Con Gómez Alcorta se van Moroni en Trabajo y Zabaleta en Desarrollo Social

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La renuncia de la ahora exministra de Mujeres y Género, Elizabeth Gómez Alcorta, aceleró la renuncia del ministro de Trabajo, Claudio Moroni, uno de los últimos bastiones del presidente Alberto Fernández en el gabinete, pero también la del de Desarrollo Social, el exintendente de Hurlingham Juan Zabaleta.

Muy desgaastado, Moroni tenía decidido dejar el cargo en diciembre por “motivos personales”, pero los últimos acontecimientos políticos, relacionados con la represión a la toma de tierras en Villa Mascardi, en Bariloche, y la renuncia de la ministra de Elizabeth Gómez Alcorta el viernes, aceleraron los tiempos, según fuentes consultadas por este medio en la Casa Rosada.

En el gobierno ahora se analiza una lista de reemplazantes para los dos funcionarios, en particular para Moroni, que fue fuertemente cuestionado por su actuación durante el conflicto entre las empresas y el sindicato del Neumático.

(Moroni es entre los ministros, probablemente, el de mayor confianza de AF: compartieron gestiones públicas en el pasado por su estrecha relación -superintendencia de Seguros, por ejemplo-, pero también en la actividad privada).

Tampoco se conoce con exactitud si el puesto de Gómez Alcorta será ocupado por una ministra, para resguardar ese espacio a las políticas del ramo, que en medio de un gobierno acosado primero por la pandemia de coronavirus y siempre por las notables diferencias políticas entre el Presidente y la vice, Cristina Kirchner, se encamina al último año de mandato.

El eje político del Ejecutivo pasa, desde el intento de asesinato de CFK, el último 1° de septiembre, por ella y el ministro de Economía, Sergio Massa.

En el Frente de Todos se produjo esta semana otro encuentro decisivo. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner Sergio Massa volvieron a verse las caras personalmente en un almuerzo secreto. El Presidente, en tanto, tiene el diálogo interrumpido con ella.

El jefe del Palacio de Hacienda, que logró remontar la dura pendiente de la crisis cambiaria con el “dólar soja”, además de obtener dos “waivers” este viernes del FMI para que apruebe la segunda revisión del acuerdo firmado en marzo por Martín Guzmán, compartió un almuerzo esta semana en la oficina de la presidencia del Senado.

Fueron testigos de esa reunión el Ministro del Interior, “Wado” de Pedro; el senador Oscar Parrilli, y el encuestador Alfredo Serrano Mancilla, entre otros, fueron sorprendidos por ese mano a mano de quienes se suponía estaban peleados.

La alianza táctica entre ambos (“no los une el amor sino el espanto”, parafraseando a Jorge Luis Borges) discurre entre varias necesidades: la primera, llegar al final del mandato; luego, reconstruir una herramienta electoral electoral que le dé alguna posibilidad al Frente de Todos: de máxima de conservar el poder con otro formato -nadie debería dar por muerto ninguna cara de origen peronista, ni aún hoy y sobre todo teniendo en cuenta las enormes dificultades de articulación de la oposición- y de mínima, retener en la resistencia a la provincia de Buenos Aires.

Para cualquiera de las dos alternativas Cristina cuida su posicionamiento, como cuida los “huevos políticos” de su sector, liderado por su hijo, Máximo Kirchner.

Sobre la inflación de los alimentos hace pocos días tuiteó. “Es necesaria una política de intervención más precisa y efectiva”, y apuntó que las empresas de ese sector “han aumentado muy fuerte sus márgenes de rentabilidad”.

CFK posteó su opinión en redes tras conocerse los índices de pobreza e indigencia y se interpretó como la primera marca en la cancha de Massa desde que asumió.

Entretanto, el directorio del Fondo aprobó un giro de US$ 3800 millones para el país y dio una señal de que otro desembolso, por US$ 5700 millones, previsto para fines de este año, está encaminado, una inyección de divisas que servirá para afrontar los pagos de la deuda externa, sostener las reservas y aliviar la presión sobre la cotización del dólar.

Sin embargo, alertó también que la economía enfrenta riesgos “muy elevados” que además aumentarán a medida que se acerquen las elecciones presidenciales el año próximo.

Este sábado se anunció que el Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI) será eliminado pero nace el Sistema de Importaciones República Argentina (SIRA), mecanismo que estará en vigencia desde el 17 de octubre. Otro logro de Massa.

La medida promete que haya una mejor trazabilidad y la inclusión de una fecha estimada para el giro de divisas, afirman en Economía. La brutal escasez de divisas se hace más acuciante cada día en medio de una inestabilidad política que derrumba -a veces antes de empezar- cualquier intento de ordenamiento.

Casi dedicado a gestiones administrativas y protocolares, Fernández solo espera el día de entregar la banda presidencial a su sucesor: hoy no es posible anticipar ni a quién, ni cuándo, ni en qué condiciones.

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