Auge (¿y caída?) de Moyano: en qué consiste su enorme poder y cuál es su principal debilidad

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El líder de la CGT acumuló un poder desmesurado. Tanto, que quienes lo atacan aseguran que sus ofensivas se llevaron al propio Néstor Kirchner. La aversión de la Presidente. La contraofensiva del moyanismo y un futuro cargado de acechanzas también para él, que todo lo abarca.

Por Julio Villalonga *

Hugo Moyano se enteró de la muerte de Néstor Kirchner y de inmediato hizo dos cosas: la primera, intentó comunicarse telefónicamente con Cristina; la segunda, llamó a Julio Piumato para convocar a una reunión de urgencia de la cúpula de la CGT. En el primer caso no tuvo éxito; en el segundo, el encuentro, según se hizo público con rapidez, se organizó para las 15 de aquel convulsionado miércoles 28 de octubre.

Moyano quiso que se supiera que reunía a la conducción cegetista para el primer homenaje de todos a Kirchner, cuando aún el cuerpo del ex primer mandatario no había salido siquiera del living de su residencia en El Calafate. Y no quiso que se filtrara que la Presidente no le había antendido el teléfono.

La reconstrucción de las horas previas al fallecimiento de Kirchner indican que mantuvo una fuerte discusión con Moyano. Incluso hubo quienes dieron el paso siguiente y aseguraron que la muerte del ex presidente se debió a ese último enfrentamiento.

Moyano registró que una ofensiva en su contra se había disparado desde el mismo momento en que Kirchner fue dado por muerto por los médicos del hospital de El Calafate. Son muchos y de diverso origen los “heridos” que ha venido provocando su ascenso. Y la ofensiva disparó, muy rápido, su contraataque. En la rueda de prensa posterior a la reunión del comité ejecutivo de la central obrera aseguró que la desaparición física de Kirchner había sido un “golpe durísimo” y que “después de Perón y de Eva Perón nadie le dio tanto a los trabajadores” como el ex presidente.

“Hoy es un día de recogimiento donde la inmensa mayoría de nuestro pueblo y, en particular quienes acompañamos a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández de Kirchner, hemos recibido un golpe durísimo con la pérdida de un hombre que realmente va a ser reconocido en muy poco tiempo como uno de los hombres que trascendió la política argentina”, sostuvo. Además, en ese mismo momento Moyano inició el operativo para convocar a sus seguidores a la Plaza de Mayo para rendirle tributo al ex presidente. “Convocamos para mañana (29) a las 12 a una concentración en homenaje del compañero Néstor Kirchner”. El acto no sería cegetista sino una larguísima hilera de sufrientes de distinto orígen, en el que los convocados por la CGT se diluyeron.

La hiperactividad del líder de los camioneros fue considerada por muchos como una sobreactuación. Y las horas siguientes mostrarían por qué. En la tarde del jueves 29, Moyano se abrió paso entre dos centenares de dirigentes y empleados para llegar al lado de la Presidente, que hacía horas ya que se hallaba al lado del féretro de su esposo. Oscar Parrilli, el secretario general de la Presidencia, intentó frenarlo pero literalmente a los codazos Moyano llegó hasta Cristina. Con la emoción que despierta la muerte (cualquier muerte), la saludó, le dijo algo al oído, tocó el cajón y se quedó allí apenas tres minutos. La Presidente lo recibió con extrema frialdad y la escena, vista por millones de personas, disparó la segunda operación del moyanismo: ese día a la noche asistiría al programa ultrakirchnerista “6,7,8”, una jugada sin riesgo porque ninguna pregunta le resultaría incómoda. Fue a explicar y a explicarse, a tratar de cortar de raíz la operación en ciernes. También le dio un extenso reportaje al diario oficialista “Tiempo Argentino”. Se mostró tocado. Allí contó, con el fin de no dejar correr versiones como la de los codazos, que Máximo Kirchner lo había llevado a saludar a Cristina.

Pasado el fin de semana posterior al fallecimiento de Néstor Kirchner, la contraofensiva continuó. Primero fue el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien dijo que la CGT (no Moyano. NdR) “es nuestra columna vertebral”, en alusión al Gobierno. El martes 2, su colega de Trabajo, Carlos Tomada, tomó la posta de la defensa sin fisuras del líder cegetista. Tomada afirmó que “está fuera de toda evidencia que Moyano se expresó al lado de este proyecto”. Habrá querido decir “de toda duda”.

Fernández cree realmente en el papel estratégico de Moyano para sostener al Gobierno. Lo hace sin la aversión que siente por el titular de la CGT la propia Presidente. Tomada también, pero le suma el hecho de que su trayectoria como profesional de las leyes lo tuvo siempre como asesor de sindicatos, en particular de la UOM. Aunque no lo diga, sus lealtades están resueltas de antemano.

