Cuando el pueblo agota su paciencia…

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Producidas las elecciones legislativas del 12 de noviembre, en las que el gobierno de Alberto Fernández perdió de manera contundente en todo el país, aunque es cierto que por una ventaja mínima en la fallida provincia de Buenos Aires, la oposición, o la fuerza más numerosa de Juntos por el Cambio (JxC), parece que en lugar de escuchar a sus votantes, y asumir con responsabilidad y aplomo la victoria, se enredó apenas apagadas las luces del triunfo en una disputa de protagonismos, egos y miserabilidades de cara al lejano 2023.

Vale recordar que el eterno diputado nacional y actual jefe del interbloque de JxC, Mario Negri, derrotado en las PASO de manera clara su Córdoba natal, clamaba a los cuatro vientos en plena campaña que estábamos “a siete diputados de Venezuela”, expresando con dramatismo qué se jugaba en la elección de medio término.

Rechazado el mamarracho invotable del Presupuesto 2022 enviado por el Poder Ejecutivo, los opositores llevaron al recinto un proyecto de ley sobre impuestos confiando que tenía los votos necesarios para aprobarlo. La grotesca votación, que el oficialismo ganó por un voto e implicó la suba de bienes personales, es decir más impuestos para las arcas del gobierno, sucedió porque una diputada de Cambiemos Gabriela Brouwer (vinculada al bloque radical “opositor” de De Loredo), vacacionaba junto a su familia, el ratón Mickey y el pato Donald en Disney; otro diputado del PRO, Álvaro González, muy cercano a Horacio Rodríguez Larreta, un experimentado legislador que supo ser presidente de la comisión de Presupuesto en la Legislatura porteña y vicejefe del bloque del PRO en la Cámara baja durante la gestión de Mauricio Macri, se encontraba en Berlín por el casamiento de su hija; la tercera diputada faltante tenía Covid, lo que la exime de culpas, pero no se le permitió votar vía Zoom cuando por más de año y medio lo hicieron ambas cámaras. ¿Negligencia, mala praxis, idiotez o una sesión “entregada” al oficialismo?, nos preguntamos, porque Negri, Ritondo, de Loredo, López, y demás titulares de los múltiples bloques que conforman JxC hoy, no pueden ser tan ineficientes a la hora de convocar a una sesión sin la contabilidad de los votos propios y sin la seguridad de estar en condiciones de ganarla. Primer regalo para el kirchnerismo.

En el Senado, la votación se realizó sin quorum reglamentario en el horario estipulado, lo que fue denunciado por el senador Alfredo Cornejo (UCR-Mendoza), por lo que fue judicializada la sesión que terminó con la aprobación de la suba de bienes personales por el voto de una legisladora riojana,que posó sus asentaderas fuera de tiempo. Segundo regalo.

A los pocos días, en la Legislatura bonaerense y en trámite “express”, se dio luz verde en Diputados a la reelección de intendentes, algunos con cinco mandatos ya, favoreciendo a más de 38 de JxC de un total de 90, más algún partido vecinalista y el resto del Frente de Todos, fuerza que se vio favorecida en un 80% en el Conurbano bonaerense. En la votación sólo once de 41 diputados de Juntos se opuso a derogar la ley sancionada durante el mandato de María Eugenia Vidal.

El argumento burdo y tramposo fue que muchos intendentes cometían la avivada de acceder a la licencia o renunciaban antes de finalizar el mandato para así sortear la norma, que impedía la reelección luego de dos mandatos. La reglamentación promovida por la exgobernadora, y apoyada por Sergio Massa, tenía un error (¿involuntario?) en la reglamentación que permitía los atajos y triquiñuelas de los barones del Conurbano. Esto se hubiera subsanado con la promulgación de un nuevo reglamento que corrigiera o modificara el original, algo que no sucedió.

Explícitamente la voluntad del kirchnerismo y de los que avalaron desde la oposición fue saltar la valla y habilitar una reelección más de los jefes comunales. Hablemos claro, en muchas intendencias, sobre todo en el Gran Buenos Aires, además de la caja de la obra pública y los impuestos se suma el manejo del juego, la prostitución y, en algunos casos, la droga. Sin dudas, una catarata de dinero que ingresa a las arcas municipales por la alcantarilla.

