Un oficialismo que desvaría y una oposición que no se hace cargo

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Mientras aún recibimos las esquirlas internacionales del viaje “militante” del presidente Alberto Fernández, rindiendo culto, cual lacayo, a Vladimir Putin y Xi Jinping con una sobreactuación de proclamadas “relaciones carnales” con ambos regímenes, el FMI, cuyo principal aportante es el denostado Estados Unidos pide un acuerdo sustentable en el tiempo.

El memorándum, texto de entendimiento o como quiera llamarse, cuyo detalle todavía se desconoce, ya fue rechazado por Máximo Kirchner a través de su renuncia a la presidencia del bloque de Diputados, lo que es decir con el acuerdo de su madre, la vicepresidente en ejercicio de facto de la presidencia, y con el anuncio de los diputados camporistas de que repudiarán el acuerdo con el organismo internacional, y que se volcarían por la abstención al momento de votar.

Ante este panorama la oposición mayoritaria de Juntos por el Cambio, con términos referidos y voluntaristas, reclamó al gobierno “responsabilidad”, “una política de Estado”, “unificar posturas”, etc, un sinnúmero de lugares comunes como si el gobierno argentino fuera el noruego. El mismo gobierno kirchnerista que pretende y lo manifiesta, sin sonrojarse, voltear la Corte Suprema, ataca con virulencia al periodismo crítico y regala tierras del Ejército argentino (o sea del Estado Nacional) a pseudomapuches que asolan desde hace años con acciones terroristas el sur argentino. El mismo gobierno que abandona a su suerte a la incendiada provincia de Corrientes por ser gobernada por la oposición y el mismo que pretende quitarle los subsidios al transporte de colectivos en la ciudad de Buenos Aires, como subir la tarifa del gas y eléctrica por una segmentación barrial realizada por el Instituto Patria cargada de ideologismo populista y resentimiento, como si todos los barrios demarcados los habitaran únicamente ricos, cuando las atrasadas tarifas deberían subir por consumo y sin subsidios, algo de que los capitalistas amigos de las empresas eléctricas quedan exentos y reciben del gobierno nacional.

Esta sinrazón sería tan irracional e injusta como si en la Ciudad se cobrara una tasa o plus al boleto a los habitantes del Conurbano que viajan por trabajo a diario a la Capital, o si se estableciera una alcabala para todos aquellos que se atienden en los hospitales porteños y viven en el Conurbano o el interior.

Pero volviendo al acuerdo con el Fondo Monetario y a la votación que se dará en el Congreso nacional, sería inadmisible que la oposición votara por la afirmativa cuando una tercera parte del oficialismo se abstendrá en claro rechazo al acuerdo. Varias voces opositoras han expresado que no ayudarán a llevar el país al “default”, como si de ellos dependiera o fueran gobierno, cuando la votación se aprueba con mayoría simple. Una cosa es dar el quorum para su tratamiento y otra muy distinta es caer en la encerrona del gobierno, cuando este se encuentra en la puja del “ocupa”, al decir de la diputada (MC) Fernanda Vallejos, canal directo de CFK y entre los que buscan acordar con el FMI, algo necesario sin duda alguna para dar una mínima sustentabilidad a la catástrofe económica y social que vive el país.

La oposición, si gran parte del oficialismo se abstiene, debería hacer lo mismo ya que los resortes, la decisión, el acuerdo, son responsabilidad exclusiva del Poder Ejecutivo, donde la oposición no pudo ni puede agregar una coma.

Decir, como han expresado, que no avalarán una suba de impuestos cuando se habla de quita de subsidios es un oxímoron ya que esta merma es, en sus consecuencias, lo mismo que subir cargas. Nada presume que el acuerdo establezca la baja del gasto político, que no es lo mismo que el déficit fiscal o el gasto público, y todo hace suponer que traerá, con lógica de manual, aumento de tarifas, devaluación, emparejamiento de la brecha cambiaria, freno a las subas a las jubilaciones, entre otras mieses.

Gran parte del oficialismo no se quiere embarrar en la antipática decisión, pero pretende culpar a la oposición si no lo hace, y si lo apoya con su voto afirmativo, excluirse en el relato y culpar de los aumentos al vapuleado Alberto, su ministro Martín Guzmán y a la oposición.

Esta debería asumir de una vez para qué fue votada en noviembre pasado y no actuar de terapeuta emocional de la esquizofrenia oficialista. De no hacerlo, como ya lo han hecho al aprobarle por unanimidad de los votos de JXC en la legislatura bonaerense, el Presupuesto al gobernador Axel Kiciloff, que ya creó tres nuevos ministerios, un ente autárquico “cultural” que es una nueva caja y aumentó en 25.000 los empleos públicos. Es decir, más y más gasto político mientras le explota la provincia por el narcotráfico sería que la oposición asuma ser el “hombre de paja” o el actor necesario para el “dúo” del gobierno, mereciendo el rechazo de los que creyeron en ellos.

Sobre el tema el más claro fue el libertario Javier Milei, quien condena el “default” pero adelantó su voto negativo ya que sostiene que el acuerdo entre el FMI y el gobierno kirchnerista castiga a los sectores productivos, léase empresas grandes, medianas y chicas, tanto como a autónomos de clase media y media baja, premiando a los “parásitos” del gasto político.

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