La desautomatización literaria

Hace 50 años, fallecía Tristan Tzara, ensayista y poeta francés nacido en Rumania y motor fundador del movimiento dadaísta, que originó las vanguardias del siglo XX y fue precursor del surrealismo y el por art.

No proponía una ruptura “porque sí”, sino con un fundamento social, cuasi marxista. El grupo Dadá quería romper el lenguaje, expresar su oposición al orden establecido en la gramática porque, en opinión de sus integrantes, la lengua era un multiplicador de lógicas capitalistas y el sustento de un sistema opresor.

El movimiento nació en Zurich, durantela Primera GuerraMundial, y fue capitaneado desde un principio por un francés nacido en Moinesti, Rumania, en 1896, llamado Samuel Rosenstock. Un poeta que pasó a la historia como Tristan Tzara.

Los presupuestos dadaístas vieron su materialización en 1916, con la aparición del libro “La primera aventura celeste del señor Antipirina”, de Tzara, y las formulaciones de teoría literaria en la revista “Dadá”, un año después. Recién en 1918, se conoció el “Manifiesto Dadá” y poco después los “Veinticinco poemas”, que otorgaron cierta fama al nacido en Rumania.

Para esa época, Tzara se había instalado en París y tomado contacto con otro vanguardista irreverente, André Breton, líder de la revista “Littérature” junto Louis Aragon, Philippe Soupalt y Paul Éluard.

Mientras estos continuaron por su senda inicial de “el arte por el arte”, Tzara se acercó a la militancia política, se afilió al Partido Comunista francés y fue miembro dela Resistenciaa la invasión nazi. Claro que nunca dejó de escribir.

La guerra le dio un cariz más íntimo –y menos rimbombante- a la poesía de Tzara. Sus reflexiones y los actos cotidianos de su vida pueden buscarse en “La huida”, de 1947, “El rostro interior”, de 1954, y “La rosa y el perro”, de 1958. Allí mantuvo su tono vanguardista, sobre todo en el uso quebrado de palabras, pero también elaboró imágenes ilógicas que lo acercaban al surrealismo.

De todos modos, Tzara no sólo expresó un universo poético autónomo como sus compañeros de ruta franceses, sino que también conservó una idea social de la literatura que plasmó en sus ensayos.

Las narraciones “El hombre aproximado”, de 1931, y “Donde beben los lobos”, de 1933, más los ensayos “Siete manifiestos dada”, de 1924, y “El surrealismo y la posguerra”, de 1947, así lo remarcan.

Vida. Tzara vivió casi toda su vida en Francia, donde terminó por fundar su Movimiento Dadá, con Jean Arp y Hugo Ball. La idea social del grupo se basaba en romper todos los parámetros establecidos de la literatura como repetición social (el “arte del buen decir”, que señalan las maestras) para desautomatizar al hombre de su propia historia del arte.

Por eso, influyó con el paso del tiempo en una serie de grupos vanguardistas como el surrealismo, el estridentismo y, por supuesto, en su apropiación del capitalismo tardío: el “Pop art”.

También fue “padre” de los espectáculos callejeros del llamado “absurdismo”, con lo cuales los vanguardistas franceses quería escandalizar al ciudadano medio.

En este sentido, participó con los surrealistas en la elaboración de los métodos de escritura automática, a través del collage, pero finalmente no pudo conciliarlos con las filosofías nihilistas y las marxistas que profesaba.

Su militancia en el PC llegó hasta 1956, cuandola Unión Soviéticainvadió Hungría para apagar una revuelta popular. En ese entonces, construyó una obra compleja pero más convencional que la de vanguardia: “Hablar sólo”, en 1950, y “El rostro interior”, de 1953, y “La rosa y el perro”, de 1959.

El 25 de diciembre de 1963, día de Navidad, falleció súbitamente y fue llevado por sus amigos surrealistas al Cementerio de Montparnasse. Sus conferencias “El surrealismo y la posguerra” tuvieron póstumamente la fuerza de transformar, en parte, la literatura de la segunda mitad del siglo XX.

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