Los peligros de la proliferación de contratistas de seguridad privados en territorio ucraniano

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En medio del conflicto, los contratistas privados estadounidenses y europeos dicen que cada vez surgen más oportunidades que van desde misiones de “extracción” de personas hasta ayuda con la logística.

“Se buscan: exsoldados multilingües dispuestos a ingresar de forma encubierta a Ucrania por la atractiva suma de hasta 2.000 dólares por día, más una bonificación, para ayudar a rescatar a las familias de un conflicto cada vez más sombrío”.

El párrafo anterior puede sonar como sacado del guión de una película de acción pero es un anuncio de trabajo real, tomado del sitio web de empleo Silent Professionals, dedicado a personas que trabajan en la industria militar y de seguridad privada.

Según dicen los expertos, la demanda está creciendo. En medio de una guerra desgarradora en Ucrania, los contratistas privados estadounidenses y europeos dicen que cada vez surgen más oportunidades que van desde misiones de “extracción” de personas hasta ayuda con la logística.

Robert Young Pelton, un autor canadiense estadounidense y experto en compañías militares privadas (CMP), afirma que en la actualidad hay “un frenesí en el mercado” de contratistas militares en Ucrania.

Pero la demanda de trabajadores de seguridad, muchos de ellos exsoldados entrenados para luchar y matar en diversos conflictos alrededor del mundo, en medio de una guerra como ésta deja mucho margen para errores y tiene el potencial para derivar en un caos, como ya ocurrió en Irak, Libia o Afganistán, por citar solo algunos de los escenarios de conflicto recientes.

Operaciones complejas y bien remuneradas. Incluso mientras voluntarios occidentales se unen a la lucha en Ucrania, por lo que pueden esperar que se les pague lo mismo que a sus homólogos ucranianos, actores privados están ofreciendo dinero para servicios de seguridad como el que se anuncia en Silent Professionals.

La plataforma no dijo quién estaba detrás de esa oferta de trabajo, pero según Pelton estas empresas están siendo contratadas por entre 30.000 y 6 millones de dólares para ayudar a sacar gente de Ucrania. El experto explicó que la cifra más alta es para grupos completos de familias que desean irse con sus bienes.

Tony Schiena, director ejecutivo de Mosaic, una firma asesora de inteligencia y seguridad con sede en Estados Unidos que ya opera en Ucrania, señaló que el precio de las evacuaciones depende de la complejidad del trabajo.

“Cuando hay más gente, el riesgo sube. Los niños y las familias son más difíciles. Todo depende de los métodos que usemos para lograr sacarlos”, apuntó.

Las misiones de Mosaic son en gran medida impulsadas por la inteligencia, más que por las armas, según dijo Schiena, un exagente de inteligencia sudafricano cuya firma incluye en su directiva a varios exfuncionarios de inteligencia estadounidenses de alto rango que están trabajando con clientes privados, corporaciones y PEP (personas expuestas políticamente) para ayudarlos a salir de territorio ucraniano.

Schiena afirmó que entre sus contratantes hay una “agencia de inteligencia de un país bastante grande” que quiere sacar a sus ciudadanos.

“Dependiendo de cómo se desarrolle el conflicto, creo que habrá una demanda constante de [CMP]. Hay una necesidad constante, y a medida que [la guerra] escale o desescale, siempre habrá algo que nos propongan hacer”, dijo Schiena.

Auge de una industria polémica. Las empresas militares y de seguridad privadas han existido durante décadas pero adquirieron notoriedad reciente durante las guerras en Irak y Afganistán después del 11 de septiembre de 2001, trabajando en nombre de los gobiernos occidentales y de intereses comerciales.

En el apogeo de la guerra de Irak, decenas de miles de contratistas privados -como los de Blackwater- operaban allí con tareas que iban desde misiones armadas como la protección de convoyes hasta alimentar y alojar tropas en bases militares.

Blackwater saltó a los titulares de prensa después de una serie de incidentes de alto perfil, incluida la muerte de 14 civiles iraquíes asesinados a tiros por sus contratistas en Bagdad en 2007.

En Europa del Este, estas compañías se han utilizado durante mucho tiempo para proteger a personas ricas y a corporaciones.

Durante la desintegración de la antigua Yugoslavia también se contrataron varias empresas para ayudar a equipar, entrenar y organizar las fuerzas bosnias y croatas, todo con la bendición de Washington.

La naturaleza de esta industria implica que es difícil rastrear el dinero que moviliza y el número de contratistas en funciones, pero es un sector en constante crecimiento.

