Félix Frías, el gran bailarín

Por Roberto L. Elissalde *

Félix Frías resulta una de las figuras más destacadas de la política y del periodismo en nuestro país, además de uno de los líderes del catolicismo, afín a las ideas de Pedro Goyena y José Manuel Estrada, que prestó valiosos servicios al país.

Testigo de momentos importantes de nuestra historia, opositor al gobierno de Rosas, en 1838 se unió al general Lavalle en la Colonia del Sacramento y lo acompañó como secretario hasta su muerte en Jujuy. Después fue uno de los que custodió su cadáver y pasó finalmente a Chile con la espada del héroe de Río Bamba. Además, estuvo en los últimos momentos del general San Martín en Boulogne Sur Mer, y nos dejó una vívida descripción de esa experiencia.

Reunió una valiosa documentación sobre nuestros derechos sobre la Patagonia, valioso corpus que utilizó cuando fue enviado por Sarmiento a Chile en 1872, para afirmar oficialmente nuestra legítima soberanía sobre las extensas regiones de nuestro país.

Ambrosio Romero Carranza, Juan Isidro Quesada, el canónigo Américo Tonda, se han dedicado a estudiar la vida de este gran argentino y los últimos trabajos de Horacio Sánchez de Loria Parodi han terminado de iluminar su vida, su pensamiento, su tiempo y la gravitación de sus ideas.

Esta síntesis de su vida nos ofrece una imagen bastante distante de la juvenil, algo frívola y mundana que nos dejó en “Las beldades de mi tiempo” don Santiago Calzadilla. Parece que Félix, nacido en 1816, junto con su hermano Luis -un año mayor- y otro Juan, eran de los muchachos infaltables concurrentes a cuanta tertulia familiar era invitados, y despertaban la admiración de los asistentes: “Notables por su habilidad y eximio gusto para el arreglo artístico de una fiesta, ya fuese religiosa o mundana, en que cambiando los adornos y las flores de posición y de forma, completaban la decoración, apareciendo cada vez mejor y más lujoso el conjunto”.

“Estos jóvenes Frías eran asimismo incansables bailarines, con cuya gracia se captaban la preferencia de las más bellas señoritas y la voluntad de todas las mamás; pues con su constante locomoción, ni a las feas dejaban planchar, así eran realmente idolatrados en la sociedad, de la que realmente eran el alma. He aquí una prueba de ello: Una señorita elogiaba en un círculo la bonhomía y el talento de los Frías, infatigables en el vals. Un celoso de sus éxitos y de sus triunfos, no sé si con razón o sin ella, cuando la señora elogiaba a los jóvenes diciendo que eran apuestos y estaban muy bien en todo sentido, le contestó: ‘Si señora, tienen mucho talento, pero en los pies’. La ocurrencia fue muy festejada, haciendo furor entre sus émulos, que la consagraron como una muletilla”.

  • El autor es historiador y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

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