La aversión de Cristina es puramente política. Le preocupa que entre Moyano y Daniel Scioli se queden con el poder en el crucial distrito bonaerense, del que depende cualquier intento serio de reelección.

Scioli reunió a un centenar de intendentes de la provincia el viernes 29, con el alegado fin de homenajear también al líder fallecido. Y, al menos por ahora, deslizó que iría allí donde la Presidente lo enviara, hablando en términos políticos. El cónclave le cayó mal a Cristina, quien esa misma noche lo convocó de urgencia a la Casa Rosada. El contenido de la breve charla es objeto de conjeturas, pero el lunes siguiente la Presidente recomenzó su actividad oficial y durante toda la semana se mostró en varias ocasiones en actos a los que decenas de intendentes fueron invitados. Incluso varios de aquellos que en el núcleo duro del kirchnerismo son considerados “díscolos”.

Moyano no volvió a insistir con reunir a la conducción del PJ bonaerense, pero de ningún modo se quedó quieto.

Detrás de bambalinas, los ministros Florencio Randazzo y Julio De Vido, y el secretario de Obras Públicas, José López, se ocuparon de llevar tranquilidad a los caciques bonaerenses: “Tranquilos, muchachos, que todo sigue igual”, se refirió Randazzo al manejo de la caja derivada de la obra pública, esencial para la subsistencia de los municipios y la proyección electoral del kirchnerismo. Los tres aparecen hoy como los herederos naturales del trabajo múltiple de Kirchner con los jefes bonaerenses. Cristina, Scioli y los intendentes coinciden en pocas cosas, salvo en la voluntad de recortarle las alas a Moyano en su intento de afianzarse a como sea en el poder de la provincia más poblada del país. “Esa sería la trinchera desde la que podría enfrentar cualquier ofensiva después del 2011, sea K o sea de otro signo político”, explicó a Gaceta Mercantil un operador que volvió a estar cercano a la “mesa chica” que colabora con la Presidente.

Paralelamente, los jueces federales comenzaron a desplegar su juego. Una de las llamadas “causa rehén”, esas que avanzan, paran o retroceden a pedido de operadores del oficialismo, la oposición o algún poder corporativo, volvió a tener actividad. Es la de la “mafia de los medicamentos”, que en este contexto se convirtió en una nueva “espada de Damocles” sobre la cabeza de Moyano. Esta semana se movió uno de los expedientes, el que está en manos de Norberto Oyarbide, desde hace mucho sospechado de ser especialmente sensible a las necesidades del oficialismo. ¿Hubo algún pedido concreto? No parece, Oyarbide sabe manejarse sin consejos, ayudado apenas por su fina intuición.

Sea cierto o no que Kirchner y Moyano discutieron acaloradamente por la muerte del militante del PO Mariano Ferreira, el “gallego” Juan Carlos Fernández, segundo de José Pedraza en la Unión Ferroviaria y hombre de Moyano, fue quien recomendó a Cristian Favale para ingresar al ex Ferrocarril Roca. Está en el expediente que lleva adelante de manera impecable la juez Wilma López. Favale es “barra brava” de Defensa y Justicia y está sindicado como quien apretó el gatillo del arma con la que asesinaron a Ferreyra. Aunque en este punto nadie avanza hasta incriminar a Moyano por el crímen, está claro que el sindicalista encarna un modo de conducción que necesita de los “Harry” Favale y de los “Madonna” Quiros, aquel famoso matón que la emprendió a tiros contra militantes de la UOCRA cuando llevaban a San Vicente el féretro de Juan Domingo Perón.

No obstante, la ofensiva pública contra Moyano parece estar rindiendo sus frutos. El secretario general de la CGT es acosado por varios frentes, pero uno no menor es el que lo muestra al frente de un grupo sindical-empresario que tiene en su cima a Covelia, la empresa recolectora de residuos de 12 municipios bonaerenses.

Pablo, su hijo mayor, es quien controla ese negocio. Y quien ha llevado de la mano a los directivos de la empresa para reunirlos con intendentes de ciudades de todo el país, aunque en el Conurbano cosecharan sus mayores logros. El dinero oscuro que pasa por el negocio de la basura es harto conocido en el medio político, que se nutre de él y casi siempre termina siendo su víctima. Esta situación, comprendida amargamente por los intendentes, puede convertirse en el disparador del verdadero comienzo de las desgracias para el moyanismo, que nunca se caracterizó por la prolijidad para el manejo de sus asuntos.

* Director de Gaceta Mercantil

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