Qatar 2022. “¡Somos argentinos carajo!” (Un tour por la pasión futbolera)

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Por Daniel Bosque

¡Qué alegría señores! El paso por octavos salió redondo y el trapo patrio de nuevo nos hermana, tan generoso que adentro le ponemos lucky venga. A las 18.15 del sábado se abrió la tranquera y millones de argies han salido a las calles. En ríos que van y vienen, seis de cada diez camisetas llevan el 10 al lomo. Bien ahí: no todas son iguales, la mía tiene panza y nada que ver, por ejemplo, con la de Siro, el pitbull de mi vecino que se la banca como duque y sin bozal.

Entre el traspié saudí y el revivir ante México, me había paseado con mi vieja casaca nacional. “Sos valiente”, me soltó Andrés, mi portero preferido, nada que ver con el turro de Francella en Star+. Esta es una película de las Pascuas católicas pero al revés. Hemos ido del Vía Crucis de la fase de grupos a este Domingo de Ramos. Lío o Leo llega al Obelisco montado en un enorme burro “albiceleste” y se nos han acabado los olivos. El planeta entero nos mira y admira, es lo que nos gusta a los argentinos, ¡pero por favor! Somos otra cosa, pasión, blancura, belleza pura, adentro y afuera del césped.

¡Ay Doha!, este sí que es un Mundial para la envidia bien entendida. No puedo dejar de pensar en amigos, enemigos y desconocidos que gritan desaforados a metros de la heroica escena. “La vida es corta” me dicen Juan y Héctor, desde el mismísimo lugar del crimen. Mandan selfies de Iphone que son como estar allí. Y tik toks patriotas, tutoriales de lectura obligatoria para brazucas y  otros acerca de cómo alentar a puro huevo y corazón. Es la misma pasión de Antonio, el hijo de Nancy, una cartonera del barrio. Duermen en un colchón a dos esquinas de aquí. Tony se tuneó hace varios días con camiseta, vincha, gorro,  banderita en el carro, cachetes body paint. Los dos están que estallan, aguanten el Dibu y de Paul, grita el pibe.

¿Y el Messias? Esta vez te tapó la boca, me desafían Cristian desde Santiago, Pedro desde Madrid, Carlos desde Lanús… Sabida mi proverbial inquina hacia el Super 10 al que tantas veces se le aflojaron las tuercas en la recta final. Pero esta vez  fintas y goles han emocionado a todo el personal. Lagrimeamos por viejos, por haber dejado las harinas, por tantas decadencias entre pecho y espalda. O simplemente porque esto es futbol, el guion más perfecto que siempre se renueva y sorprende. #Infarto es trendtopic, no sólo aquí. En Australia se quieren morir, por una teta no fue vaca.

Aguante Argentina, Joris destacado periodista de Netherlands y viejo conocerdor del futbol argentino, me dice “nos vemos el sábado, el Día-D”, confiado en el estilo Van Gaal de palo y a la bolsa. Dale, vengan que los esperamos, miren que tenemos mucho juego, le gritan a quien quiera oir los 45 millones sacados y su gobierno agobiado y relator. La pucha, cómo hacer para que no termine nunca este recreo bonito de nuestro tobogán.

Marx y Engels (pibes googlear y no preguntar lo elemental porfa) mientras libaban en los azahares de la revolución, no imaginaban que las tristezas de domingo, el germen de las rebeliones de masas, sería adormilada en el Siglo XX por la mass media, el turismo y el futbol que nos dieron enviones del alma para ilusionarnos,  divorciarnos y otras cosas. Verne, Tesla, Edison, Bell y otros inventores decimonónicos soñaban en grande, mucho antes de este “screen world 4.0” que ya es demasiado antes del chip subcutáneo que imaginan insertarnos para reemplazar al celu. De los ojos al cerebro, sin intermediarios.

De inventar se trata, es el secreto para que perviva el futbol, algo a simple vista tan vulgar y repetitivo. Pero tantas veces, como hoy, principio y fin de todas las cosas. Tan subversivo, capaz de que unos muchachos del Tercer Mundo – nueve de cada diez que juegan en Qatar son inmigrantes legales en las ligas del planeta rico –  humillen a los poderosos. “Hay que esperar lo mejor y estar preparado para lo peor”, me recuerda sabio Jorge, que recién llega de ver in situ la fase de grupos y hubiera vendido su camioneta por quedarse allí, a puro alarido.

Cortala con lo social y tantas historias, advierten los amigos futboleros por whatsapp. Se impone el mandato: “Disfrutemos de estos pibes que le pegan con las dos”. Son nuestros hijos predilectos, el novio soñado, el jefe o el vecino deseado, el empleado que no tuvimos. ¡Somos argentinos carajo! A ver si se entera el mundo que se carcajeaba de nuestra suerte herida.

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