Palomas, halcones y cuervos

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La consternación inicial, la personal y la política, ha dejado lugar a la incertidumbre. La muerte de Néstor Kirchner estaba en los cálculos de muy pocos, probablemente aquellos que conocían hasta el detalle su historia clínica y la barajaban como una posibilidad. Pero la clase política entera –y ni hablar los ciudadanos- recibieron la noticia como lo que fue, un baldazo de agua fría.

Inevitables pero desde el vamos ahistóricas, las comparaciones con el pasado afloraron en la cabeza de aquellos que tienen edad como para recordar: Kirchner no es Juan Domingo Perón y Cristina no es Isabel. No obstante, en la mente y el corazón de muchos rondó ayer por la mañana un \”dejá vù\” vago pero denso.

Sin embargo, que no haya correlato alguno entre aquella tragedia y esta no implica que hoy no asistamos a un momento clave de nuestra Historia, a esos momentos cruciales a los que nos tiene acostumbrados la realidad argentina, tan pródiga en pesadas sorpresas.

La incertidumbre tiene que ver con esto, con las situaciones de clivaje histórico que pueden barrer con todo de un plumazo, lo bueno y lo malo, sin que casi nadie esté en condiciones de operar sobre la realidad.

Decimos casi nadie, no nadie, porque cuando el cuerpo del ex presidente todavía no había sido subido al avión que lo trajo a Buenos Aires desde El Calafate, se observaron algunas escenas televisivas que parecían pertenecer a un pasado enterrado. Pero, iremos por partes.

En primer lugar, la desaparición física de Kirchner deja un vacío inocultable. Y como en política todo vacío es ocupado por alguien, mientras la presidente Cristina Kirchner recibe a los mandatarios de la región que vienen a presentarle sus respetos por la muerte de su compañero de toda la vida, en las sombras se están moviendo los que consideran que ha llegado su momento. O los que temen que se les arrebate lo conseguido –y lo liderado- por Kirchner en estos siete años de concentrado manejo del poder.

Primera conclusión: nada será lo mismo en la etapa que comienza. Sin ir muy lejos, los ministros que no tenían línea directa habitual con Kirchner y su \”mesa chica\”, y que se reunieron en el último tiempo en la edición de la revista \”Desafíos\”, probablemente levanten su perfil después de tantos años de disciplinamiento. Todos tienen su propia trayectoria en el peronismo y consideraban antes de la muerte de Kirchner que Cristina debía volver a impulsar a los sectores de la militancia que se alejaron en los últimos años del kirchnerismo. La Presidente estimaba que la clave del futuro político estaba en regresar en busca de los sectores medios de la sociedad. Aquí habrá un primer punto de discusión, aunque no el único, en las próximas semanas. ¿Halcones y palomas? Ni sí ni no. Hay muchos matices.

Están los que se apuraron a desear que la Presidente aproveche –todavía no veló a su marido- para dar un golpe de timón a su gestión, moderándola, quitándole cuanto antes la impronta confrontativa de su esposo. Y los que, en la otra vereda, la quieren acompañar para \”profundizar\” lo hecho y lanzarse a por más.

Entre unos y otros se mueven los que en cada crisis ven una oportunidad. La osadía es su signo y están acostumbrados a ganar –y a perder- apostando a un solo número, en una sola bola. La aparición del ex ministro menemista y empresario José Luis Manzano en la pantalla de su canal –y el de Francisco de Narváez- en la noche de ayer, durante unos 15 minutos, puede anotarse en la categoría de las jugadas osadas, casi desfachatadas. No importa tanto lo que dijo sino el hecho de que por primera vez desde su alejamiento apresurado del poder, Manzano quiso aparecer. Dejó las operaciones subterráneas para decir lo suyo en un momento de conmoción nacional.

La apuesta es clara. Dicen los que piensan como él: un \”golpe de suerte\” (¿la muerte de Kirchner?) puede alterar el tablero político y empresario de tal manera que cualquiera puede ganar. Sólo hay que proponérselo, para lo cual sólo hacen falta \”valedores\” en el poder, \”amigos\” que abran las puertas a la osadía.

Claro está, cerca de la Presidente también están los que vienen trabajando con ella desde hace tiempo bajo la atenta supervisión de Kirchner y que, frente al nuevo escenario, tendrán algo que decir, también.

De estas primeras conclusiones se derivarán otras con el correr de las horas, y con el correr de los días. Lo contrario de incertidumbre es la certeza. Y en este momento, son pocas las seguridades.

* Director de gacetamercantil.com

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