15-N, el comienzo del largo e incierto camino al 2023

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En los últimos días y seguramente, hasta el 14 por la noche, periodistas, analistas políticos y opinadores variopintos plantearán como será el devenir del país a partir del día 15, luego de la casi asegurada derrota electoral del oficialismo, similar a la de las Primarias o con un resultado aún peor.

La respuesta no puede ser única pero sí vislumbramos que todas las opciones están sobre la mesa: desde una andanada del kirchnerismo contra Alberto Fernández, haciéndolo único responsable de la caída, tal como sucedió en agosto, revoleando ministros por el aire y buscando la radicalización del gobierno -algo que está en la esencia y en la necesidad personal de Cristina Kirchner y sus acólitos-, hasta una crisis institucional de proporciones  donde choquen gobernadores, intendentes y sindicatos peronistas por el solo espíritu de supervivencia en el naufragio contra el gobierno cooptado y seguidor de las órdenes y políticas del kirchnerismo y su jefa, buscando apuntalar a Fernández en su “despegue” para afrontar el vendaval interno que se le vendrá encima.

La incertidumbre sobre esta alternativa radica primero en si el presidente tiene esta voluntad; y en segunda instancia, en si es lo que quiere dar. Creemos, como ha sucedido hasta el presente que ni lo desea ni lo puede afrontar, tal es su descrédito y el deshilachamiento de su figura, tanto para propios como ajenos, que sólo podrá permanecer, como lo viene haciendo, acatando a su progenitora política, cumpliendo el rol de ser un “reversible” con permanencia.

Si a este marco le sumamos la inflación, la volada del dólar (según la portavoz presidencial Gabriela Cerutti, una moneda inexistente), la pobreza en alza, la inseguridad alarmante, la estampida de la inversión privada, nos hace prever un panorama más que sombrío, con dos años por delante donde la única certeza es la incertidumbre.

La Argentina ha sumado un fracaso profundo en su largo historial de frustraciones que hacen de éste, pandemia de por medio, algo  perturbante que interpela a toda la dirigencia nacional, no sólo a la política. El paso inocuo e intrascendente por el G-20 y la Cumbre Climática de Glasgow, que tuvo como estrella globalista a la militante Greta Thumberg, y que nada aportó al país del mundo desarrollado, frente a la política oficial que se fotografía en “familia” con  Evo Morales, arribado al país en un avión de la petrolera venezolana PDVSA, junto al residente en Bélgica y prófugo de su país, el ecuatoriano Rafael Correa, y que expresa que se reconocerán las elecciones en Nicaragua, una farsa grotesca de la dupla Ortega-Murillo, hacen que el mundo -ni bueno ni malo pero sí el que decide- nos haya colocado en el casillero del más atávico y retardatario atraso, no sólo en lo económico y político sino en el rubro de esos países que conforman un mosaico de jarrones chinos.

Si el 15 de noviembre, o a partir de allí, puedan sucederse situaciones complejas para la institucionalidad, puede ser, aunque la derrota complique aún más a Cristina, que dejará de ser, a su pesar, el eje central tanto de oficialistas como opositores, siendo que ambos buscaron tenerla presente durante el gobierno de Mauricio Macri, como lo ha hecho ahora el oficialismo, subiéndolo al ring al expresidente.

Quizás la crisis que sobrevenga deje a ambos, mal que les pese, en las periferias, ocupando el escenario central nuevos actores, tanto en el peronismo como en la también heterogénea oposición. En esta destaca el surgimiento de figuras como Javier Milei, que no debería ser ninguneado por oficialismo y oposición, algo en que parecen coincidir ambos; más figuras ya establecidas como Ricardo López Murphy.

La bronca, la desazón, la desesperanza se han apoderado de vastos sectores más allá del plan “platita” con su indecoroso canje de heladeras, bicicletas, etc., por un voto, que  pareciera no haber tenido el resultado esperado. Una porción de los votantes lo ha hecho sentir en las PASO, que repetirá seguramente el próximo domingo, cuestionando a la política como no se veía desde 2001.

Podemos errar en el análisis pero el cambio de clima y la demanda ciudadana se palpita en diversos ambientes y en la calle, siendo transversal a muchos sectores de la sociedad. Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Facundo Manes y Gerardo Morales, entre otros, han manifestado su voluntad presidencial, algo que no ocurre dentro del peronismo aún, salvo el sector que promueve a Juan Schiaretti. Pero, para esa elección presidencial del 2023 falta un largo, sinuoso y estrecho camino al borde del abismo.

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