Elecciones en Brasil: Lula superó a Bolsonaro por escaso margen y habrá segunda vuelta

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Los dos máximos candidatos en las elecciones de Brasil, el presidente que busca la reelección, el ultraderechista Jair Bolsonaro, y el centroizquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, protagonizarán el próximo 30 de octubre una segunda vuelta electoral tras el primer lugar del exmandatario por escaso margen en las elecciones realizadas este domingo, según los datos oficiales una vez escrutados el 99,99 por ciento de los votos.

Luego de contar 156.444.748 sufragios, Lula consiguió el 48,43% y Bolsonaro quedaba en 43,20%. Cuando se difundieron los primeros resultados, la distancia era de casi ocho puntos porcentuales a favor del jefe de Estado pero la brecha se achicó minuto a minuto y el líder opositor pasó al frente cuando en el sistema comenzaron a cargarse las mesas electorales de estados favorables al Partido de los Trabajadores (PT).

Bolsonaro realizó una elección mucho mejor de la que habían pronosticado todas las encuestadoras, que ponían a Lula al borde un triunfo en la primera vuelta y al mandatario -en promedio- a diez puntos de distancia del exsindicalista metalúrgico.

Con menos del 10% de los votos aparecen el resto de los candidatos, cuyos votos ahora serán claves para inclinar la balanza en el ballottage. La senadora Simone Tebet, del Movimiento de la Democracia Brasileña del expresidente Michel Temer (2011-2016), tuvo 4,16%; Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), lograba el 3,04%; Soraya Thronicke, de Unión Brasil, apenas el 0,51%, pegada al 0,47% de Felipe D’Avila de Novo. El resto de los cinco postulantes no llegaba al 0,1%.

Como ningún candidato llegó a la mitad más una de los sufragios, habrá una segunda vuelta electoral entre los dos votados, lo que aumentará la polarización entre Bolsonaro y Lula para el próximo domingo 30 de octubre.

No se registraron incidentes serios, a pesar del clima de violencia política en la previa, con asesinatos en las últimas semanas, que hizo que el planeta girara su vista este domingo a Brasil: en esta jornada de trascendencia mundial e histórica se define el rumbo de la principal economía de América Latina.

El presidente del Tribunal Superior Electoral, Alexandre de Moraes, pidió ir a votar “en paz” y determinó que no se puede entrar a las cabinas de votación con teléfonos celulares ni con armas reglamentarias, lo que muestra el clima de crispación que existe en Brasil.

Bolsonaro realizó denuncias de fraude sin pruebas y afirmó que aceptaría el resultado “solo si hay elecciones limpias”. Así, Brasil queda en una inédita tensión impulsada por la extrema derecha tras haber flexibilizado las normas para adquirir armamento de la población civil. El espejo devuelve la imagen del Capitolio tomado por seguidores de Donald Trump en 2021.

Encuestas en Brasil

Según la encuestadora Datafolha, el 35% de los electores dijeron sentirse incómodos para declarar su voto a otras personas por temor a violencia o conflictos entre sus seres queridos. Es que tres bolsonaristas mataron desde julio pasado a electores del PT por cuestiones políticas.

El Partido Liberal de Bolsonaro divulgó el jueves pasado un supuesto informe técnico en el que recomienda sugerencias para evitar fraude en las urnas electrónicas. La justicia electoral lo rechazó por “mentiroso y provocador”.

El PT, por su parte, tuvo que suavizar los festejos que preparaba para la noche porque existía la posibilidad, según algunas encuestas, de que Lula, a los 76 años, pudiera convertirse en presidente si cosechaba más del 50% de los votos.

“Si no gano con el 60% el domingo es porque hubo algo raro”, había disparado Bolsonaro hace dos semanas y no se rectificó.

Tras la cárcel, Lula intenta el “triplete”

Es la novena elección presidencial de la historia desde el final de la dictadura militar (1964-1985) y la sexta en la que participa Lula (1989, 1994, 1998, 2002, 2006 y 2022) teniendo en cuenta que en 2018 estuvo registrado, pero luego fue no pudo presentarse por tener una condena por la que estuvo en prisión 580 días por la “Operación Lava Jato”, escándalo que permitió el ascenso a gran velocidad de Bolsonaro hace cuatro años como estandarte de la antipolítica y de un discurso contra la izquierda, e inclusive a favor de la dictadura militar y la tortura ejercida a presos políticos.

El Supremo Tribunal Federal determinó por mayoría la anulación de los procesos contra Lula al considerar parciales por manipulación y persecución política las causas encabezadas por el fiscal Deltan Dallagnol y al juez Sérgio Moro.

El gran golpe de efecto de su campaña fue elegir como vice al conservador Geraldo Alckmin, exgobernador de San Pablo por cuatro mandatos y antiguo rival en los comicios de 2006, en el marco de un discurso para “reconstruir a Brasil” de la crisis económica generada por el modelo de apertura económica del bolsonarismo.

Pero la elección no es apenas la polarización entre Lula y Bolsonaro, ya que además puede devolver al gobierno al PT, que estuvo 13 años en el poder hasta que fue derrocada en un juicio político la presidenta Dilma Rousseff (2011-2016).

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