Con un 48% de las mesas escrutadas a nivel nacional, el Servicio Electoral de Chile (Servel) informó que 62,55% de los ciudadanos votó por el rechazo a la reforma de la Constitución “pinochetista” de 1980 mientras que 37,45% lo hizo por el “Apruebo”.
La jornada fue larga y estuvo marcada por una gran participación ciudadana desde temprano, cuando los ciudadanos comenzaron a acudir a los locales de votación.
El gobierno evaluó positivamente la jornada, tanto en la participación como en la logística y en el transporte público y el funcionamiento de las instituciones involucradas durante el proceso.
Por su parte, el presidente Gabriel Boric, luego de emitir su voto en Magallanes, reiteró que cualquiera fuera el resultado de la consulta, iba a convocar a una “amplia unidad nacional”.
“Puedo garantizar de que nuestra voluntad y nuestra acción, independiente de cual sea el resultado, será convocar a una amplia unidad nacional de todos los sectores, de las organizaciones, de la sociedad civil y de los partidos políticos”, indicó.
Aproximadamente 30 minutos después del cierre de mesas se conoció, además, que el primer mandatario convocó a todos los partidos a una reunión para este lunes en La Moneda con objeto de “dar continuidad al proceso constituyente”.
Las primeras alarmas en el “Apruebo” se prendieron a las 19.35 cuando el senador del PS, Fidel Espinoza , tuiteó una crítica a la convención junto a una foto de una mesa donde ganaba el Rechazo: “Háganse responsables los señores convencionales de esta debacle”, indicó.
En tanto, a esa misma hora, en la derecha ya comenzaban a preparar la celebración del resultado electoral y a las 20 otro representante del oficialismo se sumó a reconocer la derrota: el senador del PPD Jaime Quintana admitió que la ciudadanía se había manifestado “de forma categórica: la propuesta de nueva Constitución no logró convencer a la mayoría de Chile”.
De esta manera, seguirá rigiendo la Constitución que se estableció en 1980 durante el régimen de facto de Augusto Pinochet y que durante cuatro décadas ha estado vigente, a pesar de que fue reformada en numerosas ocasiones durante la transición democrática.
No obstante, tanto el oficialismo como otras fuerzas políticas que impulsaron el proceso de redacción de la nueva Carta Magna anticiparon que insistirán en su reforma, ahora con la facilidad de que alcanzarán cuatro séptimos de los votos en el Congreso para hacerlo en lugar de los dos tercios, como hasta ahora.
