Una monja y su hijo teniente coronel

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Tiburcia Valeriana López Escribano y Cárdenas se casó a los 20 años con un viudo mucho mayor. Su opción y las consecuencias.

En 1960 obtuvo el Oscar una película, “Historia de una monja”, protagonizada por Audrey Hepburn y Peter Finch, con la dirección de Fred Zinnemann, y que narra la historia de la hija de un reconocido médico que ingresa a una orden religiosa con la esperanza de ir a misionar al Congo belga.

La historia de nuestra monja es un poco distinta y la protagonista es Tiburcia Valeriana López Escribano y Cárdenas, hija de don Gabino, oficial de las Reales Cajas de Montevideo, y de Martina de Cárdenas, que nació en Buenos Aires alrededor de 1750.

Tenía poco más de 20 años cuando casó en 1773 con el comerciante Pablo Thompson, natural de Londres, viudo de doña Francisca Catalina Aldao y Rendón, que había pasado los 50. Él se había convertido al catolicismo antes de su primer matrimonio y según otros había presentado un certificado que probaba su religión. Fijaron su residencia a media cuadra de la Plaza Mayor, llamada entonces de San Pedro. Tiburcia estaba emparentada con su primera mujer y era ahijada de don Manuel del Arco, uno de los comerciantes más ricos de Buenos Aires.

El matrimonio tuvo un hijo que bautizaron con el nombre de Martín Jacobo José al nacer, el 23 de abril de 1777, ceremonia que completaron con el óleo y el crisma en la parroquia de la Merced con el padrinazgo de don Martín de Altolaguirre y de su abuela materna, doña Martina de Cárdenas, el 4 de mayo.

Don Pablo falleció en Buenos Aires el 14 de febrero de 1777, y su viuda ingresó inmediatamente en el convento de las capuchinas de Buenos Aires, conocidas como las clarisas, junto a la iglesia de San Juan. Tiburcia pasó a llamarse sor María Manuela de Jesús.

María Sáenz Quesada afirma que “la explicación familiar de este hecho verdaderamente sorprendente es que habría habido un pacto entre los esposos por el cual quien sobrevive a su cónyuge entraría en religión”. Su hijo de apenas 10 años, huérfano ante el abandono de su madre, quedó al cuidado de su padrino Altolaguirre, que terminados los estudios en el Colegio de San Carlos, lo envió a España para ingresar a la Armada real.

Pastor Obligado en sus “Tradiciones” afirma que, cuando regresó de España, el joven urdió la forma de volver a verla y para eso se ofreció como vecino a ayudar a descargar la leña que en grandes carros llegaba al convento. Así logró entrar y, cuando descubrió a su madre, se dio a conocer pero ella lo rechazó fríamente, dejándolo con la lógica pena.

Nada le fue fácil a Martín Thompson, ni su casamiento con María de los Remedios Sánchez de Velasco y Trillo, hija de don Cecilio y de la madrina de su madre, doña Magdalena Trillo. El matrimonio de Martín y Mariquita tuvo cinco hijos: Clementina, Juan, Magdalena, Florencia y Albina, que nació el 28 de febrero de 1815. Poco después del nacimiento de la última nieta de la religiosa, escribió Juan Manuel Beruti en sus “Memorias curiosas”: “El 15 de marzo de 1815. Murió sor Manuela Cárdenas, monja capuchina, de ejemplar virtud y vida, que fue monja 25 años. Esta monja en el siglo se llamaba doña Tiburcia Cárdenas, casada con un inglés rico, llamado don [hay un espacio en blanco] Thompson, de cuyo matrimonio tuvo un hijo llamado don Martín, que actualmente es teniente coronel y capitán del puerto de este río. La señora quedó viuda, rica, con este hijo, de hermosa presencia, blanca, buen cuerpo, agraciada y treinta y tantos años de edad; pero no reparando en su hijo que era de diez u once años de edad, ni en su mucho caudal y conveniencias, trató de servir a Dios, olvidando el mundo, y dedicarse a unirse a él, como lo efectuó a la edad de 35 años, entrando en el monasterio de las monjas capuchinas, del orden de San Francisco de esta capital, en donde permaneció en servicio del Señor, olvidada del mundo por espacio de 25 años hasta su fallecimiento, habiendo sido su padrino, cuando entró en el monasterio, el ilustrísimo obispo de esta diócesis doctor don Manuel de Azamor y Ramírez”.

El testimonio de este contemporáneo a los datos que conocemos nos permite adentrarnos en la historia de esta monja porteña, cuyos restos -como el de otras tantas-, descansa en ese espacio que ocupa el viejo convento (hoy desocupado) en la calle Moreno al 800 y un conocido hotel internacional.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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