La “marea republicana” no llega al Senado, donde los demócratas logran hacer pie

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El triunfo conservador y el avance del “Tea Party” no rompieron el cerco demócrata en la Cámara alta. Los hombres de Obama se consuelan: esta derrota no fue tan grave como la de Clinton en 1994.

El Partido Republicano logró como se preveía la mayoría en la Cámara de Representantes de Estados Unidos y le quitó en apenas dos años de mandato a los demócratas al menos 50 escaños.

Aunque los republicanos sólo necesitaban 39 bancas, en buena medida gracias a varios candidatos del “Tea Party”, como Marco Rubio o Rand Paul, los conservadores casi alcanzan el doblete histórico en ambas cámaras del Congreso, pero el Senado seguirá bajo el control de los demócratas.

El presidente Barack Obama se había anticipado al batacazo electoral cuando en declaraciones a una emisora de Chicago dijo: “Mi esperanza es poder cooperar con los republicanos”.

“Ha sido una noche dura”, admitió el presidente del Comité Nacional del Partido Demócrata, Tim Kaine. “Vamos a acabar probablemente con un demócrata en la Casa Blanca, con una mayoría de gobernadores republicanos, un Senado probablemente demócrata y una Cámara de Representantes también republicana”.

La primera victoria de la noche fue precisamente para los ultraconservadores del “Tea Party”: Rand Paul, hijo aventajado del congresista Ron Paul y “protegido” de Sarah Palin, se impuso en Kentucky al demócrata Jack Conway por 11 puntos y llevará hasta el Senado la misma receta implacable de su sector, “menos impuestos y menos Gobierno”.

Marco Rubio superó por una amplia ventaja al independiente Charlie Crist en la contienda por un escaño del Senado por el estado de Florida al obtener el 49% de los votos escrutados contra el 30% de Crist. Recién en la tercera posición se ubica el demócrata Kendrick Meek con el 20%.

Los tres competían por el escaño al Senado federal que dejó vacante el año pasado el cubano-americano Mel Martínez. Hijo de exiliados cubanos, Rubio contó durante la campaña electoral con el apoyo del “Tea Party” y los votantes tradicionales del Partido Republicano.

“Mucha gente hizo las paces con estas elecciones de antemano”, confesaban fuentes del partido de Obama a la CNN. El consuelo de los hombres del Presidente es que la “masacre” demócrata no será mayor, al menos, que la que condujo Bill Clinton en 1994, cuando perdió la mayoría en las dos cámaras.

Aunque los conservadores ganaban provisioriamente por 17 a 5 en el marcador provisional del Senado –con 37 de los 100 escaños en disputa-, el objetivo republicano de quedarse con el control de las dos cámaras se esfumó.

Los demócratas lograron victorias en Connecticut, Virginia Occidental —donde el Partido Republicano había realizado un enorme esfuerzo para hacerse con un escaño rural y minero— y Delaware.

En Delaware fue significativa la dura derrota sufrida por Christine O’Donnell, la candidata del “Tea Party”, impulsada a la primera línea política por Sarah Palin y a la que Karl Rove, el estratega electoral de George W. Bush, criticó desde un primer momento.

Así es como, para sorpresa de muchos, la “marea republicana” de la Cámara de Representantes no se extendió al Senado, donde la oposición está realizando avances pero menos de los esperados.

El hecho de que las elecciones en Estados Unidos sean siempre en día laborable hace que la mayoría de la gente acuda a votar a la salida del trabajo. Según comentaba uno de los votantes, “es mejor que no haya tanta gente ahora porque se votan muchas cosas, y si hubiera más gente habría unas colas enormes”.

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