CFK: Manual para capitalizar el hartazgo social y que le estalle a otro

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Por Gabriel Conte

Todo indicaría que si los gobernantes actuales del país pertenecieran a otro partido y sufrieran como contexto las actuales cifras de la economía, sumado al clima social que es alimentado por bronca, desconcierto, desencanto y ausencia de horizontes, habría un estallido social que se los llevaría puestos.

Sin embargo, antes de que eso suceda los partidarios de quienes gobiernan han tomado la iniciativa de autoestallarse, de modo tal de copar el escenario de bronca y, para ello, el juicio contra Cristina Kirchner y otros les ha venido como anillo al dedo

En lugar de desencantarse con su propia dirigencia por los hechos que se han ventilado durante horas y horas de alegatos de la Fiscalía en torno al mecanismo de corrupción con la obra pública generado en la provincia de Santa Cruz, las usinas de la vicepresidenta han sido inteligentes en capitalizar la persecución penal para hacerla ver como “persecución política” y, así, conseguir que se la rescate.

¿Desde dónde rescatan a CFK? Hay varios puntos para poner el foco:

– La situación judicial le ha permitido trasladar el escenario del fracaso de la gestión de Alberto Fernández, tanto como de su designación para actuar en su nombre, a uno distinto, politizado, ideologizado al extremo y que le permite reclutar tras de sí al Frente de Todos, del que antes era dueña solo de un tercio y ahora cierra filas tras de sí.

– Se la saca del desgaste de ser corresponsable del Gobierno y se la reanima, al estilo de lo sucedido con otros referentes latinoamericanos como Lula, como si alguna vez hubiese estado ajena a las decisiones -cosa que nunca sucedió- y significara una reserva de cambio. 

– Antes de que sea condenada por la Justicia y cuando aun el juicio no ha terminado, mientras la oposición la da por culpablese proclama su inocencia desde el peronismo, por lo que un acto de investigación de delitos se transforma en una puja política, disminuyendo el rol de uno de los poderes de la República al que ya desde el kirchnerismo, voceros como el escritor Mempo Giardinelli, vienen pidiendo eliminar para sustituirlo por un “servicio de Justicia” a cargo del Poder Ejecutivo, como lo está buscando instituir en Chile la Constitución que se plebiscitará el fin de semana que viene.

– Se la rescata de la imposibilidad de haber cambiado ella misma a la Justicia y a la Constitución, cosas que intentó en varias oportunidades cuando fue presidenta y que no consiguió. Desde la movilización y el caos, de algún modo se “chileniza” el estallido que, en lugar de ser contra el fracaso de su Gobierno, se vuelve a favor de “cambiarlo todo”.

Hasta ahora, el único que había logrado poner en riesgo a la lista de los mismos políticos de siempre había sido Javier Milei y su prédica contra la casta. Sin embargo, el discurso y acción del libertario se mueven dentro de lo establecido por la Constitución y a modo de levantar la vara a todo el sistema político, al que se está sumando desde la antipolítica, pero sin propiciar un cambio de régimen.

Cristina Kirchner, impulsando su propio “17 de octubre” desde el pleno ejercicio del poder y no desde alguna proscripción, suma su propio empuje contra todo el resto de la política y no sería extraño que ahora sí, como resultado de un caos provocado ad hoc, termine reclamando un régimen distinto al Republicano, ese al que sus ideas reportan todo el tiempo, el de naciones cuyos gobiernos defiende y admira, como Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Es una jugada tan pícara e inteligente, como peligrosa para la paz social y el funcionamiento de la democracia tal como la establece la Constitución y no como la que se ejerce en aquellas naciones.

Finalmente, quien no encienda la TV política y no se entere del plan de rescate a Cristina Kirchner, lo único que está pidiendo es que haya un buen gobierno, que baje la inflación, que sostenga un programa económico, que haya trabajo real y que se pueda pensar en un futuro para uno y sus hijos. Ninguna revolución. Ninguna exaltación ideologista. Ninguna defensa ni ataque contra nadie. Solamente vivir sin sobresaltos. 

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