Somalia: crónica de un país desgarrado

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Tras casi dos décadas de guerra entre clanes, Somalia sufre hoy la peor catástrofe humanitaria del mundo. Según la ONU, la situación es mucho más acuciante y menos atendida que la de Darfur y la de Afganistán.

Por Jorgelina Perez

La situación política de Somalia, devastada tras 19 años de guerra civil, es una de las crisis más complejas, no sólo de África sino de todo el mundo, por el alto grado de violencia, muerte y decenas de miles de desplazados que genera.

El país, ubicado en el denominado “cuerno de África”, frente al golfo de Adén, sobrevive azotado por feroces luchas tribales que se arrastran desde las particiones del período colonial y que no le dieron respiro en las últimas dos décadas.

Sólo un 2% de sus tierras ofrece posibilidades de cultivos, mientras que el resto son pastos áridos, que soportan periódicamente largos años de sequía. El pastoreo nómade o seminómade fue la ocupación tradicional de la mayoría de la población.

La incapacidad de consensuar un modelo de Estado que sea aceptado en todas las regiones somalíes, el predominio de las milicias de los denominados “señores de la guerra” y del movimiento islámico, y el desastre de la dictadura de Siyad Barre (1969-1991) convirtieron a Somalia en un paradigma de Estado fallido.

Surgimiento y destrucción de Somalia. A fines del siglo XIX, Gran Bretaña e Italia conquistaron distintas regiones de la actual Somalia con objetivos diferentes: para los británicos constituía un objetivo estratégico, ya que al ocupar el norte somalí podría sostener económicamente su colonia de Adén, y además impedía a Francia acceder a la desembocadura del Mar Rojo.

Italia ocupó el sur con objetivos distintos: obtener compensaciones territoriales y establecer colonias de población ante la masiva emigración que sufría el país.

A pesar de ser colonizado por distintas potencias, el pueblo somalí se mantuvo culturalmente unido con la idea de constituir la “Gran Somalia”.

En 1960 lograron el objetivo de la unificación con la unión del antiguo protectorado británico y la antigua Somalia italiana, que formaron una república.

El primer ministro de la Somalia británica, Mohamed Haji Ibrahim Egal, se convirtió en 1967 en primer ministro. Pero en 1969 fue derrocado por Mohamed Siad Barre, quien proclamó un nuevo gobierno socialista que derivó en un régimen dictatorial.

En 1977 Barre se lanzó a la conquista de la provincia etíope de Ogaden con el objetivo de crear la Gran Somalia, pero la guerra terminó con una derrota que destruyó el proyecto nacional.

Luego de la derrota, la dictadura de Barre comenzó a alentar a algunos clanes a someter a otros. Instaló en el norte del país a miles de refugiados provenientes de Ogaden, los armó y les dio amplios poderes administrativos. Así comenzó a delinearse una confrontación entre los clanes del norte y los del sur, ya heredada de la cultura colonial.

Pero en 1981 los clanes del Norte se rebelaron contra la dictadura, que terminó diez años después con la caída de Barre. A partir de entonces, Somalia se desmembró en diferentes regiones controladas por los líderes de los clanes, algunas de las cuales se autoproclamaron independientes. El país dejó así de tener un gobierno efectivo y en la capital –Mogadiscio- fue nombrado un gobierno de transición, que es el único con reconocimiento internacional.

El Norte quedó liderado por el Movimiento Nacional Somalí (MNS) y el Sur por el Movimiento Patriótico Somalí (MPS), mientras que el Congreso Unido Somalí (CUS) tomó la capital.

El derrocado Mohamed Ibrahim Egal estableció en mayo de 1991 el gobierno de Somalilandia en el norte, al que le siguió Jubalandia en el sur, posteriormente desaparecido. Somalilandia logró constituir a lo largo de los años instituciones representativas serias y se convirtió en una de las regiones políticamente más estables del continente africano. Sin embargo, nunca consiguió el reconocimiento internacional. En 1998, Puntlandia se instauró como parte de Somalia pero bajo la forma de “Estado autónomo”. (Ver link).

