Milton Nascimento, 80 años: la despedida de los escenarios de una estrella atemporal

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Milton Nascimento realiza “Última Sessão de Música”, una extensa gira por Brasil y el mundo en la que, a los 80 años, se despide de los escenarios. Es deseable que no de la propia música, a la que le ha aportado tanto.

Mal dito, mal dicho, maldito. Desbunde, desbande. La raigambre común de las lenguas romances habilita también la tensión idiomática, la ironía entre ellas. “Desbunde” fue el término que finalmente quedó asociado a los primeros años de la década del setenta en Brasil. 

A pesar de que la dictadura militar (1964-1985) ya había decretado el represivo Acto Institucional 5 (AI-5), los años 1970 y 1971 permitían en los márgenes una cuota de libertinaje: carnaval permanente, playa, tangas, la novedad de la marihuana, el “trip” del ácido, las dispersas convivencias comunitarias y la absoluta politización que el “Tropicalismo” llevaba a todos los ámbitos de la vida.

“Desbunde” fue la palabra indeleble de ese comienzo de década. Bunda, tan propia del portugués, le daba lateralmente una picardía que era mejor no explicitar y mostraba que el idioma, musical en su esencia, bien se prestaba para “brincadeiras”. Al fin y al cabo la cuestión eran el borde y el desborde del borde.

En ese “desbunde”, en plena efervescencia cultural y política, Milton Nascimento (con cuatro LP editados ya era un rostro conocido en los festivales por TV) alquiló una casa en Niterói, cercana a las playas de Marazul, una zona de pescadores a mitad de camino entre el mar y una laguna.

Milton invitó allí a toda su troupe de amigos de Belo Horizonte, la barra original del Clube da Esquina. Después del pescado frito y la cerveza helada, los ensayos afilaban a la banda antes de grabar en estudio en Río de Janeiro. 

Muchos de los músicos que participaron de la grabación, como Toninho Horta o Beto Guedes, contaron que la rotación en los instrumentos funcionaba sin plan previo. La banda iba formándose al azar en cada arreglo de canción. Se trata de un disco que continúa vigente por una sana razón: su sonoridad.

“La principal causa para que yo decida cantar fueron las mujeres: cuando era chico sólo me gustaba escuchar voces femeninas. Creía que las mujeres cantaban con corazón y que los hombres querían demostrar que tenían uno”, contó en una entrevista para Canal Brasil Milton Nascimento y nombraba, al azar, algunas influencias: Ella Fitzgerald, Doris Day y Billie Holiday.

“Clube da Esquina” funcionó como un caleidoscopio donde entraron The Beatles, el samba y la bossa, el free jazz y el baión, la balada y una presencia novedosa en Brasil: el rasgueo folk que Lô Borges cultivó en una de las habitaciones de la casa familiar. 

El rasgueo de Lô, entre el rock inglés y el country, no estaba en el radar de la Música Popular Brasilera (MPB). Están en ese sonido Bob Dylan y las rutas del cine estadounidense, el western, pasiones que compartían todos los integrantes del Clube.

Com sol e chuva você sonhava/ Queria ser melhor depois/ Você queria ser o grande herói das estradas. Así abre el disco, con la canción “Todo lo que podrías ser”.

Bituca -como le gusta que lo llamen- nació en Três Pontas, un pueblo de 50 mil habitantes en el interior de Minas Gerais. Ha contado que cuando su voz comenzó a cambiar durante la pubertad, le angustiaba advertir que su timbre se volvía contundente, que ganaba densidad. Esa evolución inevitable caracteriza su estilo vocal: un nervio grueso que se levanta por encima de todos y de todo, y tensa hacia lo agudo y el falsete el final de las frases. 

Gilberto Gil: “El falsete de Milton es uno de los sonidos más bellos producidos por la especie humana sobre la tierra”

El club de la esquina era un mito y una institución invisible. Cuando Nascimento llegó a Belo Horizonte se fue a vivir al edificio de la familia Borges: mamá, papá y once hermanos. No pasó mucho tiempo para que Milton se convirtiera finalmente en el decimosegundo.

Sin plata para planes sofisticados, la esquina de Divinópolis y Paraisópolis era el club sin jerarquías. Era “la” esquina: allí se juntaban a tomar cerveza, tocar la guitarra, hacer de los tiempos muertos tiempos vivos. 

Alguien llegó alardeando que tenía el dinero para ir a tal o cual discoteca y uno de los Borges o Milton, o alguno de los otros músicos, respondió: “La esquina es nuestro club”. Así se difundió la leyenda.

El año 1942 podría ser el “año D” en la MPB. Nacieron Gilberto Gil, Milton Nascimento, Caetano Veloso y Paulinho Da Viola. Spotify ha confeccionado una “playlist” a la que tituló “Atemporais” en la que se suceden grandes temas de estos pilares de la MPB. 

Wagner Tiso, integrante del Clube da Esquina: “Lo que el disco dejó en el panorama musical es la calidad de la armonía y la melodía en conjunto, sumada a la modernidad de la época”. 

La fotografía de tapa de “Clube…” es de CAFI. Tonho y Cacau, dos pibes de la zona rural de Nova Friburgo, estado de Río de Janeiro. Inefable la expresión de los chicos, especialmente la de Cacau. La foto dice demasiado y no hay nada que agregar.

El fotógrafo dijo sobre aquella imagen: “Veo a Brasil: descalzo, pies en la tierra. Estaba yendo en auto, ví a esos dos chicos y tiré la foto desde el auto. Cuando Milton vio la tapa me quería matar: ‘Cómo vas hacer una tapa con rostros que no son nuestros. No tiene nombres, ni leyendas'”. 

El disco tuvo posteriormente una edición con otro diseño, decididamente inferior. La foto de CAFI quedó grabada en toda una generación y pasó a monopolizar el recuerdo dramático del disco. 

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