El brasileño naturalizado argentino Fernando Sabag Montiel intentó terminar lo que no pudo en el primer intento: cuando disparó a centímetros de la cara de la vicepresidenta Cristina Kirchner y la bala no salió, manipuló la corredera de su pistola Bersa para empujarla hacia atrás, colocar una bala en la recámara y volver a disparar.
Pero no logró completar la maniobra ya que los propios manifestantes que lo rodeaban lo vieron con el arma apuntándole, lo empujaron, la pistola se cayó al piso y él huyó corriendo.
Un militante pisó el arma para hacerla firme bajo su pie y que no se perdiera, y otros corrieron a Sabag Montiel, le pegaron una piña en el ojo y lo neutralizaron hasta ponerlo en manos de la policía, que no se había dado cuenta de que habían intentado matar a la Vicepresidenta.
El relato acerca de que Sabag Montiel intentó volver a disparar contra ella, luego de que no saliera el primer tiro, fue realizado ante la Justicia por un militante del kirchnerismo que estaba junto al atacante.
Este testimonio pude ser muy importante para la acusación para rebatir una posible estrategia de defensa de Sabag Montiel: alegar que no puede ser condenado por intentar un delito imposible. Se llama técnicamente en la doctrina jurídica tentativa inidónea, es decir, que por más que el asesino apretara el gatillo, muchas veces, sin una bala en la recámara, la bala nunca habría sido disparada.
