El 20 de marzo de 2003 Estados Unidos lideró el inicio de una operación militar aliada en Irak para derrocar al régimen de Saddam Hussein, que cayó rápidamente. El líder, integrante del “eje del mal” apuntado por la Casa Blanca, eludió su captura durante casi nueve meses antes de ser aprehendido en diciembre de 2003 y ejecutado por el nuevo gobierno iraquí tres años después. La invasión desencadenó una violenta inestabilidad aún patente hoy en día, pero no sólo dentro del país sino en todo Medio Oriente.
Hussein, que había gobernado de 1979 a 2003, fue ejecutado en la horca en Bagdad en 2006. La televisión estatal iraquí mostró imágenes de Saddam yendo a la horca antes del amanecer en un edificio que sus servicios de inteligencia utilizaban antaño para las ejecuciones.
La gestión de la guerra de Irak -especialmente la muerte de más de 4.400 soldados estadounidenses, de acuerdo con las cifras del Departamento de Defensa de EE.UU.- hizo que el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, terminara su mandato en 2009 como el inquilino de la Casa Blanca menos popular desde que existen encuestas.
