Brasil, octava potencia mundial: el país que Lula le deja a Dilma

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“Lula” da Silva terminará su segundo mandato el 1 de enero y dejará al país como octava potencia del mundo y con proyección de ocupar el quinto lugar. Lo sucederá Dilma Rousseff, ex ministra de su Gabinete. La gran duda es quién será el verdadero gobernante. Y si ella, sin el carisma y el origen humilde de Lula, podrá soportar los embates de la oposición y del propio PT.

De la Redacción de Gaceta Mercantil.

“Mi respuesta es no. Lo digo con el corazón”, dice Lula cuando le consultan sobre la posibilidad de volver en 2014. “Si tengo buen juicio y mis neuronas perfectas, me comprometo a ser un buen ex presidente”, completa.

Para muchos analistas no se trata de un tema menor, ya que si pretende volver al poder, deberá anunciarlo en 2013, con lo cual el gobierno de Dilma se convertiría en un “mandato de tres años”.

Dilma asumirá la presidencia de Brasil el 1 de enero y el futuro de Lula a partir de ese día es todo un misterio. Sin embargo, los analistas ya especulan sobre el rol que jugará durante el gobierno de Rousseff y conjeturan quién será el candidato en 2014.

“Lula me ha pedido que nunca responda a esa pregunta”, advierte Dilma cada vez que le preguntan sobre el tema. Pero durante un encuentro reservado con dirigentes políticos en Río de Janeiro en los últimos días, comentó la posibilidad de que Lula aspire a un tercer mandato, según el “Folha do Sao Paulo”.

Sin embargo, para el analista Clóvis Rossi, del “Folha”, el papel que juegue Lula no es un tema menor. “Si quiere ser candidato en 2014 deberá comunicarlo un año antes y, si lo hace, el gobierno de Rousseff experimentará lo que los norteamericanos llaman el síndrome del ‘pato rengo’. Su gobierno terminará en tres años”.

Por eso Lula pretende despejar rumores: “Quiero enseñar cómo debe portarse un ex presidente. Se trata de cerrar la boca y permitir al elegido gobernar”.

Hasta el momento, sólo dejó en claro que no dejará la política, que piensa recorrer el país y mantener cierta proyección internacional. “Después de pasar ocho años permanentemente enchufado, incluso los fines de semana y feriados, lo primero que quiero hacer es no hacer nada, o sea, descansar un poco”, asegura.

“Yo quiero ser recordado por las cosas buenas que hice y por las cosas que no hice. Quiero y voy a seguir siendo un político, seguiré recorriendo Brasil. Quiero poder entrar a un bar y tomarme una cerveza con mis compañeros. Quiero intentar volver a llevar una vida normal. No sé si es posible”, admite.

Pero nadie cree que el descanso sea muy largo y sólo lo ven de manera pasajera en un cargo internacional. Pero no cualquiera. “Leí un artículo diciendo que tengo pretensiones de aceptar cargos en la ONU y en el Banco Mundial. Es una tontería. La ONU no puede tener como secretario general a un político, a una figura fuerte: debe tener un burócrata. ¿Y sobre el Banco Mundial? Bueno, no tengo cara de banquero”, bromeó Lula sobre una versión publicada en “The New York Times”.

También se toma con humor cuando le consultan si se dedicará a dar charlas y seminarios, como hacen algunos ex presidentes de la región. (Ver link). “No creo que nadie quiera pagar por escuchar a alguien que nunca fue a la universidad”, dice entre risas.

En su columna semanal “El Presidente Responde”, publicada por varios diarios brasileños entre la primera y la segunda vuelta electoral, Lula reafirmó que cuando traspase la presidencia se dedicará a impulsar proyectos para combatir el hambre y la pobreza en Latinoamérica y África.

En el plano interno, prometió utilizar su influencia política y el liderazgo de su partido para que el Congreso apruebe una reforma política, que no logró durante sus dos mandatos.

