Los sindicatos, en primera línea en la crisis inflacionaria

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Por Esther Lynch *

Este viernes, los ministros de Energía de la Unión Europea (UE) se reunirán en una sesión de emergencia para discutir medidas para mitigar los altos precios de combustibles y la preparación para el invierno que se avecina. Deben tomar medidas claves para hacer frente a esta crisis: se necesita una acción inmediata para apoyar a las familias que no pueden comprar alimentos o calefaccionar sus hogares.

Los precios del gas se han multiplicado por siete, con un impacto en cadena en el costo de la electricidad. Esto a su vez genera aumentos de precios en toda la economía. Los gastos generales son más altos que nunca y las industrias que consumen mucha energía se enfrentan a crecientes dificultades operativas. La gravedad del impacto afecta a cada sector de manera diferente, desde la hotelería hasta la producción. Pero muchas empresas ya se enfrentan a aumentos inmanejables en los costos de funcionamiento, lo que acrecienta el riesgo de cierres y pérdidas de empleos.

La crisis es ahora, no en el futuro. El desafío es detener el aumento del costo de la vida, proteger los empleos y los ingresos y compartir las cargas de una manera socialmente justa. Durante el verano boreal, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y sus afiliados nacionales propusieron medidas urgentes para abordar esta crisis inflacionaria.

No poder mantener el ritmo

Las cifras son aterradoras. En julio, la tasa de inflación de la UE era del 9,8 % (8,9 % en la zona del euro), la más alta desde que comenzaron los registros. Y esa cifra general oculta enormes diferencias entre los estados miembros, con una inflación en Estonia de más del 23 por ciento y sus vecinos bálticos no muy lejos. Por el contrario, los aumentos salariales no han logrado seguir el ritmo con un promedio de solo el 3,8 por ciento en toda la UE en lo que va de 2022. La Comisión Europea ha confirmado que son los precios, no los salarios, los que están impulsando la inflación.

Al mismo tiempo, las empresas europeas han aumentado su participación en los beneficios y los pagos a los accionistas. Las grandes corporaciones, especialmente en el sector energético, están elevando los precios a los consumidores y la industria mientras acumulan ganancias descomunales. En agosto, por ejemplo, BP informó que sus ganancias del segundo trimestre se habían más que triplicado a un máximo en 14 años a 9.300 millones de euros, lo que generó un aumento del 10 por ciento en los dividendos.

Pero las estadísticas no logran describir el estrés y las dificultades reales para los trabajadores de toda Europa, incapaces de imaginar cómo pagarán las facturas del combustible, la comida y el alquiler este invierno. En la mayoría de los países de la UE, la factura de energía anual promedio  ahora es más que el salario de un mes para un trabajador con salario mínimo, según los precios para julio de 2022. En los Países Bajos se requieren 48 días de trabajo para cubrirlo cuando el año pasado fueron 28. En cuatro países, Eslovaquia, Grecia, Chequia e Italia, las tarifas energéticas promedio son ahora más del salario de un mes, incluso para un trabajador que gana el promedio. Si bien estos datos se refieren a julio, la crisis que enfrentan los trabajadores ahora es aún peor debido a los aumentos más recientes.

Plan de seis puntos

Esa es la realidad que ya están viendo los sindicatos. La CES ha respondido estableciendo una serie de medidas urgentes para hacer frente a la crisis en un plan de seis puntos.

En primer lugar, los salarios deben aumentar para cubrir los aumentos del costo de vida y dar a los trabajadores una parte justa de mayores ganancias y productividad. Además de la necesidad de que los salarios mínimos sean adecuados a la luz del aumento del costo de vida, los sistemas sólidos de negociación colectiva son clave para garantizar un salario justo y deben promoverse, de conformidad con la directiva sobre salarios mínimos. El aumento de los salarios y la mejora de la negociación colectiva deben tratarse como herramientas esenciales para una salida justa y controlada de la crisis.

Pero se necesitará más, y rápidamente, para abordar la escalada de la crisis. La intervención de los gobiernos es vital. Al igual que durante la pandemia, se debe ofrecer apoyo financiero específico a las personas vulnerables que simplemente no pueden llegar a fin de mes. Un hogar cálido y suficiente para comer son derechos humanos básicos y deben garantizarse para todos en toda Europa, con la prohibición de las desconexiones de los servicios públicos.

Desde finales de 2021, la mayoría de los estados miembros de la UE han hecho algunas disposiciones para ayudar a los hogares, incluidas transferencias directas, impuestos al valor agregado reducidos en las facturas de energía o regulación de precios minoristas; varios también han ofrecido apoyo a las empresas. Limitar las facturas de energía a un nivel asequible debería ser una prioridad, aplicada en toda Europa mientras dure la crisis. También es fundamental un impuesto a prueba de agua sobre las ganancias excesivas de los productores de energía o las empresas de servicios públicos, con medidas para evitar que las empresas y los accionistas especulen o se beneficien de la crisis.

