la región nordeste, mientras que Bolsonaro domina en las clases medias y los ricos, los evangélicos y en los potentes estados del sur y los estados agrarios del centrooeste.
Ambos empatan entre los hombres y en los estados del sudeste, donde están los tres principales colegios electorales del país (Sao Paulo, Minas Gerais y Rio de Janeiro).
Este domingo, los brasileños escogerán también a los gobernadores de 12 estados que no lograron decidir en primera vuelta, entre ellos Sao Paulo, motor económico de Brasil, que vivirá un choque a pequeña escala entre el candidato bolsonarista, el exministro de Infraestructura Tarcísio de Freitas, y el lulista Fernando Haddad, exministro de Educación y exalcalde paulista.
