Suben algo las tasas de plazos fijos, pero gana el ladrillo

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Los créditos hipotecarios siguen siendo una quimera, todavía. En la superficie no hay movimientos, pero no parece que esto vaya a durar mucho tiempo.

Con el dólar planchado, el euro en crisis y los bonos y acciones sujetos a vaivenes constantes, decidir dónde poner los ahorros no es una tarea sencilla por estos días.

Pero una luz empezó a encenderse para los inversores más conservadores, que continúan apostando a la colocación más tradicional en los bancos locales: el plazo fijo bancario.

En las últimas semanas, la tasa de interés que pagan las entidades a quienes depositan más de un millón de pesos (la BADLAR, que se toma como referencia para las demás) se despertó del letargo en que estaba sumida desde el año pasado. Igual sigue lejos de ofrecer la rentabilidad del 15% en dólares que obtuvieron en el último año quienes se compraron un dos ambientes en algunos barrios “vedettes” de la Capital y simplemente esperaron.

Según los últimos relevamientos del Banco Central, la tasa BADLAR a 30 días ya superó el 10% anual. Al 3 de julio llegó al 10,2% en promedio y al 10,5% en bancos privados, cuando era de menos del 9% a principios de año. La tasa minorista es un punto menor, pero acompañó la suba. Y los gerentes financieros de los bancos aseguran que llegará al 12% antes de septiembre.

Pese al incremento, la tasa no llega a la mitad de la inflación real prevista para este año. Ni a la devaluación esperada, del orden del 12 al 13 por ciento. Por eso la pasión de los argentinos por el dólar -casi tan fuerte como la que despiertan Maradona o la Selección- sigue vigente, y por eso las colocaciones en verdes crecieron un 40% en el último año frente a un 20% de las nominadas en pesos. Todo a pesar de que esos plazos fijos rinden apenas el 0,5% anual, casi lo mismo (nada) que una caja de seguridad.

¿La posta? La economía real. Claro que poner un bar o una fábrica no es para cualquiera que tenga plata. Por eso la alternativa más atractiva siguen siendo los inmuebles, y por eso la mitad de los departamentos vendidos en los últimos meses en la ciudad de Buenos Aires fueron de uno o dos ambientes. Su destino lógico: el alquiler, que rinde el 0,5% mensual.

La consecuencia de que la gente con dineros ahorre en ladrillos es el encarecimiento de la vivienda para los no pudientes. Para frenar la tendencia, el Gobierno ensayó varios planes de subsidio a los créditos hipotecarios, pero por ahora no alcanzó. Haría falta otra alternativa más atractiva, que por ahora no ve la luz.

En alguna oficina gubernamental le están buscando la cuadratura al círculo. ¿Nuevos anuncios en puerta?

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