Un argentino de ley: Norberto Piñero

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La vida de su tío bisabuelo acaba de ver la luz con la autoría de Pablo Piñero, el “adecuado” biógrafo de una figura olvidada de la historia argentina.

Con este título el profesor Pablo Santiago Facundo Piñero ha tomado la tarea de escribir la biografía de su antepasado (tío bisabuelo). Según nos relata en las palabras preliminares fue la inundación del 2003 en la ciudad Santa Fe la que llevó buena parte de la documentación y biblioteca que atesoraba su padre y un año después este falleció, lo que le llevó estos años a investigar una de esas vidas argentinas que, como dijo Octavio R. Amadeo, “son la reserva sagrada con que la Argentina responde ante el mundo de su solvencia moral”.

En el prólogo, la escritora Claudia Karina Rosciani destaca la labor del autor y anota que el olvido del protagonista obedece a que “el doctor Norberto Piñero no tuvo hijos”, aunque “es muy probable que de haberlos tenido, sus descendientes directos se hubieran ocupado de mantener viva su memoria, e incluso, de proseguir con alguna de sus obras”. Así como lo afirma Pablo Piñero, es “el escritor necesario para recuperar un legado viviente en cada una de sus participaciones”. Y lo dice “no porque sea el adecuado sino porque no hay, actualmente, quien reivindique a su figura”.

Podemos evitar contradecirlo, es factible lo que dice, pero después de recorrer el libro, advertimos que fue la persona adecuada porque ha logrado despegarse de la cercanía familiar lo suficiente para tomar al personaje en su cabal perspectiva. A través de 21 capítulos va detallando la vida, que comenzó en lo que fue el antiguo fuerte de San Salvador de los Lobos, cercano a la laguna, en la línea de fortines que impulsara el virrey Juan José de Vértiz don Francisco de Betzebé, el 6 de junio de 1857. Faltaban poco más de dos meses para que por el desierto comenzara a avanzar la civilización a través del camino del ferrocarril con la famosa locomotora “Porteña”.

Instalada la familia en Buenos Aires, fue alumno aventajado en el antiguo Colegio Nacional de Buenos Aires, que una década antes había retratado Miguel Cané en Juvenilia; y al que habría de volver como profesor de Instrucción Cívica después de haber obtenido el doctorado en Derecho en la Universidad de Buenos Aires.

Profesor en la Facultad de Derecho y secretario de esa casa de Altos Estudios, fue uno de los académicos fundadores en 1896 de la de Filosofía y Letras, de la que fue vicedecano y luego decano. El presidente José Evaristo Uriburu lo envió a Chile como representante argentino “en circunstancias excepcionales” y a su labor se debe la repatriación de lo restos del general Juan Gregorio de Las Heras a su tierra natal, lo que se demoró una década por razones ajenas a su voluntad.

Ocupó la cartera de Hacienda en las presidencias de José Figueroa Alcorta y de Roque Sáenz Peña. Y fue redactor del Código Penal, delegado a distintos congresos internacionales en los que dejó bien el alto el prestigio del país y hasta proclamado candidato para suceder a Hipólito Yrigoyen en la Presidencia.

Fue quien en un plan de publicar los escritos de Mariano Moreno dio a conocer el famoso “Plan de Operaciones”, lo que dio origen a una polémica sobre la autenticidad de aquel escrito liminar. Fue también el autor de la idea de instalar el Museo Etnográfico, que logró concretar tiempo después; el promotor de las escuelas industriales, todo lo que se registra, como en otros capítulos del libro, acompañado de fotografías de la época, y de archivos públicos y privados.

De su honestidad habla el no haber aceptado la legación en Londres por no concordar con la política internacional del presidente Yrigoyen y de su canciller Honorio Pueyrredon. Miembro de la Junta de Historia y Numismática Americana, fue numerario de ella desde el 19 de julio de 1914 y llegó a verla convertida en Academia Nacional de la Historia, cuya memoria recordó la corporación en una medalla que se reproduce en esta nota. Presidió en el centenario la Comisión de Homenaje al general Bartolomé Mitre, en 1921.

Falleció en Buenos Aires el 2 de julio de 1938 y su legado permanece aún en la magnífica biblioteca que atesoró y que hoy posee el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA). Bien le cabe a Norberto Piñero (que sin duda encontró su biógrafo) la frase de José Martí: “Los hombres se dividen en dos bandos; los que aman y fundan, los que odian y deshacen”.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

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