George W. Bush asegura en sus memorias que la tortura “salvó vidas”

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El ex presidente de Estados Unidos esperó dos años para difundir su versión de los hechos en sus dos períodos. No se retracta ni se arrepiente de nada, e incluso afirma que los iraquíes están hoy mejor que cuando los gobernaba Saddam. Una reseña de sus principales afirmaciones.

La decisión de invadir Irak

El libro de Bush confirma que el vicepresidente, Dick Cheney, lo animó a invadir Irak, y que contó con el respaldo del presidente de la Reserva Federal americana, Alan Greenspan, que le dijo que se tenía que tomar una decisión significante ya que “la falta de certeza estaba dañando a la economía nacional”. Además de los asesores nacionales, Bush cuenta que el príncipe Bandar bin Sultan de Arabia Saudí también le dijo que Medio Oriente esperaba su decisión.

El ex presidente cuenta que durante la cena de Navidad del 2002 habló con su padre, George H. W. Bush, quien le dijo que “la guerra es dura, hijo, y tienes que intentar todo para evitarla… Pero si el hombre (por Saddam) no sigue tus órdenes, no te queda otra”. Después de decidir invadir Irak, el primer presidente Bush le envió una nota a su hijo: “Haces lo correcto. Tu decisión es la decisión más dura que has tenido que tomar hasta ahora pero la has tomado con fuerza y compasión”.

Blair y los británicos

Bush también revela que le ofreció al entonces primer ministro británico, Tony Blair, la posibilidad de no enviar tropas a Irak cuando el premier se enfrentaba a un posible voto de desconfianza en el Parlamento. Sin embargo, Blair le dijo que estaba decidido a ir a la guerra en Irak aunque eso le costara el Gobierno.

De paso, comenta que “no me importa qué opinión puedan tener de mí los ingleses. Ya no me importa. Y sinceramente, había veces que tampoco me importaba entonces”.

Las armas de destrucción masiva

Bush dice que todavía se siente “enfermo” cuando piensa en que no se encontraron armas de destrucción masiva en Irak, justificación esgrimida en su momento por él, Blair y otros dirigentes occidentales para invadir el país árabe. Decisión que, además, se basó en datos de la inteligencia estadounidense que fueron expuestos por sus más altos mandos en distintos foros internacionales con el fin de convencer a sus socios en la coalición occidental.

El ex presidente vuelve a insistir con que los iraquíes están hoy mejor sin Saddas Hussein, a quien califica de “dictador homicida”, y agrega que Estados Unidos también está mejor sin un líder al que acusa, igual, de haber estado tras un arsenal de armas químicas o biológicas.

Guatánamo y Abu Ghraib

Bush intenta argumentar que la cárcel en Guantánamo es un lugar en donde se respetan los derechos humanos. Escribe que todos los prisioneros recibieron “una copia personal del Corán” y tenían acceso a una biblioteca en la que podrían encontrar gran diversidad de libros, entre ellos “una traducción árabe de la serie de ‘Harry Potter'”.

Además asegura que no tenía la menor idea de los abusos perpetrados por soldados norteamericanos en la prisión de Abu Ghraib y que la primera vez que vio las imágenes polémicas fue cuando las mismas fueron emitidas en la televisión estadounidense.

Las prácticas de “asfixia simulada”

El ex presidente defiende las ilegales prácticas de la “asfixia simulada” -condenadas por la Convención de Ginebra- porque “salvaron vidas”. Según Bush, tres personas que fueron sometidas a ese tipo de torturas dieron información que permitió frustrar los atentados contra el aeropuerto de Heathrow y la zona de Londres conocida como Canary Wharf, y varios complots para atacar sedes diplomáticas norteamericanas en el extranjero.

Bush confirma en sus memorias que autorizó el recurso a la “asfixia simulada” para sacar por la fuerza información a Jalid Sheij Mohammed, el cerebro de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, y se confirma que fue la decisión “correcta”.

El huracán “Katrina”

En su libro Bush rechaza las críticas de quienes le acusan de no haberse preocupado por los ciudadanos de Nueva Orleans tras el desastre del huracán Katrina, pero reconoce que la respuesta del Gobierno no fue adecuada.

“Debiera haber reconocido las deficiencias más rápidamente e intervenido antes”, admite Bush. “Yo siempre he sentido cierto orgullo por mi capacidad de tomar decisiones rápidas y efectivas. Sin embargo, eso no ocurrió tras el Katrina. El problema no fue que tomé malas decisiones. Fue que tardé demasiado en tomarlas”.

Bush alega que quizo mandar tropas para restaurar el orden en la ciudad, pero que la gobernadora del estado de Louisiana, Kathleen Blanco, resistió su sugerencia; también dice que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, le aseguró que estaba prohibido movilizar el ejército por tales motivos salvo en caso de insurrección armada. “Si hubiese tomado esa acción, el mundo hubiera visto un presidente republicano -un hombre- usurpando la autoridad de una gobernadora demócrata -una mujer- al declarar que había una insurrección armada en una ciudad con una población mayoritariamente afro-americana”.

“Fallé al no comunicar adecuadamente mi preocupación por las víctimas del desastre. Hubo un gran fallo en la percepción, no en la realidad de la respuesta al huracán. Se me rompía el corazón al ver el sufrimiento de esa gente que esperaba que la rescataran”. […] “Recuerdo que tras un huracán en 1965 el entonces presidente de EE.UU., Lyndon B. Johnson, voló a Nueva Orleans y entró en una casa con una linterna, anunciando, ‘¡Soy vuesto presidente! ¡Vengo a ayudarlos!’. Es una lástima que no haya seguido su ejemplo”, se lamenta.

La vida de un ex presidente

Bush asegura que dejó la presidencia sintiéndose satisfecho. “Siempre he hecho lo que creía que era lo correcto”. Desde entonces, el ex presidente dice que su vuelta a la vida civil ha sido tranquila.

Tras mudarse a Dallas, Bush dice que sacó a su perro, Barney, para dar una vuelta temprano por la mañana. “Barney se metió en el patio de mi vecino, donde se dedicó  hacer sus necesidades. Allí estaba yo, el ex presidente de Estados Unidos, con una bolsa de plástico en mi mano, recogiendo aquello que había intentado evitar durante los últimos ocho años”.

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