El “barrabravismo” rompe todas las barreras: invadió al glamoroso Jockey Club en San Isidro

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No tuvo tanta repercusión porque la competencia no fue tan popular como el Gimnasia-Boca de hace unos días que terminó en una brutal represión de la policía bonaerense y la muerte de un hincha del “Lobo”, infartado ante el escenario de tensión, gases lacrimógenos y balacera por parte de los efectivos contra los hinchas. Pero lo vivido el fin de semana en el glamoroso hipódromo de San Isidro es una muestra más de que la cultura barrabrava ya está enquistada en casi todos los ámbitos de la sociedad argentina.

En el Gran Premio Jockey Club, uno de los más importantes del calendario turfístico nacional, el caballo “El Musical”, cuyo jockey fue Juan Cruz Villagra, cruzó primero la meta pero el Comisariato lo distanció y le dio la importantísima victoria (en prestigio y dinero) a su adversario Natán, cuyo jockey fue Adrián Giannetti, al considerar que el primero había obstaculizado en el verde césped de San Isidro al segundo.

Después de eso, un escándalo nunca antes vivido en un mundo de dobles apellidos y camisas y vestidos importados que se mezclan con el trabajo de los esforzados peones, cuidadores y la bosta de quienes son los verdaderos generadores de millones de dólares que mantienen el alto estilo de vida de varias de las familias con mayor alcurnia de la Argentina.

Allegados al stud Mamina atacaron a las autoridades, insultaron por doquier a cualquiera que se les cruzara en el camino, le pegaron a policías que intentaron poner orden ante un azorado público que no podía creer lo que veía -algo inédito en el mundo del turf-: un hombre se trepaba al marcador oficial para tirar las tradicionales chapas que con número y color indican el resultado final de la carrera.

Más de 48 horas después, el clima sigue caliente. No es la primera y no será la última vez que una decisión del Comisariato es polémica. No han faltado discusiones entre jockeys, entrenadores y propietarios. Pero nunca había ocurrido que las imágenes del hipódromo hacia el mundo fueran las mismas que -lamentablemente- ofrecen frecuentemente las canchas del fútbol nacional.

Otro ámbito más conquistado por la “cultura barrabrava” en Argentina. Más allá de quienes tuvieran razón o no en el hipódromo, la violencia inaudita es una mancha que una industria tan importante deberá erradicar de su mundo para no empezar un espiral descendente hacia el caos. Sobran ejemplos de actividades que sufren del “barrabravismo”. El turf, desde el fin de semana pasado, es una más en la larga lista.

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