K. Der Ghougassian: “Se fortalece Israel y se debilita Palestina”

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Las negociaciones entre Israel y Palestina para destrabar el conflicto que los enfrenta desde hace años parecen trabadas. En las últimas semanas, los gobiernos de Benjamin Netanyahu y de Salam Fayad volvieron a cruzarse, ahora por el control de Jerusalén oriental.

Por Jorgelina Perez

El primer ministro palestino reiteró que Jerusalén Este será la capital de un futuro Estado palestino, mientras que el ministerio israelí de Vivienda abrió la licitación para construir más de 200 viviendas en dos colonias judías en esa zona.

El estatus de Jerusalén es uno de los puntos de disputa clave. La parte occidental fue proclamada capital de Israel en 1950, mientras que Jerusalén este, que incluía la Ciudad Vieja, quedó bajo control jordano. Durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, Israel la anexionó y en 1980 la declaró “capital eterna e indivisible”.

Sin embargo, Fayad insiste en que será la capital de un futuro Estado palestino. “Esta zona forma parte de Jerusalén, y (el sector oriental) es un territorio palestino ocupado desde 1967”, aseveró.

Las negociaciones para encaminar el conflicto parecen estar en un punto muerto, según admite Khatchick Der Ghougassian, especialista en Medio Oriente.

“No veo cuáles son las ventajas en esta mesa de negociación, salvo esperar de parte de Estados Unidos mayor presión sobre Israel. Porque ni siquiera se han tocado los temas de la agenda. Todo gira en torno de si se congelan o no se congelan los asentamientos. Ahora, si no se congelan, cae todo el esquema. ¿Y cómo se avanza? Estamos hablando de dialogar o no dialogar, ni siquiera qué cosa negociar”, afirma Der Ghoguassian en diálogo con Gaceta Mercantil.

En Israel, “el debilitamiento de la postura del Laborismo, que siempre fue el partido que más estuvo de acuerdo con el intercambio de territorios por paz, y el avance fuerte de una derecha cada vez más intransigente, una derecha que a diferencia de quien en su momento era el más intransigente, Ariel Sharon, ni siquiera ha decidido dónde para el supuestamente “natural crecimiento” de los asentamientos, no son factores que generen voluntad de progreso en las negociaciones”, agregó.

En cuanto a los palestinos, consideró que “mientras Washington no dé señales de mayor, y, sobre todo en períodos electorales, internamente costosa, firmeza en su rol de mediación –entiéndase por lo menos oposición a la expansión de los asentamientos-, las intervenciones de Irán o de Turquía, sobre todo cuando retóricamente y gestualmente militante, van a dar la ilusión de una solidaridad externa que, evidentemente, aún en su expresión más sincera no deja de ser parte de una política que calcula esta solidaridad en función de su propio interés nacional. En la coyuntura actual, la solución del conflicto palestino-israelí está más que nunca vinculada a la cuestión mucho más compleja de la estabilidad regional”.

Poco después de la asunción de Obama usted dijo que dependería mucho de la voluntad política de Estados Unidos para llegar a un principio de entendimiento en el conflicto, ¿cómo ve su rol ahora?

El rol de Estados Unidos sigue siendo muy importante, pero Washington solo no puede estabilizar la región; pues aun cuando quisiera sinceramente asumir un rol de mediador, sus propios intereses compiten con los intereses de las partes en conflicto, en un esquema que es mucho más complejo que cualquier tema –palestino-israelí, Irak, Irán, petróleo- particular. Además, desde el asesinato de (el ex primer ministro Ytzak) Rabin (en 1995) y la llegada al poder simultáneamente de (Ariel) Sharon en Israel y de (George W.) Bush en Estados Unidos (ambos en 2001) la capacidad de Israel de oponerse a cualquier esquema que puede ir en contra de sus propuestas ha crecido, mientras el campo palestino y árabe se ha debilitado y fragmentado aún más. Esta asimetría en la mesa de negociaciones, que no es solamente consecuencia de una asimetría en el poder militar, tampoco ayuda a generar consensos mutuos.

¿Por qué se da ese antagonismo?