Las medidas anticrisis son necesarias a nivel nacional y europeo. Los líderes europeos deben acordar urgentemente los apoyos adecuados, como los proporcionados en el marco del instrumento SURE para garantizar el empleo durante la pandemia, que tenía como objetivo respaldar el gasto público necesario para contrarrestar el impacto social y económico del Covid-19. La crisis del costo de vida amenaza con ser igual de severa y requiere un esfuerzo masivo para proteger los ingresos y los empleos en la industria, los servicios y el sector público. Se necesita apoyo para las empresas en apuros, con la condición de que mantengan sus puestos de trabajo y trabajen con los sindicatos.

Solo transición

La dramática evolución de la crisis, a raíz de la invasión de Ucrania ordenada por Vladimir Putin, demuestra el fracaso de la UE para invertir lo suficiente en energía verde y “transición justa“, dejando a Europa dependiente de los combustibles fósiles rusos, y la necesidad de reformar el mercado energético de la UE. Los ministros de energía deben acordar acelerar la implementación del Pacto Verde Europeo, sobre la base de un marco legal sólido y de transición justa que garantice la creación de empleos seguros a través del diálogo social. La acción climática es una parte importante de la solución para el suministro y la asequibilidad de la energía.

Los ministros de energía también deben reevaluar la forma en que funciona el mercado energético de la UE. El movimiento sindical ha criticado durante mucho tiempo las reglas de ‘liberalización’ del mercado, que sólo han contribuido a la crisis. La UE debería ahora garantizar que la energía y su infraestructura de transporte y distribución sean tratadas como un bien común y no como una mercancía de mercado.

Europa debe aprender las lecciones de crisis anteriores y evitar errores como congelar salarios, socavar la negociación colectiva, subir las tasas de interés o volver a la fallida agenda de austeridad.

Los sindicatos tienen un papel vital que desempeñar en el diseño y la implementación de medidas para abordar la crisis del costo de vida y deben ser incluidos en la toma de decisiones. Esto requiere más que hablar de negocios o hacer ejercicios de marcado de casillas. Significa un diálogo social sólido que involucra plenamente a los sindicatos, a nivel nacional, sectorial y de empresa, en la gestión del cambio y el desarrollo de soluciones negociadas, justas y hechas a la medida.

En toda la UE, los sindicatos nacionales ya han estado ocupados, a través de la negociación colectiva y presionando para que el gobierno tome medidas. Por ejemplo, en julio, los sindicatos franceses presentaron demandas conjuntas a su propio gobierno, destacando la necesidad de acciones prioritarias para aumentar los salarios, las pensiones y el apoyo a los ingresos. En Chequia, la confederación sindical ČMKOS organizó una manifestación nacional en Praga este mes, protestando por la caída masiva de los ingresos reales y exigiendo que los trabajadores puedan vivir con dignidad.

En el Reino Unido, el Trades Union Congress (TUC) está planeando un “otoño de acción”. La próxima semana, el Congreso de la organización debatirá formas de combatir la crisis inflacionaria, incluida una moción que pide que TUC “facilite y fomente la coordinación industrial entre sindicatos para que los trabajadores en conflicto puedan aprovechar de la manera más efectiva su poder sindical para ganar”.

Los trabajadores y sus sindicatos en toda Europa no se quedarán de brazos cruzados mientras se ataca el nivel de vida. Se espera que los sindicatos intensifiquen y coordinen sus acciones en las próximas semanas.

Credibilidad en juego

La UE y los gobiernos nacionales no pueden mirar hacia otro lado. Los trabajadores en Europa acaban de atravesar un período angustioso de confinamiento durante la pandemia y ahora enfrentan una amenaza nueva e igualmente peligrosa para su bienestar. La credibilidad de la UE está en juego y la necesidad de actuar es urgente.

La próxima semana la presidenta de la comisión, Ursula von der Leyen, pronunciará su discurso sobre el Estado de la Unión. Los trabajadores y los sindicatos de toda Europa escucharán atentamente. Necesitamos una Unión Europea que defienda el nivel de vida y proteja a los trabajadores y las personas vulnerables en toda Europa. Las instituciones europeas deben tomar medidas urgentes para poner fin a la crisis del costo de vida y el plan de seis puntos de la CES proporciona una base sólida para hacerlo.

La autora fue elegida secretaria general adjunta de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) en su congreso de Viena en 2019, habiendo sido anteriormente secretaria confederal. Artículo publicado originalmente en Social Europe.

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