Somalia, el Estado fallido. Mientras la ex región británica comenzaba a reacomodarse, el territorio del sur y la capital se hundían en el caos y la guerra civil.

En 2000 se estableció el primer Gobierno Federal de Transición, que es el único que tiene reconocimiento internacional. Se aprobó una ley que actúa como constitución y cuatro años después asumió el segundo gobierno transicional, encabezado por Abdullahi Yusuf Ahmed, quien había sido presidente de Puntlandia hasta 2004.

Sin embargo, este gobierno sólo controla algunas regiones somalíes y unas pocas manzanas de Mogadiscio, la capital. Mientras tanto, todo el territorio somalí se ve afectado por el brutal accionar de las milicias radicales islámicas, en especial Al Shabab (“La Juventud”), que pretenden derrocar al gobierno de transición y que cada vez controlan más Mogadiscio y el resto del país.

Al Shabab lleva a cabo una campaña de terror y asesinatos premeditados dirigida a los miembros más eminentes de la sociedad civil, a quienes acusa de servir a los intereses de los “Cruzados”, es decir, los occidentales. La milicia controla gran parte del territorio, posee sus propias cárceles, realiza detenciones y ejecuta penas.

El gobierno transicional también enfrenta al Consejo de Cortes Islámicas, un grupo de tribunales de aplicación de la Sharia, opositor al gobierno de transición de Somalia.

A mediados de 2006, el Consejo tomó Mogadiscio aunque fue derrotado luego de que el gobierno provisional recibió el apoyo de Etiopía. Esto llevó al Consejo a declararle la Yihad islámica. Además, proclamaron el estado de Galmudug. (Ver recuadro).

Pero a fines de 2006, el ejército etíope atacó a las milicias del Consejo y en los meses siguientes todos los territorios controlados por el Consejo pasaron progresivamente a manos del gobierno transicional somalí.

En tanto, una parte del Consejo se convirtió en la Alianza para la Reliberación de Somalia, que pactó en octubre de 2008 con el gobierno de transición ampliar el parlamento y constituir un gobierno de unidad, que designó a Sharif Sheid Ahmed como tercer presidente provisional.

Misiones de paz ampliadas. Por la complejidad del caso, la Organización de Naciones Unidas (ONU) delegó a la Unión Africana la intervención en el conflicto, y sólo se mostró preocupada por el impacto potencial que puede tener la situación en la región.

El enviado especial de la ONU para Somalia, Augustine Mahiga, aconsejó ante el Consejo de Seguridad que se refuerce la misión de paz de la Unión Africana (AMISOM) con 12 mil nuevos efectivos para que se sumen a los 6.000 soldados ugandeses y burundeses que ya se encuentran en el territorio.

Mahiga reclamó además más ayuda a la comunidad internacional y que le preste tanta atención al conflicto somalí como el que tienen Irak y Afganistán. El planteo lo hizo en septiembre último durante la XVIII reunión del Grupo Internacional de Contacto para Somalia (GIC), creado por Estados Unidos y Noruega en Nueva York en 2006 con el objetivo de ayudar a la paz y la reconciliación en el país africano.

“La asistencia que Somalia recibe de los socios internacionales es importante en todas las áreas, pero no hemos resuelto el problema en veinte años”, advirtió Mahiga en conferencia de prensa.

La peor crisis humanitaria. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) advirtió que en el último mes recrudeció la violencia en Mogadiscio, donde hubo 230 muertos y 400 heridos.

“El colapso del Estado, la espiral de violencia y la anarquía, agravada por la pobreza, han dado lugar a una de las peores crisis humanitarias en el mundo y el sufrimiento inaceptable de la población civil”, advirtió el Acnur.

Según el organismo de la ONU, al menos 200.000 personas huyeron de Mogadiscio en lo que va del año debido al deterioro de las condiciones de seguridad.