El antagonismo tiene su historia, pero se acentuó desde el fracaso del Proceso de Paz por el endurecimiento de las posiciones y el abandono de parte de la administración de Bush de una política de mediación para una política de intervención militar, cambio de régimen y balance de poder. No ayuda a revertir el antagonismo ni la fractura interna palestina, ni la derechización de la política israelí. Hay también factores externos que deliberada o involuntariamente exacerban el antagonismo, como es el caso de Irán, Turquía y los pastores fundamentalistas en Estados Unidos con sus manifestaciones de apoyo a Israel o discursos y gestos islamofóbicos. No veo mucha voluntad para llegar a un acuerdo cuando los palestinos no logran internamente consensuar una posición por la fractura interna desde 2007, y (el primer ministro israelí Benjamin) Netanyahu siempre encontrando la vuelta para hacer propuestas inaceptables por parte de los palestinos para trabar las negociaciones.

¿Y cómo se comporta Israel ante los ojos de Estados Unidos?

El gobierno de Netanyahu no puede abandonar las negociaciones por más que presione su aliado, porque Washington se mantiene firme en su postura de seguir el esquema de negociaciones. Por lo tanto, la estrategia de Netanyahu es hacer propuestas inaceptables para los palestinos, dar vueltas, poner condiciones… Estados Unidos quiere una solución al conflicto, está a favor de la creación de un Estado palestino; lo querían los Republicanos con la administración de Bush que, si bien nadie se acuerda, había propuesto una fecha, 2005. Lo quiere Obama sin ninguna duda. La solución siempre ha sido “dos Estados” y el desafío consistía en decidir las fronteras y cuestiones relativas a la agenda de esta solución. Hoy no estoy seguro que en Israel siga el consenso en torno de “dos Estados”, o “tierras por paz”.

¿Y qué sucede del lado árabe?

La oferta más interesante del lado de los árabes fue en el 2002 cuando la Liga Árabe en su cumbre que se celebraba en Beirut ofreció un reconocimiento de Israel a cambio de un regreso a las fronteras de 1967 (antes de la Guerra de los Seis Días). La propuesta, lamentablemente, no tuvo eco. Washington la ignoró porque ya había decidido invadir Irak. Y no se ve ninguna iniciativa colectiva árabe para destrabar la situación. Arabia Saudita, que en 2002 formuló la propuesta, hoy está mucho más preocupada por Irán. Además, es probable que el giro de la política turca hacia el Medio Oriente en una iniciativa que algunos analistas caracterizan como “neo otomanismo” termine quitándoles aún más protagonismo a los países árabes.

¿Entonces usted ve lejos un escenario de equilibrio en la región?

Yo veo al mundo árabe en total desconcierto en este tema por varias razones: debilitamiento interno, fragmentación, incapacidad de acordar en torno a una estrategia de negociación. Y si en el pasado, en algún momento los árabes tuvieron la esperanza de que el tiempo iba a estar a su favor, hoy la situación ha cambiado. En la coyuntura actual, y probablemente a mediano plazo, el tiempo está cada vez más a favor de Israel porque el contexto conflictivo está generando mayor cohesión en Israel, a pesar de las diferencias que persisten entre sectores.

¿Es impensable el tema de un Estado único?

No es impensable, depende de cómo se va a concebir este Estado único. Si no me equivoco, en Israel se debate la idea de un Estado único, Israel, y otorgarles a los palestinos derechos plenos como ciudadanos dentro de 25 años, es decir a una nueva generación de palestinos nacidos y crecidos en el Estado de Israel. Es un tema que se está debatiendo y no está en la agenda, por lo menos hasta ahora. La propuesta, evidentemente, es unilateral porque los palestinos no la van a aceptar entre otros porque termina con una de sus exigencias mayores que es el derecho de retorno de los refugiados palestinos.

Quién es Der Ghougassian

Nació en El Líbano en 1963. Es doctor en Relaciones Internacionales de la Universidad de Miami y Master en Relaciones Internacionales por Flacso. Especialista en seguridad internacional y en Medio Oriente, es docente en la Universidad de San Andrés. Fue asesor del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad bonaerense y es autor de varios libros, artículos y monografías.

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