Tercer regalo, en este caso compartido entre oficialismo y oposición, ésta a contrapelo de los votos que obtuvo en la reciente elección.

Al elenco gobernante se le suma hoy la bolsa de gatos que es JxC, con el radicalismo dividido y donde figuras como Patricia Bullrich (quien solicitó sanciones para los diputados Brouwer y González en la mesa interpartidaria y perdió por uno a 14 votos); López Murphy, Pichetto y algunos más tienen posturas más cercanas a los ultraliberales de Milei, Espert e, inclusive, a los peronistas federales o al propio Randazzo, que hasta el momento mantiene su rol de opositor, frente a otros sectores del exCambiemos, siempre con la boca abierta para recibir los chupetines de madera que les da el kirchnerismo o que siempre expresan su voluntad de “diálogo” con el oficialismo, sabiendo que este juega siempre con cartas marcadas. En los casos mencionados en el Congreso Nacional y en la Legislatura bonaerense, ese “dialogo” se trocó sin tapujos en el último mencionado, por lo menos, en una componenda corporativa de la política, traicionando a sus votantes y dilapidando en siete días el triunfo electoral del pasado noviembre, sin sanciones ni definiciones concretas. “Res non verba” (“Hechos, no palabras”, decían los romanos, y acá de hecho sólo ha habido palabras conducentes a la nada.

El país sufre y queda demostrado con los hechos que unos como otros, salvando excepciones, que las hay, repelen la idea de la alternancia en el poder, piedra basal de un sano sistema republicano. Ejemplos de gobernadores, sindicalistas e intendentes eternizados en sus feudos no necesitan mayor explicación. Del kirchnerismo no sorprende a nadie, porque lo han hecho manifiesto siempre, pero sí de aquellos que se llenaron la boca con palabras (“Verba, non res”) como republicanismo o frases como no a la suba de impuestos, mejora de la institucionalidad, freno al avasallamiento del Congreso, etc.

El deseo de Cristina Kirchner (a Alberto F. no lo contamos), parece que ha comenzado a cumplirse, al sostener, para expurgar sus propias culpas, que todos somos iguales.

Sea por olfato, intuición, concepción intelectual o mero convencimiento, la frase de campaña de Javier Milei y Victoria Villarruel al referirse a la “casta política”, como un ingrediente más de la Argentina prebendaría y corporativa, se ha hecho carne en la gente y los medios, y se demuestra en los recientes entuertos esta componenda política entre oficialismo y oposición, como lo señalara hace unos días el periodista Carlos Pagni al sostener que “en los sótanos del poder la grieta no existe”.

Esta entente ha llevado a muchas muestras de desagrado por parte de votantes de la oposición, traicionados en su intención. No por azar algo ya se vislumbró cuando los candidatos libertarios, tanto en Provincia como en la Ciudad, tuvieron una resonante elección, como la tuvo la izquierda trotskista, hoy tercera fuerza a nivel nacional.

En un país descalabrado, con 50% de pobreza, 17% de indigencia, delincuencia desatada, pseudomapuches violentos tolerados sino apañados desde el poder, sin moneda ni crédito externo, marginado a nivel mundial, con una clase media cada vez más pauperizada, agobiada por impuestos cada vez más abusivos, estos turbios entuertos entre las principales fuerzas políticas sólo llevan a fortalecer al gobierno, vapuleado por ineficaz, derrotado electoralmente, repetimos, y a poner a una oposición en una situación de inviabilidad para ser alternativa de poder en 2023.

Si esta realidad continúa o se profundiza, parecería que el sistema republicano desde la llegada de la democracia en 1983 ha fracasado con un evidente divorcio entre la clase política y la sociedad.

Cuando esto sucede, o se asienta y asume con fatalismo la desesperanza irremediable, o por una vía u otra se produce un quiebre y la sociedad estalla haciendo pública su indignación.

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