Además, admitió que le gustaría estudiar. “Yo adoraría tener un título superior. Quien sabe ahora, después de (ser) presidente, yo podría cursar (alguna carrera) o dar clases para enseñar a algunas personas cómo gobernar este país”, subrayó.

¿La sombra de Dilma?

Las miradas de políticos y analistas se posan en la relación que tendrán ambos de aquí al 1 de enero, y en el papel que adoptará Lula al momento en que se forme el próximo Gobierno (se anuncia que entrarán dos hombres de su núcleo duro, el economista Antonio Palocci y José Dirceu) y se negocie con los grupos que los apoyarán en el Parlamento.

La oposición llama a la próxima presidenta como un “genérico de Lula”. Es que Da Silva apareció en varios anuncios para decir: “Quien vota a Dilma, me vota a mí”.

La mandataria electa no pertenece al núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT), al que se afilió hace once años, pero Lula vio en ella las cualidades necesarias para garantizar la continuidad de su proyecto político.

Formada en economía, Dilma se enfrentó a la dictadura militar (1964-1985) y militó en grupos armados. Fue detenida, torturada y encarcelada durante casi tres años (Ver recuadro). Fue ministra de Lula hasta que él la sacó del anonimato y de su mano la llevó a revertir las encuestas iniciales y derrotar al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra, ex gobernador de Sao Paulo y aliado del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

La semana pasada se convirtió en la primera presidenta de Brasil y va camino a ser una de las mujeres más poderosas del planeta. Es la mujer número 47 en el mundo en ser presidenta o primera ministra de una nación, y se agrega a las 16 que actualmente ostentan un puesto similar. Además, es la primera vez que Argentina y Brasil estarán gobernados por mujeres en forma simultánea.

Pero la gran duda para algunos analistas brasileños es si Rousseff, sin el carisma de Lula y sin sus orígenes humildes, será capaz de enfrentar a la oposición y las presiones de la ultraizquierda del propio PT. Además, muchos advierten que no tiene experiencia en negociaciones políticas sino sólo en áreas empresarias y económicas.

Sin embargo, quienes la conocen creen que ella llevará las riendas del gobierno y no le temblará el pulso a la hora de tomar decisiones, ya que recuerdan su pasado en la lucha armada y su carácter fuerte que llegaba, cuando era ministra, a hacer “llorar a sus colegas”.

Pero conciente del peso que significa haber gobernado el país durante ocho años, Lula admite que “si uno no toma cuidado, al salir del Gobierno quiere opinar”.

“Un ex presidente debe replegarse en algún lugar confortable y tranquilo. No estar dando consejos sobre política, (sino) dejando que quien sea electo gobierne el país y cometa errores y aciertos”, asegura.

Buenos augurios

Dilma asumirá la presidencia con pronósticos más que alentadores: se espera que la economía brasileña crezca este año entre 5% y 7,5% y el semanario británico “The Economist” estima que durante los próximos 14 años Brasil ascenderá de su actual estatus de octava economía mundial a la quinta, superando al Reino Unido y a Francia.

Brasil pertenece al BRIC, el bloque emergente que integra junto a Rusia, la India y China y que aspira a adelantar al G-7 en los próximos 50 años, según proyecciones de Goldman Sachs.

El gran desafío de Dilma es mantener la aceleración económica del país e incorporar las reformas necesarias. En ese sentido, ya anticipó que mejorará rutas, puertos y aeropuertos para ponerlos a la altura de la octava economía mundial.

“Mi objetivo es que nuestro país –uno de los más desiguales del mundo- se convierta en una nación de clase media”, promete la ex ministra.

En los ocho años de gobierno de Lula, la economía de Brasil prácticamente recuperó los niveles de crecimiento que alcanzó entre fines de la Segunda Guerra Mundial y mediados de los ’80.

En los últimos diez años, pasó de producir 80 millones de toneladas de alimentos a 150 millones, un aumento del 87%. Es el mayor exportador mundial de jugo de naranja, azúcar, pollo, carne y café, y el segundo en soja. Además, según Naciones Unidas tiene 50 millones de hectáreas de tierra cultivada y otras 300 millones que podría cultivar.

