Las sanciones no son obstáculo para el desarrollo de las relaciones ruso-argentinas

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Por Dmytri Feoktistov *

El 22 de octubre de 2022 se cumplieron 137 años desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Federación de Rusia y la República Argentina. Un elemento importante de nuestra cooperación, que ha alcanzado el nivel de la asociación estratégica integral, son los vínculos comerciales y económicos.

En 2021, el volumen del comercio bilateral ascendió a 1.300 millones de dólares. Sin embargo, hoy en día persiste cierta incertidumbre en este ámbito debido a los intentos de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) de aislar a Rusia de sus socios externos.

La presión sobre nuestro país no tiene precedentes. Las empresas industriales más grandes y sectores enteros de la economía nacional fueron sancionados. A los principales bancos se les impidió operar con el dólar y el euro. Se congeló una cantidad considerable de las reservas rusas de oro y divisas. Se prohibió la exportación a Rusia de varios tipos de maquinaria, así como bienes de consumo. Al mismo tiempo, suministros de productos rusos siguen siendo objeto de restricciones, incluyendo prohibiciones directas y aranceles bloqueadores, y hasta existen iniciativas para establecer un precio máximo para el petróleo y el gas rusos.

Cerrando sus puertos marítimos y el espacio aéreo, y cortando las comunicaciones terrestres con nosotros, Occidente intentó acorralar a Rusia de una situación de bloqueo del transporte. Incluso varios de nuestros países amigos, por miedo a las llamadas sanciones “secundarias”, prefirieron reducir o suspender muchos proyectos conjuntos con los socios rusos.

Sin embargo, Rusia ha demostrado su capacidad de resistencia. Logramos mantener la estabilidad de las instituciones financieras. El rublo, que se hundió fuertemente en febrero pasado, se ha fortalecido. La inflación pasó su pico en mayo de 2022 y ahora sigue disminuyendo. Rusia ha logrado redirigir sus exportaciones a nuevos mercados y sustituir las importaciones occidentales por los suministros de otros países o por el aumento de su propia producción. Resulta que hoy en día los intercambios tecnológicos son posibles incluso más allá de los EEUU y la UE. Mientras tanto, la base que fundamos en las últimas décadas nos permite esperar que las industrias clave de alta tecnología de la economía nacional sean autosuficientes.

Asimismo, las sanciones, como un arma de doble filo, afectan también a sus autores. Porque al final del día, la esencia de la economía es el beneficio mutuo, y no es necesario tener conocimientos especiales para entender esto. El éxodo de empresas occidentales del mercado ruso les costó, según algunas estimaciones, unos 60 mil millones de dólares. La crisis energética provocada por los Estados Unidos y la UE, los obligó a estos países a abandonar sus propios objetivos extravagantes de lograr la “neutralidad de carbono” y aumentar con urgencia la generación de electricidad con el uso de carbón y petróleo.

Las sanciones dañan también a otros países. Han hecho subir los precios de los productos básicos, como petróleo, gas, alimentos, fertilizantes. Se ha disparado la inflación general, que hoy se puede observar en casi todo el mundo.

Las sanciones socavan además la credibilidad del dólar y el euro. Como resultado, la crisis actual llevará a la formación de un nuevo orden financiero mundial basado no en el dinero fiduciario, sino en monedas de mercancías, en la economía de valores y activos reales. Los propios EE.UU. y la UE están destruyendo los cimientos sobre los cuales construyeron su dominio global, demostrando que los servicios del capital occidental conlleven riesgos significativos.

Rusia tiene una enorme experiencia en la implementación de proyectos a gran escala en las áreas de infraestructura, energía, ingeniería, espacio, salud y, en los últimos años, digitalización. Esta experiencia puede ser útil para otros países, estamos dispuestos a compartirla. Así fue con la Sputnik V, cuando entregamos a Argentina las tecnologías necesarias para localizar la producción de la vacuna rusa en el territorio de la República.

A pesar de todo, nuestro país sigue siendo un mercado solvente y de gran capacidad para los productos argentinos. Rusia y Argentina pueden construir un modelo de cooperación económica y comercial en el marco de la cual se complementarían de manera natural, intercambiando bienes y conocimientos necesarios para sus economías.

Durante los años anteriores se sentaron las bases para la realización conjunta de muchos proyectos importantes. Hoy en día, es imperioso no perder los logros anteriores y decidir cómo continuar sin problemas para llevar a cabo estos planes en interés de los pueblos de nuestros países.

* Embajador de la Federación de Rusia en Argentina

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