La tremenda tragedia de Elisa Brown

Fecha:

Compartir

La historia se cruza aquí con algunos mitos urbanos, que son desmentidos por al autor. La hija del Almirante y su sino.

El almirante Guillermo Brown contrajo matrimonio el 29 de julio de 1809 con Isabel Chitty, él irlandés y católico y ella inglesa y protestante. Según la tradición esa diferencia religiosa fue superada, lo que demuestra una avanzada del ecumenismo ya que la boda se celebró por ambos ritos. Además se prometieron que sus hijas serían protestantes y sus hijos, católicos, lo que respetaron. Ella se quedó en Inglaterra y su marido siguió sus navegaciones y en ese tiempo nació el 31 de octubre de 1810 la primogénita de la pareja, a la que llamaron Elisa.

La vida de la muchacha en Buenos Aires, cuando la familia se instaló, tuvo como escenario la famosa quinta de Barracas. Tenía apenas 16 años cuando se comprometió con el marino británico Francisco Drumond, que revistaba en la flota al mando de su padre en tiempos de la guerra con el Imperio del Brasil. El joven oficial murió heroicamente en abril de 1827, después de tres horas de agonía. El almirante Coe afirmó que le dijo: “Querido Juan, se me nubla la vista. No veré las montañas de Escocia. Este reloj es para mi padre y este anillo es para Elisa. Dile al almirante que he cumplido mi deber y muero como un hombre”.

A su vez, Brown, en sus Memorias, afirma que expresó: “Digan al almirante que he cumplido con mi deber y muero como un hombre”.

Muchos autores, siguiendo a Pastor Obligado, afirman que ella se suicidó a los pocos días vestida de novia, enloquecida por la desaparición de su amado, lo que forma parte de esos mitos urbanos que abundan. Nadie duda del dolor de la muchacha y de la depresión, sin embargo lo cierto es que murió a las 5.30 de la tarde del 27 de diciembre de 1827 al tomar un baño en el Riachuelo, cuando cayó en un pozo. Iba acompañada por su hermano menor Eduardo.

Era la primogénita, los ojos del almirante: “Bonita y agraciada, era de mediana estatura, con un alargado perfil blanquísimo, iluminado por ojos azules heredados de su padre, de hermosa mirada y una larga cabellera que caía en bucles”, la describieron.

La Gaceta Mercantil y el British Packet dieron a conocer la noticia de su muerte y una crónica de los funerales, que fueron “un espectáculo impresionante”. Apunta una nota que “era general el pesar y las condolencias por la desgracia tan inesperadamente recaída sobre el almirante y su familia y demostró el sincero afecto que nuestro héroe ha despertado”. Casi cuarenta carruajes siguieron al coche fúnebre, “que conducía los restos de un ser tan joven y amable a su última morada”. El coche del gobernador, el de lord Ponsonby y el del cónsul general británico integraban el cortejo. “Dos caballeros ingleses se preocuparon por mantener el orden y el arreglo de la procesión. La asistencia de público fue considerable, de ‘hijos del país’, británicos, norteamericanos y otros. El ministro de guerra, Balcarce, el de marina, Irigoyen, el comisario general, Goyena, y los funcionarios de esa repartición asistieron con uniforme de gala, así como los capitanes Fournier, Granville y otros oficiales navales; el inspector general Rondeau, el coronel Ramírez y otros oficiales militares estaban también de uniforme, el capitán Coe, así como un grupo de civiles, vestían sencillo atavío de luto”.

“El día del terrible accidente, el almirante Brown parecía más alegre que de costumbre y, por la tarde, se embarcó. El capitán Irigoyen despachó una carta, sin mencionar las circunstancias exactas, informándole que un accidente había ocurrido a una de sus hijas. Esto, de alguna manera, preparó su mente para algo grave, pero sólo cuando llegó a su casa, a medianoche, conoció la magnitud de su pérdida. La impresión que esta desgracia causó a un padre tan afectuoso puede ser concebida pero no descripta, así como el sufrimiento de la perturbada madre. Todo lo que la amistad podía ofrecer le ha sido brindado desde ese día fatal; los amigos han llenado la casa para llevar sus condolencias y consuelo”.

La crónica agregaba: “El miércoles pasado el almirante vino a la ciudad y en el curso de la mañana fue a bordo de la escuadra. Vestía luto riguroso y su semblante que revelaba su ‘mudo dolor’, afectó profundamente a todos aquellos que aprecian sus muchas virtudes”.

La corta vida de la muchacha y el drama de sus últimos días fueron llevados a las tablas por Ulises Petit de Murat y Homero Manzi en la obra “La Novia de Arena”.

Los restos de Elisa fueron sepultados en el cementerio protestante ubicado al lado de la iglesia del Socorro, donde estaban también sepultados los de Drumond. Hoy ella descansa junto a los de su padre en una urna en el cementerio de la Recoleta.

* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación. Miembro Académico del Instituto Nacional Browniano

Compartir

Últimas noticias

Suscribite a Gaceta

Relacionadas
Ver Más

A 30 años del inicio de las relaciones diplomáticas entre Croacia y Argentina

En la Usina del Arte, la velada musical contó con la participación de las Klapas Valovi y BA, las orquestas de los jóvenes católicos croatas Legenda y Jorgovan.

Llega “La noche de las embajadas”: cuándo y cuáles se podrán visitar

La Cancillería abrirá sus puertas junto a 16 legaciones extranjeras para recibir a visitantes con el fin de fomentar el intercambio cultural y acercar la diplomacia a la gente.

Lecturas. Un viaje -necesario- a la “universidad de las catacumbas”

El próximo 7 de diciembre se presenta "La universidad de las catacumbas - Filosofía y Letras en dictadura", de María Eugenia Villalonga, una obra clave para entender un momento visagra de la historia contemporánea de la Argentina.

Última sesión del año de la Academia Browniana

El doctor Javier González disertó sobre “Toponimia y ficción literaria en el viaje de Magallanes”.