El PBI cerró en su mejor semestre respecto al mismo periodo del año pasado, con una expansión del 8,9%, hasta alcanzar los 900.665 millones de reales. También la generación de empleos formales batió un récord en los ocho primeros meses de 2010, con la creación de casi dos millones de nuevos puestos de trabajo, que se suman a los otros 13 millones creados durante los dos períodos de Lula.

Los programas sociales fueron un factor clave que permitió a 28 millones de personas salir de la pobreza y a otras 31 millones de personas entrar en la clase media.

Desde que asumió Lula, la inversión extranjera directa se disparó desde el 43% del PBI hasta el 72% en el último año.

“Mi máxima realización es la de haber terminado mi Gobierno habiendo superado todos los prejuicios que pusieron para que yo llegara a la Presidencia. Nunca en su vida los empresarios brasileños ganaron tanto dinero, nunca los trabajadores lograron tantos acuerdos de aumentos reales (de salario) y nunca los pobres tuvieron tanto ascenso como ahora”, dice Da Silva para redondear su gestión.

Como hizo Lula, Dilma podría seguir aumentando el rol de las empresas estatales en industrias estratégicas como energía, petróleo y telecomunicaciones, y alejarse de reformas laborales o fiscales que pretenden algunos empresarios. En cambio, admitió la necesidad de reformar el complicado sistema tributario para estimular las inversiones, aunque no dio demasiados detalles al respecto.

Una sociedad muy conservadora

Durante la campaña, Rousseff fue blanco de rumores sobre su supuesta intención de legalizar el aborto y el matrimonio entre homosexuales, dos temas que inquietaron a las iglesias católica y evangélica, de gran influencia en Brasil.

La discusión sobre esos temas caló hondo en una sociedad en la cual casi el 75 por ciento de los habitantes son católicos y el 15 por ciento evangelistas, hasta el punto en que algunos sacerdotes instaron a los feligreses a ser “consecuentes” con sus creencias a la hora de votar.

La candidata oficialista llegó a bajar hasta cinco puntos en las encuestas, lo que la obligó a salir públicamente a ratificar su condición de “cristiana” a “favor de la vida” y se comprometió a no impulsar ninguna de estas iniciativas, en el país con mayor cantidad de católicos del mundo.

Muchas encuestadoras que pronosticaban un triunfo de Dilma en primera vuelta atribuyeron a la cuestión religiosa su caída en la recta final de la campaña, que la obligó a ir al ballottage.

El futuro

A pesar de que Dilma y Lula hicieron una suerte de “pacto de silencio” sobre el 2014, la futura presidenta comentó la posibilidad de que Da Silva aspire a un nuevo mandato. La confesión la hizo durante un encuentro reservado que mantuvo con dirigentes políticos de Río, según el diario Folha de Sao Paulo.

En cambio, Lula dijo en una entrevista reciente que respaldará una eventual candidatura de Dilma a la reelección. Y dijo que en 2014 él tendrá 68 años y a esa edad los años “se sienten”.

“Si Dilma es buena, ella tendrá que ser candidata a la reelección. Dilma sorprenderá al mundo. Es tan democrática como yo y tan responsable como yo y, tal vez por ser mujer, pueda hacer más”, afirmó Da Silva al semanario británico The Economist.

Pero a pesar de su apoyo explícito a su “ahijada política” no descarta de plano volver a presentarse como candidato.

“Quiero seguir ayudando a llevar este país hacia delante. Voy a continuar recorriendo Brasil desde Río Grande do Sul (al sur) hasta Pará (en el norte). Sólo hay una forma de hacerlo: escuchando al pueblo”, recalcó en una entrevista al portugués Diario de Noticias.

Sin embargo, cuando el periodista le preguntó si eso significaba que iba a volver a postularse para la Presidencia contestó: “Ah, esa no la voy a responder, no”.

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