Un informe de Aerospace & Defense News encontró que la industria militar y de seguridad privada global facturará más de US $457.000 mil millones en 2030 frente a los US$ 224.000 millones de 2020.

¿Contratistas o mercenarios? Sin embargo, los contratistas militares extranjeros dicen que no están luchando en Ucrania: dicen que están siendo contactados para ayudar a ONG y a organizaciones humanitarias allí o países vecinos que necesitan personas con habilidades especializadas y experiencia para trabajar en condiciones difíciles.

“La mayoría de los tipos que conozco personalmente que están yendo son médicos, asistentes médicos, paramédicos, enfermeros y exagentes de operaciones especiales, que son veteranos de combate”, declaró Mykel Hawke, exoficial de las fuerzas especiales de EEUU que ha trabajado como contratista en zonas de guerra.

Los contratistas occidentales se rigen por las leyes y reglamentos de sus propios países, advirtió Christopher Mayer, coronel retirado del Ejército de Estados Unidos que trabajó con CMP en Irak.

Se supone que deben proteger a las personas, los lugares o los bienes en lugar de participar en un combate directo, y muchos se enfurecen ante la sugerencia de que son mercenarios o cazadores de fortunas.

“Es el mismo tipo de trabajo que se ve en Estados Unidos y en otros lugares. La diferencia es que (tiene lugar) en áreas de conflicto, la probabilidad de tener que usar fuerza letal es mucho mayor”, dijo Mayer.
En la práctica, sin embargo, la frontera es borrosa.

“Si tienes el conjunto de habilidades para ser un contratista privado, tienes el conjunto de habilidades para ser un mercenario. No hay una línea clara entre los dos”, admitió Sean McFate, un exparacaidista estadounidense que luego se desempeñó como contratista en África y en otros lugares.

“Todo se reduce a las circunstancias del mercado y a la decisión de la persona. La gente habla de legitimidad y de quién es el cliente. Nada de eso importa. Si puedes hacer una cosa, puedes hacer la otra”, agregó.

Grandes riesgos. No obstante, la proliferación de CMP puede conducir tanto al “caos” como al bien, advirtió.

“Los mercenarios históricamente alargan el conflicto con fines de lucro. Se podría llegar a un punto a mediados de siglo en el que las personas súper ricas tengan ejércitos privados, y no sé cómo lucirá eso”, agregó.

Ejemplos de este tipo de empresas que adoptan un enfoque ofensivo ante el conflicto incluyen Executive Outcomes, con sede en Sudáfrica, que luchó en nombre del gobierno de Angola y Sierra Leona en la década de 1990.
Sandline International, con sede en Londres, participó en conflictos en Papúa Nueva Guinea, Liberia y Sierra Leona.

Y se dice que miembros de grupos de mercenarios rusos están sobre el terreno en Ucrania.

Pero Simon Mann, exoficial de las fuerzas especiales británicas fundador de Executive Outcomes y Sandline, le dijo a la BBC que la posibilidad de utilizar contratistas occidentales para misiones ofensivas en Ucrania es “altamente improbable” y plantearía cuestiones legales y organizativas complicadas.

“¿Cómo [serían] financiados? ¿Cómo [serían] comandados? ¿Dónde encajarían en el orden de batalla de Ucrania?”, se preguntó. “¿Estarían debidamente inscritos en las fuerzas armadas nacionales antes de cualquier operación? De no ser así, ¿cuál sería su posición legal? ¿Bajas? ¿Cobertura médica? ¿Seguro de muerte e invalidez?”.

Mann, que pasó varios años en prisión tras ser acusado de liderar un golpe de Estado fallido en Guinea Ecuatorial en 2004, dijo que, sin embargo, está al tanto de misiones de evacuación que cobran unos US$ 13.000 por persona, “en su mayoría organizadas por personas ligadas a CMP que casualmente tienen contactos en el terreno”.

Algunos han advertido que incluso las misiones de rescate pagadas en Ucrania podrían estar llenas de peligros tanto para los contratistas como para los clientes, y que la industria está inundada de personas que tergiversan su capacidad o experiencia.

Orlando Wilson, exsoldado británico y contratista de seguridad desde hace mucho tiempo, dijo que cree que la mayoría de las conversaciones sobre los contratistas privados en Ucrania son “basura”.

“No veo cómo la gente puede operar en Ucrania en este momento, al menos no de forma privada”, dijo. “Si te atrapa cualquiera de los bandos o una de las milicias, simplemente te tomarán como espía y eso sería todo. No sería seguro para las personas que lo hacen y no sería seguro para los clientes”, advirtió Wilson.

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