¿Está creciendo el antisemitismo alemán?

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Hace 80 años, exactamente el 20 de enero de 1942, una quincena de funcionarios de alto rango de la burocracia nazi se reunía en una recoleta villa ubicada a orillas del lago Wannsee, en el extremo occidental de Berlín.

Se sirvieron bocadillos, que fueron acompañados con coñac y solo había un punto en la agenda del día: “Los pasos organizativos, logísticos y materiales para una solución final de la cuestión judía en Europa”.

Planear el Holocausto solo tomó 90 minutos, pero cuando se reunió la llamada Conferencia de Wannsee, el genocidio ya estaba en marcha.

A pesar de que han pasado ocho décadas, aún sobrecoge repasar los detalles de aquella reunión que iba a concretar con extrema crueldad y frialdad el destino fatal de los judíos en el Viejo Continente.

Las actas tomadas ese día todavía se conservan. Mecanografiadas en  quince páginas ya amarillentas por el paso del tiempo, no hablan explícitamente de asesinatos masivos. Usan frases huecas como “evacuación”, “reducción” y “tratamiento”, y dividen la tarea entre diferentes departamentos gubernamentales y sus “especialistas pertinentes”.

La lectura de esas páginas provoca escalofríos. El protocolo usa un lenguaje deliberadamente evasivo, que, no obstante, revela la lista de países —la mayoría de ellos ocupados por la Wehrmacht—, donde Adolf Hitler y sus secuaces iban a actuar, y el número de judíos que planeaban matar. El objetivo era exterminar a 11 millones de personas, aproximadamente la población total de Portugal.

En particular, se exponían las medidas tomadas contra los judíos hasta el momento. Se hacía un recuento de los judíos que quedaban bajo control del Eje, Europa neutral y enemiga (se prevé tener 11 millones de judíos bajo control alemán); se abordaba de forma inconclusa el tema de qué hacer con los parcialmente judíos y con los judíos con condecoraciones militares o casados con no judíos.
 
La conferencia fue convocada por Reinhard Heydrich, el poderoso jefe del servicio de Seguridad y de las SS, a quien Hermann Göring, la mano derecha de Hitler, había encargado por escrito, ya en julio de 1941, que se coordinara con otros departamentos gubernamentales y ministerios como el de Interior, Justicia y Asuntos Exteriores. En la reunión, Heydrich enfatizó que, una vez llevado a cabo el proceso de deportación de los judíos, el destino de los deportados se convertiría en un asunto interno bajo control de las SS.

Poco a nada se sabría de aquello hasta 1947, cuando apareció el protocolo. Los propios participantes habían negado hasta entonces su implicación. El documento, en palabras de Mark Roseman, historiador inglés especialmente interesado en el Holocausto, representa “la declaración más emblemática y programática de la forma nazi de cometer un genocidio”. Roseman es el autor de un libro sobre esa tenebrosa reunión.

El Holocausto, dice Roseman, “es el asesinato en masa mejor documentado de la historia”. Seis millones de muertos. Pero el relato sobre las decisiones de matar a los judíos todavía está en proceso de construcción y es posible que nunca se complete. Muchos registros fueron destruidos; muchas órdenes sobre asuntos judíos no se pusieron por escrito (las de Hitler, nunca, dice Roseman); muchos participantes murieron antes de que pudieran rendir cuentas; de los que sobrevivieron para declarar en los juicios, la mayoría mintió.

El antisemitismo sigue vivo. En cualquier caso, el recuerdo del 80º aniversario de la Conferencia de Wannsee tiene, además, un significado especial en estos momentos porque el antisemitismo y la ideología de la supremacía blanca están resurgiendo en Europa y Estados Unidos, junto con los ataques contra el pueblo judío y las minorías étnicas.
 
Cada vez son más habituales los ataques a sinagogas, como el ocurrido el pasado 15 de enero en Texas, cuando un hombre armado tomó rehenes  dentro de una congregación judía que celebraba el sabbat. El supremacismo estadounidense también ha despuntado en los últimos años gracias a la degradación populista propiciada por la Administración de Donald Trump.

En Alemania, los mensajes xenófobos y antisemitas aumentan de fuerza y amplitud, animados por el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD). A mediados del año pasado miles de manifestantes se agolparon en las calles de varias ciudades alemanas, lanzando insultos no solo contra el Estado de Israel sino también contra los judíos en general, y utilizando consignas antisemitas demasiado viles.
 
Según un estudio sobre autoritarismo realizado por la Universidad de Leipzig, la xenofobia ha disminuido en Alemania, pero sigue existiendo a niveles preocupantes, especialmente en el este del país. En lo que solía ser Alemania Occidental disminuyó del 21,5 al 13,7% de la población entre 2018 y 2020. En la difunta República Democrática Alemana, anteriormente comunista, disminuyó del 30,7% a un nivel todavía desalentador del 27,8%.
 
Y el antisemitismo, manifiesto o sutil, sigue estando desconcertantemente generalizado entre la población alemana. Así, preguntados si, incluso hoy, los judíos tienen demasiada influencia, el 35% de los encuestados respondió que estaba mayormente o parcialmente de acuerdo (44% en el este, 33% en el oeste). Y el 80% considera que se debería hablar de hechos actuales, no de cosas que sucedieron hace más de 70 años.
 
Incluso si los prejuicios entre los alemanes étnicos se mantienen estables o disminuyen, sus manifestaciones se han vuelto más violentas. Muchos judíos afirman que se sienten menos seguros en Alemania. El incidente más impactante, ocurrido en la festividad judía del Yom Kipur o Día de la Expiación en 2019, fue un intento de masacre perpetrado por un supremacista blanco en una sinagoga situada en la ciudad oriental de Halle. No pudo derribar la puerta atrancada del tempo, pero luego disparó al azar a una mujer y un hombre en otro lugar.

Quizás toda esta creciente tendencia antisemita se deba a que se ha extinguido o mitigado con el paso del tiempo el período de expiación del pueblo alemán por las atrocidades perpetradas en el campo de exterminio de Auschwitz, emblema de un crimen nacional cometido y/o tolerado entonces.

* La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Sputnik News, donde fue publicada este columna originalmente

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