Los somalíes que logran llegar al norte del país o a las naciones vecinas lo hacen a pie y descalzos, en viajes sin protección ni cobijo, en un recorrido que es cada vez más peligroso ya que los caminos están poblados de milicias y ladrones.

Los que logran salir de Somalia se dirigen principalmente a Yemen, cruzando el golfo de Adén en embarcaciones precarias, o a Kenia, donde se alojan en campamentos de refugiados. La ONU calcula que el número de refugiados asciende a 614.000, una cifra solamente superada por afganos e iraquíes.

Millones de la Unión Europea. La Comisión Europea anunció a principios de septiembre una contribución de 47 millones de euros para apoyar a la misión de AMISOM..

“AMISOM sigue siendo crucial para prevenir un empeoramiento en la seguridad de Somalia y ha demostrado ser clave para la creación de unas condiciones mínimas de seguridad para el diálogo y la reconciliación”, señaló en un comunicado la jefa de la diplomacia comunitaria, Catherine Ashton.

Con este aporte, la Unión Europea ya entregó 142 millones de euros para esta tarea desde 2007.

El país que no existe. Somalilandia se autoproclamó república independiente en mayo de 1991 y si bien no es reconocida por ningún país extranjero, es la región más desarrollada de Somalia, con Hargeisa como capital. En junio pasado celebró elecciones presidenciales pluralistas y logró mantenerse alejada durante todos estos años de la violencia que devastó a Somalia.

Según Stefan Simanowitz periodista y analista político que estuvo en el lugar como observador electoral internacional, la principal razón para que ningún país reconozca la independencia de Somalilandia es que se requiere la aprobación de la Organización para la Unidad Africana.

Y uno de los principios de esta organización es que las fronteras coloniales de África no deben ser redibujadas, ya que el reconocimiento de un estado separatista como independiente podría suponer una reacción en cadena con decena de regiones.

En el extremo del “cuerno” de África está Puntlandia, que se declaró autónoma en 1998 con Garowe como capital y mantiene conflictos fronterizos con Somalilandia y con los clanes del resto de Somalia.

La otra región autoproclamada autónoma es Galmudug, cuyo nombre y territorio son la suma de dos regiones, Galgudud y Mudug. Fue establecido en agosto de 2006 en el centro de Somalia, con su capital, Galcayo, equidistante de Mogadiscio y Bosasa, la principal ciudad de Puntlandia.

Reclamo de compromiso internacional. Aunque delegó la supervisión del conflicto a la Unión Africana, el enviado de la ONU en la región expresó su preocupación por el impacto que podría tener la guerra civil y la actividad de la piratería somalí en la región y por el olvido en el que parece haber caído ese país por parte de la comunidad internacional.

La ONU reclama mayor apoyo internacional, y que no sólo se traduzca en dólares y euros sino en voluntad política y compromiso.

Por eso es esencial el fortalecimiento de la cooperación regional para evitar el ingreso a Somalia de combatientes extranjeros y de armamento destinado a las milicias islámicas a través del puerto de Kismayo. Sin embargo, no está para nada claro que los países vecinos tengan la voluntad política de aportar más efectivos a la misión.

A pesar de que las instalaciones estratégicas de Mogadiscio están protegidas por misiones de cascos azules africanos, los persistentes ataques de las milicias intentan avanzar en su control de la zona, por lo cual es necesario incrementar su presencia.

Además, es fundamental que el gobierno de transición ponga fin a sus disputas internas y se restablezca su autoridad en áreas del país en las que han perdido a manos de la milicia.

Está previsto que el gobierno de transición finalice en agosto de 2011, aunque hay muchas dudas de que en esa fecha puedan existir instituciones y fuerzas de seguridad estables en Somalia.

Pero la solución no es sólo militar, sino que es necesario un enfoque global de la situación, que incluya un amplio diálogo político.

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