Desde que llegó al poder en 2000, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha trabajado para revertir lo que considera una humillante caída de la Unión Soviética hace 30 años.
Por John Daniszewski
La crisis en Ucrania difícilmente va a desaparecer, y supone un enfrentamiento de dos visiones del mundo que podría poner patas arriba a Europa. Trae ecos de la Guerra Fría y resucita una idea que quedó de la Conferencia de Yalta de 1945: que Occidente debería respetar una esfera de influencia rusa en Europa Central y Oriental.
Desde que llegó al poder en 2000, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha trabajado de manera constante y sistemática para revertir lo que considera una humillante caída de la Unión Soviética hace 30 años.
Mientras, concentra tropas a lo largo de la frontera con Ucrania y realiza juegos de guerra en Bielorrusia, cerca de las fronteras de Polonia y Lituania, ambos miembros de la OTAN,
Putin exige que se prohíba a Ucrania ejercer su derecho soberano a unirse a la alianza occidental, y que se le permitan otras acciones de la OTAN como el estacionamiento de tropas en los países del antiguo bloque soviético.
