La colección Lozier Almazán en la Academia Nacional de Bellas Artes

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La colección de ex libris que reuniera pacientemente durante años el historiador Bernardo Lozier Almazán integra desde el martes el patrimonio de la Academia Nacional de Bellas. Para efectivizar la entrega se realizó un acto en el que participaron, además del donante y miembros de su familia; la presidente de la Academia, profesora Matilde Marín; los numerarios Alberto Bellucci, Guillermo Scarabino y Laura Malosetti Costa; el presidente del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, Manuel Martí; el vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación, Roberto L. Elissalde; las señoras Josefina
Fornieles y Graciela Sammmartino.

Después de abrir, el acto la presidente de la Academia destacó el valor de la donación que enriquece su patrimonio y también la tarea desarrollada para llevarla a cabo por los académicos Bellucci, Ramón Gutiérrez y la licenciada Mariana Castagnino, encargada del fondo documental de la corporación.

El académico Belluci trazó una semblanza del donante, destacando su labor como historiador desde hace años dedicado a desentrañar la historia de San Isidro, aunque ello no le impidió dedicarse a otros temas: su pertenencia a la Academia Nacional de la Historia y a otras instituciones, sin dejar de tener coloridas notas de humor ya que ambos son vecinos del “pago de la Costa”, y a la vez recordar a Sara, la esposa de Lozier recientemente fallecida.

Acto seguido, el donante presentó la colección que entregó a la Academia con estas palabras, a las que siguieron la exhibición de unos 20 ex libris: “Hoy me encuentro en este ámbito académico, porque he considerado que hay momentos en esta terrenal existencia que debemos desprendernos de ciertas pertenencias, para asegurarles un buen destino. En lo personal, estimo llegado tal momento. Es por ello que hoy he venido a cumplir este deseo y concretar la donación y entrega formal de mi Colección de Ex libris, para que forme parte del patrimonio de esta prestigiosa Academia Nacional de Bellas Artes. Por tal motivo quiero expresar mi reconocimiento a la profesora Matilde Marín por tan gentil recepción y mi gratitud a los académicos arquitectos Alberto Bellucci y Ramón Gutierrez, por sus participaciones en esta gestión.

La Colección que hoy pasa al patrimonio de esta Academia reúne más de 800 ex libris, cuya antigua denominación, proviene de la locución latina que significa en buen romance “los libros de …” o “libro perteneciente a …”.

Por lo que los ex-libris tienen por finalidad testimoniar de manera artística, mediante elementos figurativos, alegóricos o simplemente decorativos la identidad del propietario del libro.

Es así que los ex-libris son tan antiguos como los libros, si recordamos que se originan a partir de la imprenta tipográfica, inventada en 1456 por el alemán Johannes Gutenberg. Así fue como, a partir de aquel momento, florecieron aquellos prodigiosos diseñadores de la talla de Albert Durero, el genial artista gráfico cuya fama trascendió por toda Europa, cuando en 1498 ilustró El apocalipsis, con 15 grabados que recrean la Revelación de San Juan Bautista.

Pero Durero también fue autor de maravillosos ex-libris, como aquel que dibujara, en 1516, para el noble alemán Hieronimus Ebner.

Obra de Durero también es el ex-libris que le hiciera a Lazarus Spengler, aquel ferviente defensor de la Reforma Protestante.

Coetáneo a Durero fue, Hans Holbein, otro alemán que, establecido en Inglaterra, fue pintor de la Corte de Enrique VIII, época en que pintó el famoso retrato de Ana Bolena, antes –claro está– de que perdiera la cabeza por orden de su despiadado esposo. Pero Holbein también fue autor de magníficos ex libris, entre ellos basta recordar el que le hiciera, en 1526, al polemista clérigo, Erasmo de Rotterdam.

Pasaron los años, hasta que en España del siglo XVIII, Francisco de Goya, además de sus famosas obra pictóricas, también realizó algunos ex libris para sus amigos, como el que realizara para Gaspar Melchor de Jovellanos, en 1798, o los que hiciera al duque de Alba o al duque de Wellington.

Aquí en el Río de la Plata, el primer ex libris fue impreso en la Manzana de las Luces, en la Real Imprenta de Niños Expósitos, en 1790, para el Fiscal de la Real Audiencia de Buenos Aires, José Márquez de la Plata.

Así fue como el gran auge que, a partir del siglo XIX, tuvieron los ex libris en Europa, pronto originó su uso y también el coleccionismo de estas obras de arte en miniatura en el resto del mundo.

Para ser más ilustrativo de la fuerte vinculación de los ex libris con el arte, les proyectaré un Power Point para exhibirles algunas piezas de la colección que hoy pasa al matrimonio de esta Academia”.

Finalizó la reunión con la firma del acta de entrega por parte de Lozier Almazán y de la profesora Marín en nombre de la Academia. A continuación los presentes participaron de un brindis.

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