Moyano y Cristina en River: a buen entendedor…

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Hugo Moyano ya probó el poder, cató sus matices y tiene un sueño. Se mira en el espejo de Luis Inàcio Lula da Silva y se imagina como el primer presidente obrero de la Argentina, aunque tenga mucho más tiempo de gremialista que de camionero.

Pero también sabe que tiene 66 años, uno más que Lula, que empezó a forjar su sueño hace más de treinta. Por eso necesita quemar etapas y, a la vez, elaborar un “plan B”.

Ese plan alternativo no puede ser otro que reunir el suficiente poder como para enfrentar eventuales represalias, por eso presionó para hacerse cargo del PJ bonaerense y ahora pide espacio en las listas de legisladores. Busca un poder obrero que sirva tanto para incidir en las decisiones que tome el poder político -éste o el próximo- como para cuidar su flanco menos público, el de empresario.

En ese costado tiene otro espejo, uno que lo incomoda. Es el que le devuelve la imagen de Juan José Zanola, preso por una causa que investiga manejos con medicamentos oncológicos “truchos” a través de la obra social de los bancarios. Un tema que, según se sabe en Tribunales, no es ajeno a otras obras sociales sindicales, incluída la de los camioneros.

Por todo esto Moyano armó el formidable acto de la cancha de River el último viernes, para el que los gremios de la CGT, incluida su archienemiga interna, la UOCRA, movilizaron micros con militantes desde todo el país.

En ese marco, Moyano explicó que ese no era “un acto político ni una demostración de fuerzas. Sabemos la fuerza que tenemos los trabajadores”.

Pero de inmediato, mirando satisfecho a las tribunas repletas de militantes y banderas sindicales, dijo: “A los trabajadores les pregunto, ¿vamos a renunciar a los tres poderes, por qué vamos a renunciar a la política? Este acto es para concientizar a los trabajadores y poder tener a un trabajador en la Casa de Gobierno”.

Después hubo elogios a la gestión kirchnerista y hasta pedidos no exentos de demagogia, como el de “un esfuerzo más por los jubilados”, en referencia al 82% móvil para las jubilaciones mínimas que la presidente acaba de vetar, pero Cristina ya había tomado mentalmente nota de las palabras del sindicalista y salió a marcarle en público que Lula hay uno solo y está en Brasil.

“Compañero Moyano, usted que anda pidiendo un trabajador como presidente de la República. Yo quiero decirle que trabajo desde los 18 años. Desde los 18 años trabaja esta mujer. Estudié en la Universidad Nacional de La Plata y era empleada pública, último orejón del tarro en el Ministerio de Economía de La Plata, desde los 18 años, toda mi carrera de abogada laburando y después me tocó laburar de profesional”, se despachó la Presidenta, en jerga obrera.

A pocos metros, Néstor Kirchner le dijo algo al oído a Moyano. Seguramente un chiste intencionado. Moyano se rió y siguió mirando a la presidente.

El mensaje estaba claro. La presencia del matrimonio presidencial en el acto era un reconocimiento a la demostración de fuerza del líder sindical, pero la presidente no dejó de marcarle la cancha, lo que muestra que los no los une el amor sino el espanto. 

Moyano podrá meter gente en las listas y hasta incidir en la designación de algún candidato a gobernador o a vice, comenzando por el bonaerense, pero no mucho más. Al menos no en la cabeza de los Kirchner. Y al menos no por ahora.

* Editor General de Gaceta Mercantil.

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